Manchester junto al mar
Humberto Santana9
LO MEJOR
  • La dirección, las actuaciones, la contundencia que consiguen
LO MALO
  • Nada
9Excelente

TÍTULO ORIGINAL: Manchester by the Sea

OTROS TÍTULOS: Manchester frente al mar

AÑO: 2016

DURACIÓN: 2h 17min

GÉNERO: Drama

PAÍS: Estados Unidos

DIRECTOR:  Kenneth Lonergan

ESTRELLAS: Casey Affleck, Lucas Hedges, Michelle Williams, Kyle Chandler

 

Al salir de ver la película queda la sensación, más bien la convicción, de que todos en Manchester junto al mar (su director y guionista Kenneth Lonergan, y todos los actores, por pequeño que sea su papel o por corta que sea su edad) conocen profundamente la vida. Pareciera que solamente así podrían lograr plasmar juntos el retrato de un trozo de vida y de la naturaleza humana de una manera tan tangible, tan fiel.

Una de las claves es que los personajes se cimentan pacientemente, no solamente mediante los grandes hechos que marcan sus vidas y la historia que se narra, sino a través de la minuciosidad de los detalles, de su día a día, de una forma que acerca, profundiza y jamás cae en la redundancia. Casey Affleck, en el papel principal de Lee, es sin duda la actuación masculina más sobresaliente del año, pero existe un balance con los demás personajes, todos excelentemente interpretados, que permite que el espectador se conecte con el realismo de la historia sin distracción alguna. La fuerza de los personajes es tal que inclusive un papel con pocos minutos de metraje, Kyle Chandler interpretando a Joe el hermano de Lee, tiene una presencia tan clara y decisiva en la historia que termina siendo una pieza fundamental en todo lo que la película quiere transmitir al espectador. Michelle Williams en su papel de Randi, la ex esposa de Lee, tiene un efecto igualmente determinante.

Pero -quizás por su juventud- es probablemente Lucas Hedges (Patrick, el sobrino de Lee) quien más sorprende, convirtiéndose en el segundo eje gravitacional de la película al lograr un personaje con una empatía arrolladora que se conecta inmediatamente con el espectador. Absolutamente merecida su nominación como mejor actor de reparto a la próxima edición de los premios Oscar.

La tragedia es una de las fuentes predilectas en el drama, la aflicción profunda de la pérdida y la esperanza de redención son un leitmotiv alrededor del cual han girado grandes películas, y Manchester by the sea es una de ellas. La dirección de Kenneth Lonergan logra un producto final libre de cualquier exceso, perfectamente balanceado, completamente alejado de manipulaciones, evitando inclusive al máximo los momentos característicos (y muchas veces bien logrados en otras películas) de emotividad que suelen tener las películas del género dramático. La modestia de su estilo es elegante, inteligente, exigente, aporta solidez y, en últimas, es tremendamente contundente.

Es verdad que Manchester junto al mar tiene la tragedia como eje, pero si bien explora con una profundidad admirable muchas de las emociones asociadas, como el dolor, la ira, la impotencia, la apatía y la desesperanza, nos impulsa el presentir que los fragmentos después de la ruptura devastadora parecen mantenerse aún invisiblemente unidos -como la vida misma- por la familia y los amigos, por la solidaridad, por la compasión, por el amor, por la generosidad que solo un hermano o un verdadero amigo puede llegar a tener. Si este pegamento en su estado de fragilidad será suficiente o no, es uno de los elementos que atrapan al espectador e impulsan la película.

Uno de los aspectos que llama la atención es que en medio de este invierno que parece haber existido siempre, en medio de lo gris y de lo sombrío, el humor está siempre presente. Su perfecto uso (sobrio eso sí) es quizás un mensaje de que cabe en todos los momentos de la vida, de que el humor en los momentos difíciles es probablemente un catalizador indispensable para sobrellevarlo todo, y para la esperanza.

Lonergan (o quizás se deba al género dramático mismo?) opta por un desarrollo pausado de la historia, pero contrasta brillantemente con la intriga con la cual se lleva la narración, haciendo que la película capture la atención sin descanso; es realmente absorbente. Y parte del genio del director radica en que quizás, en medio de lo atrapante del drama, se sienta en algunos puntos que no se sabe para dónde va todo, solo para que, súbitamente y casi sin darnos cuenta, estemos ya en ese lugar al que su director nos quería llevar, ese lugar loable y al mismo tiempo gratificante como experiencia cinematográfica.

 

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