Magical girl
Andrés Quintero6.5
LO MEJOR
  • La dirección de Carlos Vermut: arriesgada, polémica e innovadora
  • La ambientación y la fotografía. Sobriedad inquietante
LO PEOR
  • Una historia con cabos sueltos que en lugar de inquietar, confunden.
  • Unas actuaciones y unos personajes desprovistos de alma.
6.5Interesante

MAGICAL GIRL AFICHETÍTULO ORIGINAL: Magical girl

OTROS TÍTULOS: La niña de fuego

AÑO: 2014

DURACIÓN: 127 min

GÉNERO: Drama, Thriller

PAÍS: España

DIRECTOR: Carlos Vermut

ESTRELLAS: Luis Bermejo, Bárbara Lennie, José Sacristán, Israel Elejalde, Lucía Pollán

MMagical girl es una de esas películas que despierta, con una que otra posición intermedia, reacciones opuestas.  Así como hay quienes ven en ella una pieza maestra, también están los que la consideran un montaje vacío y pretencioso.  Los primeros no se cansan de elogiar la genialidad de su director y guionista Carlos Vermut, comparándolo con grandes transgresores como Fritz Lang, Godard o David Lynch. Los segundos, en cambio, sin descalificar a Vermut consideran que en este, su último trabajo, el director madrileño se recostó en la nada para contar una historia llena de cabos sueltos que comienzan intrigando para luego terminar, por su falta de resolución, incomodando.

Ni tan poco que no alcance siquiera a alumbrarlo, ni tanto que termine quemándolo. Mucho que elogiar y no poco que criticar. Hay que empezar diciendo que la forma como está hecha Magical girl,  denota destreza, sensibilidad y, en el buen sentido de la expresión, que su director tiene una tuerca suelta. La puesta en escena de Vermut es inquietante y, por sobria y limpia, elegante. La cámara sabe estar, la música impacta cuando debe y las actuaciones responden a un clima que se debate entre la tensión y la permanente contención. Lo que resulta de todo lo anterior es una pieza con una estética propia y con un ritmo innovador, distinto al del thriller tradicional. Incluso a veces contra su voluntad, Magical girl logra que el  espectador la acompañe de principio  a fin, aún con el resquemor que provoca una  trama que se complace en dejar, y más de una, preguntas sin contestar. Si lo anterior es lo positivo de Magical girl, su otra cara, no atractiva para todos,  es la historia que cuenta y la forma como es contada. Veamos.

Luis (Luis Bermejo) es un profesor desempleado que ve por los ojos de su hija Alicia (Lucía Pollán), devastada  por una leucemia. Cuando se entera que la niña quiere el vestido de Yukiko, personaje animado de una serie japonesa, Luis decide comprárselo y para ello llegará, por su altísimo precio,  hasta donde sea necesario. En este caso y por un incidente totalmente fortuito, su búsqueda, más cerebral que desesperada, lo lleva a chantajear a una mujer, Bárbara (Bárbara Lennie)  a la que vio y con la que se acostó una sola vez. Para que el  esposo de esta  no se entere del fugaz adulterio y para evitar el naufragio de un matrimonio que ya venía en zozobra, Bárbara se hará al dinero que le pide su extorsionista acudiendo, no por primera vez,  a una amiga que con altas dosis de sofisticación y aberración maneja el negocio de la prostitución. Este seré el inicio de un contacto turbio y enfermizo que terminará triangulándose con la aparición de Damián (José Sacristán), un viejo conocido de Bárbara y al que esta le pide ayuda.

No es, como pudiera pensarse,  lo enrevesado de la historia lo que impide un buen contacto con ella. A mi juicio o, mejor, para mi gusto, la falla de Magical girl está en los muchos cables que la historia va dejando desconectados; el desconcierto que produce viene de su desinterés, quizás justificado por otras premisas estéticas o narrativas,  por cuidar la historia y sus claves de entendimiento. No se trata de que una historia, para estar bien contada,   tenga que ceñirse al formato clásico de introducción, desarrollo y desenlace, pero sí que alcance y transmita coherencia y   consistencia y, especialmente, que su destinatario sienta ese efecto envolvente de una historia convincente y próxima que se hace, sentida y emocionalmente, cierta.

MAGICAL GIRL SECUNDARIA

Sin perjuicio de realzar sus aspectos positivos y dejando a buen resguardo la genialidad de Vermut,  Magical girl sacrifica la esencia simple de lo que es contar una buena historia por privilegiar una forma narrativa innovadora. Es comprensible y totalmente positivo que Vermut, a sus treinta y cinco años, quiera romper moldes y trazar su propia línea.  Lo que pasa es que  ni el ánimo vanguardista de innovación, ni la mera aplicación a una determinada labor, aseguran pos sí solos un trabajo perdurable y de alta calidad. Lo que está fuera de discusión es que los mejores trabajos son aquellos en los que el trabajo disciplinado le sirve de cauce al genio sensible e innovador. A mucho sudor apenas un tanto de inspiración, no al revés.

La propuesta de Vermut no se va por la ruta placentera del habíase una vez, ni se va tampoco por el más intrincado camino de los tiempos trastocados y las historias entrecruzadas. Su propuesta es la renunciación a que todo tenga, tarde que temprano, una explicación.  En Magical girl hay conductas deshilvanadas del eje central de la narración, hay pasados sin conexión,  hay efectos sin causa y causas desprovistas de efectos. Al estilo Vermut a la historia no la hace mejor que sus hilos sueltos terminen atándose tal y como lo deseó el espectador o, sorpresivamente, de la manera como jamás esperó el espectador que se atarían.  Lo que la hace mejor, para quienes valoran la disidencia,  es precisamente su distanciamiento de estos cánones y, en este caso, que la atadura de los hijos sueltos sea labor, independiente y creativa, de cada espectador.

MAGICAL GIRL SECUNDARIA 2

La pregunta que queda no es si el resultado que obtiene Vermut es bueno o malo; la pregunta es si uno se conecta o no con él. En la butaca del cine no se analiza, se siente.  El efecto compenetración es la clave.  Los premios, nominaciones y críticas de Magical girl demuestran que muchos han hecho ese click de empatía con su propuesta y que otros, tal vez menos y  entre los que me cuento, no lo hicieron. Las razones son muchas pero quizás la principal sea  ese paquete de  reglas de acoplamiento cinematográfico que cada uno carga consigo. Quienes como yo tenemos un conector esencialmente literario con el cine y en general con todas las otras expresiones del arte, siempre buscamos, sin ningún orden preestablecido, una historia bien contada, una ilación narrativa (así sea musical, pictórica o escultural), redonda y envolvente, que logre ese efecto de compenetración. Yo no la encontré en Magical girl porque la apuesta de Vermut es distinta, porque sus fichas son de otro color, porque su comprensión – y su proposición –  de lo que es una buena historia es otra. Cuestión de gustos, cosa de expectativas. La experiencia con Magical girl fue similar a la que tuve con Pierrot le fou de Godard. En ambos casos sabía que estaba ante un trabajo innovador y vanguardista pero, en ambos también, nunca logré compenetrarme con la película. Ese hecho, personalísimo,  no las hace ni buenas, ni malas películas; hace simplemente que no sean, por apropiación afectiva, mías.

Alguien por ahí escribió que después de ver Magical girl. volvió, más feliz que nunca, a su colección de Billy Wilder. Antes que una cuestión de apegos o descalificaciones, creo que cada uno va entendiendo con el tiempo cual es, con todas las mayúsculas que pudieran  usarse, el cine de sus afectos. En el mío, en la galería de mis predilectos,  claro que está Wilder, pero también están  y estarán todos aquellos otros que, en mi frecuencia o yo en la de ellos o todos en la nuestra, han logrado o  lograrán esa suerte, ese privilegio, de saber contar, bien contada,  una buena historia.

Sobre El Autor

Andrés Quintero M.
Dirección Distinta Mirada

Dirección Distinta Mirada

Artículos Relacionados

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.