En Distinta Mirada, cada vez que se presenta la oportunidad, recalcamos repetitiva y casi obsesivamente el placer que significa poder ver un clásico en la pantalla grande. No solamente lo hacemos con la intención de contribuir al fortalecimiento de la cultura cinematográfica en nuestro medio, para la cual, al igual que en cualquier forma de expresión artística, mirar el pasado no solamente significa hacer un viaje en el tiempo que ayuda a entender el presente, sino que ofrece la oportunidad de disfrutar obras que no se podrían repetir en otra época. Qué sería de la pintura sin Rafael o Boticcelli, Da Vinci o Miguel Angel, Van Gogh o Monet, Picasso o Warhol. Qué sería de la música sin Bach o Mozart, los Beatles o los Rolling Stones. El fin de semana que IndieBo le dedica casi exclusivamente a los clásicos, y específicamente la restauración de One-Eyed Jacks (1961), son un pretexto inmejorable para mencionarlo nuevamente.

One-Eyed Jacks, o El rostro impenetrable como se llamó en el mundo hispano, es una película especial en muchos sentidos. De una novela basada en Billy The Kid, contiene simultáneamente los elementos clásicos que ubicaron el género del western en un lugar imborrable de la historia cinematográfica, y es a la vez única e inusual. A finales de los cincuenta Marlon Brando compró lo derechos para su filmación, con la idea de ser su protagonista (en el papel de Rio), contar con la participación de actores como Karl Malden (Un tranvía llamado deseo), y con la dirección de Stanley Kubrick. Brando se involucró tanto en el guion, modificándolo una y otra vez sobre la marcha, que las diferencias con Kubrick fueron insalvables y Brando terminó despidiéndolo. Kubrick, quien siempre quiso dirigir la película, en algún punto diría que solo habría sido un pretexto, pues Brando siempre habría querido dirigir su propia película.

Lo asombroso del acontecimiento es que a pesar de que se esfumó la posibilidad histórica de que Kubrick dirigiera un western, la dirección de Brando, llena de improvisaciones que resultaron fantásticas y de artimañas propias de un neófito en la dirección con grandes ideas y obsesivo (como ejemplo las interminables sesiones de grabación que resultaron en más de cinco horas de metraje original, triplicando los costos), es considerada por muchos como una dirección genial. Es además la única película que dirigiría Marlon Brando.

Venerada por directores como Quentin Tarantino y David Lynch, y en especial por Martin Scorsese y Steven Spielberg, cuyo cariño por la película los llevó a supervisar directamente su restauración, fue proyectada recientemente en una exhibición especial para Cannes.

Para finalizar, One-Eyed Jacks también tiene un valor histórico especial al ser la última película que fue filmada por Paramount en el formato de gran calidad visual VistaVision. Este formato de alta resolución inventado en los cincuentas es considerado uno de los predecesores e inspiradores de formatos como el IMAX, que utilizan aún hoy en día algunos de sus principios técnicos, pero más allá de esto, resalta la intención original de hacer este film impactante visualmente, dándole aún más valor al efecto de su restauración. Y es que el cine no es solamente una experiencia cerebral de contenido, es una experiencia sensorial. El contenido puede asimilarse en muchos formatos, pasando por la televisión en casa, una pantalla de computador o hasta el teléfono celular, pero ni el mejor teatro en casa será capaz de recrear la experiencia sensorial de disfrutar la proyección en la pantalla grande.

 

Sobre El Autor

Humberto Santana S.
Dirección Distinta Mirada

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