La sal de la tierra
Andrés Quintero8
Humberto Santana9.5
LO MEJOR
  • Todas y cada una de las espectaculares fotografías de Salgado
  • El trabajo que se hizo para que el documental no se quedará en la simple exhibición o en el distante recuento biográfico
  • La huella magistral de Wenders
LO MALO
  • No haber incursionado un poco más en el oficio mismo del gran fotógrafo
  • El tono, innecesariamente épico, del documental
8.8Notable

la_sal_de_la_tierra_aficheTÍTULO ORIGINAL: The Salt of the Earth

OTROS TÍTULOS: Le sel de la terre

AÑO: 2015

DURACIÓN: 110 min

GÉNERO: Documental, Biografía

PAÍS: Francia

DIRECTORES: Ribeiro Salgado, Wim Wenders

Más allá del condimento que es, a la sal se la asocia con conceptos antagónicos.  Se dice que alguien le pone sal a algo para expresar que lo anima, que lo vitaliza. La vida sin sal, como los huevos sin ella , es insulsa y desabrida. Pero a la sal también se la asocia con el infortunio, con la mala estrella. Para decir que alguien está marcado con la impronta de la mala suerte, se dice que está salado. Por esta doble acepción salar algo puede ser, según la intención del uso, ponerle ese toque de  sabor, sentido y alegría o  revestirlo de amargura.

La sal de la tierra, el documental dirigido por Win Wenders y Juliano Ribeiro Salgado sobre la vida del padre de este último, el fotógrafo  brasilero Sebastiao Salgado, lleva ese nombre para referirse, en las dos acepciones comentadas, al ese hombre que ha sido capaz , y sigue siéndolo,  de arrasar y masacrar todo cuanto lo rodea para luego reconstruirlo, defenderlo y enaltecerlo.  Ese ser humano que ha sido con  su planeta y su hermano la sal que los ha derruido y devastado y, también, la sal que los ha redimido y recuperado.  En una balanza que claramente  inclina uno de sus platos hacia el móvil íntimo de la fotografía de Salgado y dejando el otro, el del propio oficio fotográfico que queda un tanto a la deriva , el documental  recorre, apoyado en unas impresionantes colecciones fotográficas,  las grandes etapas de su trabajo. Etapas que están marcadas por sus viajes, mejor llamarles peregrinajes,  alrededor del mundo.

Después de abandonar su confortable y prometedora vida como economista, Salgado,  ya dedicado del todo a la fotografía,  centra su foco de atención en la infamia humana. Durante este tiempo su lente se dedica a las hambrunas, a las guerras, a los exterminios sin causa, a la explotación de los más desamparados.  Las fotos de esta etapa son desgarradoras y, pese al dolor retratado, de una incontenible belleza. Les realza su sentido y  les encumbra  su estética el blanquinegro sobrecogedor de esta primera etapa fotográfica. Siente uno que ningún otro color era, para rendir semejante testimonio, aceptable. Después de este largo período de  una fotografía que podría tildarse de social o incluso política,  Salgado da un vuelco radical y cambia su objetivo. De las figuras espectrales de seres minados por la violencia, el hambre, la explotación  y la pobreza , el fotógrafo pasa a los paisajes exuberantes, a las blanquísimas extensiones del círculo antártico y al sugestivo chapoteo marino de las colas de las grandes ballenas.

la sal de la tierra interna

El documental alterna sus sobrecogedoras imágenes con la voz , en un cadencioso francés,  de un Salgado dolido y reflexivo que va contando las circunstancias que rodearon  en cada momento su trabajo. Se siente el testimonio de un hombre que mucho más allá de la expresión estética encontró en la fotografía un canal de denuncia y una plataforma para inquietar conciencias.  En el fondo, un artesano de la imagen que entendió que el sentido final de la fotografía es ella misma.

Desde el punto de vista del material fotográfico que la película exhibe, no cabe otra cosa que el elogio aclamado.  Cada foto es una composición asombrosa  que se origina, dice el propio de Salgado, en la  imagen que le ofrecen sus modelos.  En la obra de este brasilero universal  el efecto de inmovilización connatural a la fotografía adquiere un magnetismo inquietante. Las miradas de aquellos a quienes retrata, sus actitudes corporales, sus mensajes silentes, la cruda elocuencia  de sus paisajes y la casi humanización de los animales que retrata, hacen de su fotografía una obra maestra.

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Pero La sal de la tierra es mucho más que una galería de bellas o estremecedoras fotografías y es también mucho más que un asomo biográfico a la vida de Salgado. Su principal mérito es la incursión sutil  en el sentido de un oficio. Fotografiar para este hombre excepcional es mucho más que obturar, revelar y ampliar. Fotografiar es inmovilizar lo móvil y, de alguna manera, detener en el  tiempo lo que el tiempo se  lleva consigo. Para eso no basta estar en el lugar apropiado,  en el momento adecuado. Para eso es necesario que la cámara sea un ojo más, una extensión maquinal pero profundamente humana de la manera de ver el mundo y, especialmente,  de la manera como se pretende, sin heroísmos ni acrobacias, cambiar el mundo.  Es esta concepción del oficio la que transmite la película sin caer en la planicie sosa del elogio efectista o en la monotonía del collage de notas testimoniales que con el pretexto de reconstruir una historia terminan falseándola.

En esta oportunidad Wenders optó, en lo que a su trabajo cinematográfico respecta, por una mayor y mas respetuosa invisibilidad.  No quiso, como por ejemplo lo hizo en su documental Pina, alterar el material biográfico y artístico incorporándole su narrativa cinéfila. Esta vez se quedó en la sombra demostrando que su presencia  puede palparse aún en su más deliberada ausencia.

Como pasa con todo trabajo artístico uno puede declarar espontáneamente su compenetración con la obra de Salgado  o puede por el contrario,  sincerar su inexplicable distanciamiento de la misma.  Dejando de lado su indiscutible estatura artística  y su valor histórico, cultural  y social,   no siento ante el trabajo de Salgado ese gancho emotivo  que por el contrario sí establezco con otros artistas de la cámara . Debe ser, ahora que lo pienso,  por mi inocultable predilección por lo simple, por lo urbano, por esa cotidianidad  que no retrata ni las infamias de la humanidad ni sus gestas salvíficas, sino que se complace en resaltar sus más ordinarios detalles. Otro tanto me pasa con el género documental. Por no ser un purista del mismo, prefiero los documentales con latido cinematográfico. Una y otra preferencia no le quitan ni un solo punto al documental de Wenders y Ribeiro Salgado. Me impiden abrazarlo pero nunca dejar de elogiarlo y admirarlo.

En todo caso La sal de la tierra es un documental imponente que merece, y de lejos, verse.  Es un trabajo bien afinado que cuenta la historia de un hombre honesto y auténtico que decidió que su mejor voz para denunciar, acallar, elogiar, reivindicar o, simplemente, para justificar su paso por la vida,  es la que proviene de esa imagen en cuya construcción siempre intervienen el que con la lente mira y aquel otro que desde la lente es mirado.

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La sal de la tierra desde la mirada de un fotógrafo

jorge_mario_munera para la sal de la tierraJorge Mario Múnera, nacido en Medellín, es fotógrafo del Instituto de Fotografía de Ginebra Suiza. Radicado en Bogotá, desde 1980 se ha dedicado a la fotografía humanista y editorial. Su trabajo fotográfico ha sido publicado, entre otros, en los libros  Orfebrería y chamanismo, Orquídeas nativas de Colombia, Coro Alto de Santa ClaraEl tren y sus gentes y El corazón del pan. Distinta Mirada habló con él para preguntarle por su impresión o, como él bien lo dice, por su conmoción, luego de ver La sal de la tierra. Lo que cuenta Múnera desde su orilla de fotógrafo es una razón más para no perderse este poderoso documental.

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