Las Aventuras deTintín: El Secreto del Unicornio
Autor8
H. Santana (Dirección Distinta Mirada)8
8Nota Final
Puntuación de los lectores: (1 Voto)
7.0
El que quiera fidelidades absolutas que se quede en casa con su vieja colección de Tintines con pasta dura. Solo en ellos cada lector podrá encontrar a su Tintín de siempre, el de  la voz que coincide con la que la imaginación le imprimió y el del espíritu forjado por el propio lector cuando de joven o de niño se encontró, para ya nunca más separarse de él,  con el joven reportero belga.
En la afición por Tintín hay de todo. Están sus seguidores fieles que más allá de las cambiantes modas siempre encuentran un inigualable solaz en volver a las aventuras de siempre. Para estos  un  Stock de Coque o  un  Tintin en el Tibet ya no son – ya nunca podrán volver a ser –  retornos a aquellas lecturas desprevenidas y apasionadas de entonces, sino más bien la serena visita a una casa conocida en las que se ofrece un  buen café. Estos aficionados ya no leen las aventuras ; se contentan con repasar las imágenes porque al hacerlo la memoria convoca, casi siempre a retazos,  esos momentos inolvidables en los que Tintín fue, en su estado más primario, emoción  pura. Hay otros que se precian de ser, con letra cursiva y todo, tintinólogos . Son una suerte de concursantes en potencia que lo saben todo, desde el nombre completo del pianista que acompaña a la Castafiore en sus giras operáticas, hasta la verdad sobre las supuestas depresiones otoñales de Hergé, el creador de Tintín.  Y los hay, como podrían ellos faltar, los que se dicen seguidores de Tintín por el status intelectual y social que da, eso piensan ellos,  decirse un fanático seguidor del periodista y su amorfo círculo de amigos. Estos últimos suelen decir, con tono jactancioso, que hay un abismo entre las versiones originales en francés que ellos tantas veces han leído y las mediocres traducciones al español. Son estos mismos lo que en las reuniones sociales comentan, con la discreción impostada de la voz baja, que ellos ya vieron, hace meses, la película de Spielberg cuando la estrenaron en Europa….
Pertenézcase o no a alguno de  estos  círculos de amigos de Tintín, lo cierto es mucha expectativa se creó en torno a  la película de Spielberg sobre el legendario personaje. Buena parte de la  espera giraba en torno a que tan fiel le sería la película al encopetado periodista y sus aventuras de papel.  Muchos decían que sacarlos, a Tintín y sus compañeros de aventuras,  de sus recuadros  era, inevitablemente, traicionarlos o, cuando menos, deformarlos. Que adosarles una voz era tanto como castrar esa posibilidad infinita de tonos que hay en los rectángulos  en los que se encierran sus parlamentos. La película llegó y llegó demostrando que las fidelidades en el cine exigen un generoso espacio de adaptación, que el cine mismo es y siempre será un ejercicio inacabable  de aproximación que en su tentativa de expresión construye, más allá de sus modelos o sus representaciones, su propia realidad.
Las Aventuras de Tintín: El Secreto del Unicornio es, a mi juicio, una versión muy bien lograda de la famosa historieta . La dupla Spielberg – Jackson, director y productor respectivamente, logra un resultado sorprendente que muy seguramente se separa – y es inevitable que lo haga – del Tintín que muchos teníamos y seguimos teniendo adherido al alma.  Sin embargo esa separación o esa diferencia respecto de nuestras impresiones, lejos de restarle puntos a la película se los agrega porque de lo que se trataba el proyecto de Spielberg era de hacer una película de Tintín respetando al máximo el personaje pero explotándolo desde esa perspectiva individual que siempre surge a partir de las lecturas propias.  El Tintín que vemos en Las Aventuras de Tintín: El Secreto del Unicornio quizás no sea nuestro Tintín pero es, sin lugar a dudas, una magnífica versión del joven periodista. Lo propio pasa con el querido Haddock, con Hernández y Fernández, con la adorable y a la vez detestable Bianca Castafiore y, por supuesto, con el entrañable Milú. El Haddock que tengo en mente, por ejemplo, no es de nariz tan protuberante ni de ojos claros  pero el Archiblado (ese es su nombre) de la película está fantástico con su desmedida afición por el whisky  y con su inigualable sartal de vituperios.
La historia de Spielberg es un muy bien logrado ensamble de varias aventuras. La trama central está tomada del Secreto del Unicornio pero no son pocos los elementos tomados del Cangrejo de las Pinzas de Oro, del Asunto Tornasol y de otras historietas. Spielberg nunca anunció la reproducción cinematográfica de una aventura determinada. Se cuenta que Spielberg habló telefónicamente con el propio Hergé y que este estuvo de acuerdo en que fuera el primero el responsable de llevar a Tintín al cine. La muerte inesperada del enigmático Hergé hizo que el acuerdo final se diera con su viuda; lo que se convino con esta fue hacer una película sobre las aventuras de Tintín, no una película sobre una determinada aventura. Spielberg tenía licencia para construir una historia que siéndole fiel a sus fuentes podía despegarse de las mismas. Así lo hizo con un acertado engranaje de tiempos que le da a la historia un muy buen ritmo y una total coherencia.
El resultado es una historia mucho más trepidante que aquellas en las que se inspira. Quienes leímos a Tintín nunca sentimos el vértigo que ahora nos transmite la película y eso, insisto, lejos de ser una infidelidad imperdonable es una adaptación que conjuga de manera magistral la esencia de la historia original y la de sus personajes  con los encantos vertiginosos de las nuevas tecnologías.  El Mo-Cap (Motion Capture) que emplea Spielberg  y a través del cual se almacenan las acciones de actores humanos para luego utilizar esa información en la animación de modelos digitales en 3D, es una herramienta fascinante que de haberla visto proyectada en la pantalla y empleada en sus criaturas,  de seguro habría estremecido al propio Hergé.
No creo, como se ha dicho en algunas reseñas sobre la película, que tanto énfasis en la acción haya ido en detrimento de la identidad de los personajes. Los de Hergé no se caracterizan ni por sus largas meditaciones, ni por su meditabundos diálogos; de su temperamento y de sus ideales dan fe sus acciones y creo que en eso reside muy buena parte de su atracción. Así lo supo captar ese mago que es Spielberg, atento no sólo a logro estético sino al acierto comercial.
Yo no sé que tanto pueda ser o de que tipo ser el disfrute de aquel que vea la película sin haber leído nunca una aventura de Tintín. A lo mejor el goce es total porque la historia, los paisajes  y sus personajes se imponen, por fuera de toda coordenada temporal o generacional,  sin ningún otro referente que aquel que ellos mismos generan. Para quienes tuvimos la suerte de sumergirnos  de lleno en la lectura de las  aventuras de Tintín, El Secreto del Unicornio es la confirmación, innovadora y respetuosa, de que toda obra, cuando es valiosa y perdurable,  está siempre expuesta a ese prodigio de ser, siendo ella irrepetible y única, tantas y tan diversas  obras como tantos y tan diversos sean quienes la aprecien.
Nota a deshoras: Lo único que recuerdo de un curso de cine que tomé hace ya muchos años fue una recomendación que nos dio quien lo dictaba. La película escogida fue Mujeres al borde de un ataque de nervios de Almódovar y la recomendación, valiosísima, fue que nos fijáramos en la forma como se presentaban los créditos de la película; a juicio de quien nos dictó el curso eso ya decía mucho de lo que luego se vería en la película. Razón tenía el hombre y desde entonces  y cuando la película lo merece, nunca dejo de fijarme con detenimiento en este aspecto. La forma como se presentan los créditos en Las Aventuras de Tintín: El Secreto del Unicornio es sencillamente espectacular. Todo un homenaje al personaje y sus aventuras; como la película misma: un tributo infielmente fiel.
 
 

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