Mandarinas
Andrés Quintero M7.5
Humberto Santana S7.5
7.5Muy buena
Puntuación de los lectores: (1 Voto)
10.0

TÍTULO ORIGINAL:Mandariinid (Tangerines)

AÑO: 2013

DURACIÓN: 83 min

GÉNERO: Drama

PAÍS: Estonia

DIRECTOR:Zaza Urushadze

ESTRELLAS: Lembit Ulfsak, Giorgi Nakashidze, Misha Meskhi, Elmo Nüganen, Raivo Trass

Mandarinas es una muy sensata película sobre la enorme insensatez de la guerra. Zaza Urushadze, su director, se vale de un marco sencillo y austero para transmitir un mensaje claramente pacifista que en ocasiones pareciera lindar con la ingenuidad. La idea central es la de poner a convivir bajo un mismo techo, al cuidado de un viejo y su amigo, a dos representantes de los bandos en conflicto. Explica el asunto, el hecho circunstancial de estar ambos heridos como consecuencia de un enfrentamiento en la inmediaciones de las casas de quienes, dedicados al cultivo de mandarinos y a la confección de las cajas para la guarda de sus frutos, ahora se han convertido en sus guardas y enfermeros. Con esta reducción doméstica de la confrontación lo que se quiere, y así se adivina desde un principio, es poner de presente que antes que la defensa de banderas, tierras o ideologías, está el hecho de que los combatientes siempre son, hermanados entre sí por eso, simples seres humanos.

mandarinas aficheCuando, como en el caso colombiano, se ha vivido prácticamente toda la vida bajo un estado contenido de guerra permanente, es inevitable tener un enorme escepticismo hacia cualquier miramiento, combativo o pacifista, que se quiera presentar como garantía del cese total de la confrontación. La permanencia de la guerra y su adhesión a nuestra forma de vida, nos han llevado a entender, si es que esto pudiera ser considerado un verdadero entendimiento, que la paz no es el resultado emotivo y armonioso de un darnos cuenta de nuestra compartida humanidad sino, mas bien, una condición negociada para el mejor manejo de las profundas diferencias que nos marcan. Quizás sea esta costra la que nos impida recibir, con su certera modestia, el llamado conciliador de Mandarinas.

Pero como siempre una cosa es, descontextualizado de su forma de transmisión, el mensaje y otra, ligada pero a la vez diferenciada, esa forma de transmisión, ese conducto o canal de expresión que se emplee para llevar dicho mensaje. En esto último, que es el factor clave para medir la calidad de una película, Mandarinas es sobresaliente. Su lenguaje visual, austero y simple, nos ubica en uno de esos lugares que puede quedar en cualquier parte del mundo y en el que sus anónimos habitantes batallan cada día por una supervivencia elemental. Es en este parco ambiente en el que, en tono de contraste, Urushadze lanza su juicio contra la sinrazón de la guerra. Lo hace a través de unos personajes sencillos que por distintas razones se desplazan, verbal, física y anímicamente, con la misma lentitud que transmite el paisaje. Lo que logra el director estoniano es hacer una película sobre la guerra sin apelar al juego, tantas veces perverso, de buenos y malos. Acá todos, cuidanderos y cuidados, son buenos pero no es la suya esa malentendida bondad de la caridad samaritana sino aquella otra bondad, menos bella pero más auténtica, que enseña que sin el otro, por diverso que sea, no es posible alcanzar el escurridizo sueño de la felicidad.

Mandarinas no es estrepitosa ni grandilocuente. Ni siquiera es, al menos no en el vibrato al que el cine nos ha acostumbrado, conmovedora. Es básica pero en todo caso útil y bella como las cajas de madera que fabrica el viejo Ivo para la guarda de las mandarinas.

Sobre El Autor

Andrés Quintero M.
Dirección Distinta Mirada

Dirección Distinta Mirada

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