La Parte De Los Angeles
Autor6
H. Santana (Dirección Distinta Mirada)7
6.5Nota Final
Puntuación de los lectores: (1 Voto)
6.5

TÍTULO ORIGINAL: The Angels’ Share

Ken Loach, el director de La parte de los Angeles, lleva haciendo cine desde la segunda mitad de los sesentas. De su nutrida filmografía, mucha de ella en llave con el guionista Paul Laverty,  son pocas las películas  exhibidas en las salas colombianas. Su incursión en nuestra cartelera no tiene más de siete años. Aceptando el riesgo de la equivocación por omisión, El viento que agita la cebada (2006),  Buscando a Eric (2009) y, en este momento en cartelera, La parte de los ángeles (2012), son los títulos que hemos tenido oportunidad de ver. Es difícil, con apenas tres películas vistas, caracterizar una obra con más de treinta calendarios encima. Sin embargo a partir de tan reducida muestra y con la guía de quienes han seguido su trayectoria, al cine de Loach puede tenérselo como un trabajo donde predomina – visual, actoral y argumentalmente hablando – lo espontáneo, lo primario y lo natural . Todo puesto al servicio de una causa social y, propio del espíritu sesentero de su autor, con cierto ánimo contestatario de denuncia e inconformidad.

La parte de los ángeles, enseña la película, es ese mínimo porcentaje de alcohol que se evapora en el proceso de destilación y añejamiento del emblemático whisky escosés. Ese dos por ciento habrán de bebérselo, inhalándolo,  los ángeles que por allí merodeen.

Roobie, su protagonista, es un joven  rodeado de enemigos y de incertidumbres existenciales provocados, los unos y las otras, por su temperamento agresivo y rebelde.  Condenado a realizar trabajos de rehabilitación social con otros tres compañeros de infortunio,  vislumbrará en su desconocido talento para la cata del whisky, una compuerta para salir de ese mundo opresivo e injusto que lo ha visto mal crecer.

El cine de Loach tiene ese inconfundible tono con el que uno termina asociando el modus vivendi de las provincias del Reino Unido. Un tono tan burdo y simple que termina bordeando la ordinariez. Los jóvenes que protagonizan La parte de los ángelescarecen de toda esperanza y, también, de todo refinamiento. Son la muestra, primaria y maniquea, de una generación marcada por el fantasma de una Europa en crisis. A partir de ese prototipo Loach arma una historia que  usa como estribo de apoyo el humor y la sorna. Bobbie y sus compañeros de aventura  se matriculan en el cliché ya desgastado del clan disfuncional de amigos desadaptados en el que siempre está el tontarrón, el inteligente y la infaltable chica que sin ser de ninguno es, a la vez, la pareja de todos. Sin embargo la historia no se queda, al estilo de la saga de  The hangover,  en el encadenamiento hueco de los chascos que les suceden a estos aventureros marginales. Acomodado en el aburguesamiento que siempre viene con los años pero fiel aún a sus apegos ideológicos, tras el entramado cómico de La parte de los Angeles subyace la crítica de Loach a una sociedad en la que conviven, en inmanente tensión, el desempleado y el millonario que sin ningún empacho  gasta miles de dólares en una afamada botella de licor.

Sin lograr un relato compacto y convincente, la película de Loach alcanza, con algo de esfuerzo, un sabor placentero y entretenido. No tiene ni la estatura narrativa, ni la demoledora e irónica crítica de un Full Monty pero nos la recuerda de principio a fin por la desfachatez de sus personajes y por esa manera única del cine británico de mofarse de sus sofisticadas decadencias. En términos etílicos La parte de los ángeles es más un digestivo, agradable y ligero, que un single malt lleno de aromas y misterios.

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