¡Lumière! La aventura comienza
Andrés Quintero8.5
LO MEJOR
  • El laborioso y sensible trabajo de Frémaux
  • No es una muestra de viejas películas, es un homenaje inmenso al cine
  • Que siéndolo, no se sienta como documental
LO MALO
  • Que pase sin pena ni gloria por nuestras desalentadoras carteleras
8.5Muy buena

TÍTULO ORIGINAL: ¡Lumière! La aventura comienza

AÑO: 2016

DURACIÓN: 1h 30min

GÉNERO: Documental

PAÍS: Francia

DIRECTOR:  Thierry Frémaux

Cuando veo esas tomas grandiosas de Manhattan centelleando en la noche, me pregunto dónde estaba la cámara; cuando veo esas tomas casi a ras de piso en las escenas  del cine de Ozu, me pregunto dónde estaba la cámara;  cuando veo los encuadres  perfectos de las películas de Wes Anderson, me pregunto dónde estaba la cámara y finalmente tanta pregunta sobre el lugar de la cámara queda siempre ambiguamente contestada con un estaba donde tenía que estar.

La anterior y ociosa disertación me sirve de introducción para comentar ¡Lumière! La aventura comienza, el reciente documental del cineasta francés Thierry Frémaux, director del Festival de Cine de Cannes y del Instituto Lumiere con sede en la ciudad de Lyon. Frémaux se dio a la laboriosa tarea de recopilar más de cien trabajos, cien películas dice el recopilador galo, que los hermanos Lumière  produjeron entre 1895 y 1905 como comprobación primeriza del cinematógrafo,  el  aparato que habían inventado y al que, todavía temerosos,  no se atrevían a augurarle un promisorio futuro.

El resultado de tan prolija y sensible tarea es un collage emocionante sobre el nacimiento mismo del cine. Frémaux hace una cuidadosa selección de esas mini películas (50 segundos de duración) para mostrarle al mundo como fue que se originó ese sortilegio de un ojo mecánico capturando, en movimiento, un instante para volverlo eterno.

Durante estos primeros años de experimentación los hermanos Lumière, sus parientes, cercanos y operadores se dedicaron, principalmente en Francia pero también fuera de ella, a mirar la vida que los rodeaba interponiendo entre sus ojos y los entornos escogidos,  esos otros ojos que, desde el primer momento,  evidenciarían su mágica capacidad de mirar a su manera todo aquello sobre lo que se posaran.  Obreros saliendo de sus factorías, trenes arribando a las estaciones, niños chapuceando alegremente en el agua, ejercicios circenses de un grupo de acróbatas, con pesados sacos al hombro, estibadores descargando barcos y otros tantos ejemplos fueron los primeros temas de unas incipientes películas de las que Frémaux, ayudándoles con su conocimiento, ingenio y generosidad, extrae los bacilos con los que desde entonces el cine viene, para bien y para mal, fermentándose. Con su voz narradora Frémaux le va dando pistas al espectador para que reconozca  algunas claves de la técnica cinematográfica:  los distintos planos, las profundidades de campo, los encuadres… Una clase maestra sin arrogancias ni pedanterías, un deleite estético para quienes sentimos lo incompleta y pobre que sería la vida sin esta otra mirada, la cinematográfica, del universo.

¡Lumière! La aventura comienza  es un recorrido gozoso por ese comienzo, por ese darse cuenta que una máquina hecha por el hombre tenía el don de inmortalizar lo mortal , de perpetuar lo transitorio, de alterar la mirada humana sobre su entorno pero no de manera autónoma sino poniéndose al servicio de esa mirada, la humana,  ansiosa de ver de una manera distinta a la que sus ojos le permiten ver.  A eso se reduce todo este fantástico juego: a una cuestión de ojos. Unos son los ojos que miran a través de la cámara; otros los que emplea la propia cámara; distintos los ojos mirados que emanan de todas las cosas y, diversos también, los ojos que terminan viendo en una pantalla esa mirada compuesta por todas las anteriores. Esta suerte de simbiosis ocular nació a finales del siglo diez y nueve y fueron los hermanos Lumière los que abrieron la puerta para que la aventura comenzara.

Es muy probable que los espectadores de ¡Lumière! La aventura comienza   se hayan hecho, como yo, esa infantil pregunta de dónde está la cámara.  El documental de Frémaux la contesta sin ambages diciendo que si la mirada cinematográfica,  con su carga de trasmisiones, sugestiones, e insinuaciones, es la correcta, la cámara habrá estado en el lugar indicado, enfocada por la mirada apropiada.

Si, más que gustarle el cine, usted siente que es cine, no puede perderse  ¡Lumière! La aventura comienza

 

 

Sobre El Autor

Andrés Quintero M.
Dirección Distinta Mirada

Dirección Distinta Mirada

Artículos Relacionados

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.