Las sufragistas
Diego Montejo8
LO MEJOR
  • Todas las actuaciones, fantásticas (sobre todo Mulligan)
  • La dirección le da un toque de tensión, no aburre.
  • El mensaje, necesario para todos.
LO PEOR
  • Algunos momentos que se alargan de manera innecesaria
  • Queda debiendo un poco guión para algunos personajes
8Muy Buena

SufraposterOTROS TÍTULOS: Sufragistas

AÑO: 2015

DURACIÓN: 106 min

GÉNERO: Biografía, Drama, Historia

PAÍS: Reino Unido

DIRECTORA: Sarah Gravon

ESTRELLAS: Carey Mulligan, Meryl Streep, Anne-Marie Duff, Helena Bonham Carter

 

Cada año es inevitable para el cine rodar un largometraje reivindicativo, una obra que nos recuerde la importancia de un tema, de un ser humano o del aporte a la humanidad de un ideal, movimiento o adalid de lucha. 2015 no podía ser la excepción y como es costumbre, Sufragette llega en medio de un clima de revolución feminista, de una nueva ola de libertades y búsqueda de igualdad de derechos. Suffragette responde a la necesidad de explicar la importancia humana del feminismo, no solo desde una vertiente histórica sino también filosófica y social, mostrándonos uno de los sucesos más importantes en la historia de la humanidad: La búsqueda del voto femenino. ¿Es entonces Sufragistas una película eminentemente académica, monótona y aburrida? Sorprendentemente no.

Como toda película reivindicativa, Suffragette nos sitúa justo en el clímax de la revolución femenina, en el hecho neurálgico que propició la revolución legislativa que permitió el voto de la mujer a finales del siglo XIX y mediados del siglo XX, partiendo de la historia de un grupo de mujeres que se unió al movimiento “subversivo” de las sufragistas: madres, esposas, y cualquier mujer cansada de ser aplastada por la sociedad, que las confinaba a las fábricas o a las casas, sin reconocimiento legal ni permiso para ejercer actividades sin la supervisión de su marido. Es en ese enfermizo periodo que seguimos a Maud Watts, interpretada por una maravillosa Carey Mulligan, la protagonista principal de esta obra de época que da un giro de 180° a su vida cuando conoce el movimiento sufragista, saliendo de su difícil vida de madre, mujer y trabajadora a tiempo completo. Junto a ella surgen variopintos personajes femeninos como Edith New (la sorprendente Helena Bonham Carter) o Violet (Anne Marie Duff), todas ellas secundarias pero que enriquecen la fuerza y valentía que contenían las filas sufragistas.

Pero quizá lo mejor de la película no son solo las mujeres delante de las cámaras, sino las dos mujeres detrás de ellas.  Suffragette es la segunda película de la directora británica Sarah Gravon, una grata sorpresa tras las cámaras pues su especial, incisivo, pero sobre todo apasionado trabajo, convierten la película en “algo más” que un drama de época; la convierte en una película con nervios de acero, tensión y dolor por la lucha de las protagonistas para alcanzar el voto. Dolor físico y mental que va desde la represión violenta de la policía (donde las mujeres acababan ensangrentadas por los golpes contra las frías calles londinenses), hasta el extremo de la pérdida y la vergüenza que traía la lucha sufragista a la protagonista principal. Pero Gravon logra abstraer la película del drama y no hacerla sensible de manera excesiva o antinatural. Por el contrario, Suffragette es una de las películas más naturalmente sensibles y bellas que he visto en un drama reivindicativo y social en los últimos años, tanto así que no pude evitar llorar de la rabia y el dolor en la sala de cine, al menos un par de ocasiones. Alabanzas son pocas para la directora.

El guión es sólido y convencional, y quizá la mayor dicotomía y falencia de la película para algunos es que se percibe excesivamente alargada en ciertas momentos, llevando a caídas de ritmo evidentes hacia el final. Sin embargo yo no diría que es un fallo “grosero” de la talentosa Abi Morgan (guionista de Shame y La Hora) sino más bien la respuesta lógica a la necesidad de profundizar en el interesantísimo personaje que es Maud Watts, desde sus silencios represivos hasta sus demostraciones de amor hacia su hijo. Pocas veces un guión había saltado del convencionalismo a la construcción (y deconstrucción) de un personaje tan bello como el de Suffragette. Aún así, quiero señalar la ineficacia del guión al momento de abordar la lucha sufragista a un nivel más global, lo cual se evidencia al dar apenas una escena de cinco minutos a la líder del movimiento, la histórica Emmeline Pankhurst, interpretada por Meryl Streep, mitificada pero nunca expuesta con profundidad. Las sufragistas queda debiendo en ese aspecto con el que coquetea pero nunca decide abrazar completamente.

suffragette1

En cuanto a la producción, Suffragette continúa con la excelsa tradición británica al hacer gala de un cuidadoso y maravilloso diseño de producción, vestuario y maquillaje. La mitad del siglo XX está caracterizada a la perfección y resulta impresionante como la película se desvive en los detalles de fondo, aún cuando el montaje se compone de manera excesiva de acercamientos al rostro de Carey Mulligan (una excelente manera de reflejar su hermético y reprimido estado de ánimo, intimista y precioso montaje). En general el diseño de la película es fantástico, siempre enfocado hasta en los más ligeros detalles de la vestimenta de las protagonistas, que por ejemplo evidencian el estrato social de cada una de ellas, lo cual es de agradecer en una película tan intencionadamente reprimida y consciente de su hermética naturaleza.  La banda sonora es más bien anecdótica, aunque adecuada en los momentos necesarios, un discreto pero aceptable trabajo del genio Desplat.

Sin embargo, hasta aquí he desglosado de manera muy fría y ajena toda la película y me es imposible terminar la reseña sin un párrafo concluyente. Así como Suffragette quizá no sea la mejor película del año, ha sido también quizá injustamente olvidada de manera general por público y crítica. Quizá esté lejos de los más grandes galardones de este año, pero no puedo olvidar las sensaciones que me generó en sus dos horas de metraje (y al resto de la sala, más bien llena) desde la emoción y belleza del mensaje feminista, hasta la desazón y el dolor que produce ver a alguien caer por sus ideales, necesarios y correctos. Difícilmente veremos una películas más humana y hermosa como Suffragette, incluso me atrevería a decir que es una película tan necesaria para hombres como para mujeres, pues los personajes masculinos usualmente representan tanto el miedo al feminismo, la negación del mismo, como la aceptación y el apoyo, tanto por amor como por raciocinio. Desearía que todo aquel confundido por el movimiento feminista viera este estamento maravilloso del tema.

Aunque la obra de Gravon se centre en un hecho específico, no hay película mas representativa para esbozar un aproximado al leitmotiv del feminismo, que incluso hoy en día busca su lugar en la sociedad. Tal y como señala la película hasta el final de sus créditos (hermosos) aún hay que continuar con la lucha por la igualdad, una lucha que ambos géneros debemos impulsar y apoyar. Suffragette no es la mejor película del año pero si es uno de los dramas de épocs más vivos, hermosos y apasionados que he tenido el placer de vivir, ver y sentir. Pocas veces una película que parte de convencionalismos me ha hecho estar en vilo durante toda su escena final. No hay suficientes elogios para todo el plantel femenino que compone la película y por el cual se deben impulsar más directoras y guionistas en el medio, pues esta película no sería posible desde la mirada y opinión de un hombre.

No solo porque sea un hombre, sino porque ellas son las que sufren la desigualdad, ellas son las que deben reconstruir las leyes y liderar el cambio, y las únicas que pueden hacernos entender qué es lo que buscan, y lo que tanto tiempo la ignorancia y la estupidez les ha arrebatado injustamente. Gracias Suffragette por existir, pues como el feminismo, es necesario en el cine.

Sobre El Autor

Diego Solorzano
Colaborador (Colombia)

Colaborador

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