La vida de Adèle
Autor9
A. Quintero (Dirección Distinta Mirada)8
H. Santana (Dirección Distinta Mirada)9
8.7Nota Final
Puntuación de los lectores: (2 Votes)
7.0

TÍTULO ORIGINAL: La vie d’Adèle – Chapitres 1 & 2

OTROS TÍTULOS: Blue Is The Warmest Color

AÑO: 2013

DURACIÓN: 179 min.

GÉNERO: Drama, Romance

PAÍS: Francia

DIRECTOR: Abdellatif Kechiche

ESTRELLAS: Léa Seydoux, Adèle Exarchopoulos, Salim Kechiouche

 

Finales de los 60, las voces de la contracultura estadounidense cada vez se escuchan con más fuerza. La Generación Beat, que posteriormente hizo de pilar para la creación del masivo movimiento Hippie, está dispuesta a derribar, con los psicodélicos acordes de Hendrix y Morrison, ese telón de acero que los margina y los rechaza. En ese contexto, el 28 de junio de 1969, un grupo de jóvenes homosexuales se alzó contra el régimen opresor que los había discriminado durante tanto tiempo y, con el Stonewall Inn, del barrio neoyorquino de Greenwich, como fortín y el arcoíris por bandera, este grupo revolucionario improvisado inició uno de los movimientos por la libertad más importantes de los últimos tiempos.

Si los 60 fueron el comienzo, los 90 constituyeron la total expansión de esta corriente a las artes y las letras. Artistas, poetas, ensayistas, cineastas, todos quisieron formar parte de la gran revolución, aportando su granito de arena para que millones de mentes comenzaran a abrirse y aceptaran su sexualidad, o la de los demás, para que el colectivo gay dejara de estar estigmatizado. Gracias a esta generación, miles de mujeres pudieron poner fin a una vida de infelicidad y otras muchas no tendrán que pasar nunca por lo que sufrieron aquellas que, como Lianna en la cinta de John Salyes, 1983, fingieron ser quienes en realidad no eran, por guardar las apariencias de una falsa moral que la sociedad les imponía. Gracias a esa generación de escritores se publicó Le bleu est une couleur chaude, 2010, la novela gráfica en la que está inspirada la película y que narra la vida de Clementine, una adolescente con un conflicto interno que le hace dudar entre aceptar los grandes cambios que está experimentando, o tratar de ignorarlos y seguir con su vida “normal”. Emma será el detonante para que Clementine encuentre la confianza necesaria y afronte este nuevo reto. Dos Criaturas Celestiales que, como la pareja que nos presentó Peter Jackson en 1994, no están exentas de despertar recelos entre sus conocidos.

La Vida de Adéle (Poster) Distinta MiradaEn la cinta, el nombre de la protagonista del cómic se cambia por el de Adèle, haciéndolo coincidir con el nombre real de la actriz que la interpreta, Adèle Exarchopoulos. Esto ya nos da una pista entorno a quién va a girar la película. No pasa ni un minuto cuando confirmamos nuestras sospechas y, por más que los carteles promocionales los ocupe la misteriosa chica de pelo azul, la cámara se pegará en un primerísimo y asfixiante plano a Adèle para no separarse de ella, a excepción de tres o cuatro pausas para respirar, en todo el metraje.

Con el descubrimiento sexual y personal siempre presente, el filme cuenta la historia de una chica que atraviesa uno de los momentos más importantes y decisorios de su vida, una etapa de transición en la que pasará de la adolescencia a la vida adulta, siempre buscando una estabilidad, tanto interior como exterior, tratando de encajar, de encontrar un sitio al que amoldarse aunque sea de forma drástica, como la pieza de un rompecabezas que, aun sabiendo que no tiene la forma adecuada, se empeña en ocupar el espacio sin importarle convertirse en un punto azul sobre un fondo amarillo.

Abdellatif Kechiche realiza un trabajo interiorista magnífico que, mediante un estudio detallado de la naturaleza de sus personajes, resultó ganador de la Palma de Oro a la mejor película que, por primera vez en la historia reconoce también el trabajo de las dos actrices principales, en la última edición del festival de cine de Cannes. Una obra dividida en dos actos, como bien reza el título que aparece al término de la misma, que se distinguen por el cambio entre la adolescencia y la madurez, el descubrimiento y la aceptación, el amor y el desamor, el pelo azul y el pelo amarillo, en definitiva, diez años de cambios que aportarán una gravedad añadida a la trama.

Mucha tinta se ha vertido sobre las polémicas imágenes de sexo explícito, pero Adèle es una joven entregada y pasional cuya interpretación no habría resultado creíble con una simple escena, de pocos segundos de duración, entre unas sábanas que no pierden la compostura pese al movimiento de dos cuerpos que se entregan sin inhibiciones. De hecho habría dado como resultado una secuencia contradictoriamente vulgar, como tantas otras. Diez días de rodaje para una escena de casi diez minutos de duración, una escena sin trucos, sin sábanas y sin maquillaje que nos hará sudar y nos estremecerá por su realismo y pasión descarnados. El acto erótico no dura ni un segundo más de lo necesario, el tiempo justo para que llegue a incomodar al espectador. Durante ese eterno momento nadie se atreve a apartar la mirada, nos quedamos completamente inmóviles, paralizados sin opción a refugiarnos bajo la complicidad de nuestro compañero de butaca, con los músculos en tensión contemplamos uno de los espectáculos más atrevidos y trasgresores de toda la historia del cine. Un suspiro unánime, que rompe con la tensión reinante en el ambiente, se escucha en toda la sala una vez que la sensual secuencia ha terminado.

Pero la cinta da para mucho más y, si bien el desnudo físico es evidente, el completo desnudo emocional que la actriz lleva a cabo ante el espectador es sin duda lo más impactante. Pese a su expresión hermética, su sonrisa inescrutable y su actitud introvertida que le lleva a recoger y soltar su melena de forma compulsiva, la protagonista logra trasmitirnos su sufrimiento, su inseguridad, su felicidad efímera, todos esos sentimientos que no manifiesta pero que la actriz rezuma por cada poro de su piel, esos poros que conocemos de memoria después de estar contemplándolos tan de cerca durante tres horas.

Adèle es pura luz, es una obra impresionista que utiliza sus movimientos, sus lágrimas, su pelo, las facciones de su cara y todos sus gestos en general como medio de expresión en este ejercicio íntimo y naturalista. Todo en ella es empatía y por eso no nos conformamos con sólo dos capítulos de su vida, los queremos todos. Puede que su destino esté Más allá de las colinas, esas colinas que nos mostró el rumano Cristian Mungiu en 2012, también puede que finalmente se amolde a un mundo demasiado simple para ella o que, por el contrario, adapte la simpleza del mundo a la complejidad de su persona.

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