Los inadaptados
Andrés Quintero7.5
LO MEJOR
  • Las escenas de la cacería de caballos. Soberbias
  • Marilyn, siempre Marilyn
  • Poder verla en la pantalla grande. Aplauso para The Classics
LO MALO
  • Recostada, más de la cuenta, en el brillo de sus protagonistas
  • Su duración
7.5Buena

TÍTULO ORIGINAL: The misfits

OTROS TÍTULOS: Vidas rebeldes

AÑO: 1961

DURACIÓN: 2h 4min

GÉNERO: Drama, Romance

PAÍS: Estados Unidos

DIRECTOR:  John Huston

ESTRELLAS: Clark Gable, Marilyn Monroe, Montgomery Clift, Eli Wallach, Thelma Ritter

Sin haber siquiera empezado, sin haber rodado la primera imagen sobre la pantalla, The misfits ya empieza ganando. Y arranca con esa quizás inmerecida ventaja porque al espectador le han metido en el bolsillo un papel escrito con letra nostálgica en el que se anuncia que The misfists fue, con algún tufillo autobiográfico, la despedida de dos grandes estrellas del firmamento cinematográfico. Nadie más, ni nadie menos que Clark Gable el galán de todos los tiempos y Marilyn Monroe, la rubia más indescifrable atractiva y sensual de la gran pantalla.

Otro punto inicial a su favor lo da el blanquinegro que su director Jhon Huston eligió para pintar o, mejor, para despintar su película. La elección cromática de Huston busca darle a la historia ese tono sombrío que rime con estos solitarios y desadaptados seres, – además de Gable y Monroe, Montgomery Clift y Elli Wallach – a los que la vida junta en una relación amorfa donde los lazos de amistad, amor y atracción se entrecruzan de tal forma que ponen en jaque sus idílicos arquetipos.

Rosylin (Marilyn Monroe) acaba de divorciarse. Condición propicia, potenciada por su belleza, para que los hombres se fijen en ella. Más si su pedido al mesero, a plena luz del día, es whisky con hielo. Es así como termina juntándose con Gay (Clark Gable), Perce (Montgomery Clift) y Guido (Elli Watch) , hombres sin brújula y destino atraídos al unísono por la despampanante rubia que, muy a su estilo, parece estar con todos y con ninguno a la vez. A partir de esta inusual juntanza, Huston construye un relato que se desliza entre el western, el romance, la comedia y el drama. Teniendo de todos, con ninguno de ellos se identifica y es en esa desmarcada donde The misfits encuentra su indefinible personalidad.

Volvamos a los puntos ganados ab initio para ver si The misfits los mantiene, los incrementa o los pierde. A juicio de quien esto escribe, durante una buena parte de la película los va malgastando porque algo no termina de cuajar en este encuentro de seres que no logran generar entre sí vínculos creíbles y convincentes. Cada uno desfila en su pasarela con su propia gracia y su propia belleza pero no construyen historia. Queda la sensación, no del todo grata, de estar ante unos retratos bien logrados pero no del todo compaginados. Esa incómoda sensación, amortiguada sin duda por el carisma de sus dos protagonistas, se pierde en el último cuarto de hora de la película. Huston saca el as bajo la manga y sirviéndose de unas escenas magníficas y contundentes termina dándole cohesión a lo que fuera dispersión. Lo propio sucede con los personajes a los que termina sacando de sus circunloquios y conectándolos con una historia que al final, y no antes, termina cautivando al espectador. Que tantos puntos recupera The misfits en estos últimos kilómetros, no lo sé. Solo sé que son los suficientes para salir satisfecho de la sala y para reafirmar, al menos en mi caso, mi amor eterno por la apodada reina de la alcachofa.

Al principio de la película cuando ruedan los créditos por la pantalla, fichas de un rompecabezas los acompañan. Las fichas que se deslizan nunca empatan las unas con las otras. Se rozan, se cruzan, pero nunca encajan. Alegoría de lo que más adelante mostrará la película y resumen perfecto de lo que imperfectamente pretendí expresar en estas líneas.

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.