La maestra de kinder
Andrés Quintero6.5
LO MEJOR
  • Aunque desconcierta y cuesta asimilar, la ruptura de códigos tradicionales
  • La cámara, protagonista sin duda
  • La actuacion de Sarrit Larry: como su belleza, atrayente y distinta
LO MALO
  • El afán de transgresión que compromete la credibilidad de la historia
  • Su ritmo. Lo lento no tiene porque ser pesado.
6.5Interesante

la maestra de kindergarten posterTÍTULO ORIGINAL: Haganenet

OTROS TÍTULOS:  La maestra de jardín / La profesora de parvulario / The Kindergarten Teacher

AÑO: 2014

DURACIÓN: 120 min

GÉNERO: Drama

PAÍS: Israel 

DIRECTOR: Nadav Lapid

ESTRELLAS: Sarit Larry, Avi Shnaidman, Lior Raz, Gilad ben David, Ester Rada, Guy Oren

 

En el proceso creativo intervienen un 10% de inspiración  y un 90% de transpiración. Con distintos matices en su vocabulario y redacción, esta frase se la atribuyen algunos a Picasso, otros a Stravinsky, los hay quienes dicen que es de García Márquez y también aquellos que afirman que esta frase es invento, al lado del fonógrafo y otros tantos, de Thomas Alva Edison.  A lo mejor no es de ninguno de estos, ni de nadie en particular. A lo mejor es uno de esos inventos colectivos y a la vez anónimos que con el paso del tiempo se van amoldando a las circunstancias.  Sin importar mayor cosa el tema de su autoría, su perdurabilidad se debe a su simple sabiduría: tras lo bueno suele haber un montón de trabajo disciplinado que encauza el talento, mucho o poco,  de quien lo realiza.

Yoav Pollac (Avi Shnaidman) es un niño; tendrá cuando más unos  cuatro o cinco años.  Como es apenas normal va con otros chicos a un jardín infantil, a un parvulario dirían en otras latitudes hispanoparlantes.  Allí les cuida Nira (Sarit Larry) una atractiva y enigmática institutriz que poco a poco va centrando toda su atención en el talento de Yoav. A su cortísima edad y en unos arrebatos que parecieran de inspiración pura, Yoav compone unos poemas, vaya uno a saber si buenos o no pero, en todo caso, inusuales en una edad en la que las aventurillas de animales y héroes lo pueblan todo. Contrariando (o confirmando) el axioma anterior, el proceso creativo  del chico es un torrente de inspiración con poquísima o ninguna transpiración.

Con una sensibilidad poética tardía como ella misma lo confiesa, Nira se da a la tarea de acompañar y promover el don poético de su pupilo . Lo hace con la conciencia de saber que para la gran mayoría esa destreza para encadenar versos es, en pleno siglo veintiuno, un inútil y estorboso anacronismo.  De este quijotesco emprendimiento trata La profesora de kindergarten, segunda película del director israelí Nadav Lapid quien es, lo supe escarbando datos, el autor de los versos atribuidos al chico. Los escribió cuando tenía los mismos años del protagonista.

LA PROFESORA DE KINDER SEC 2

Echado así el cuento el lector podrá imaginar que La profesora de kindergarten es una versión infantil, en tono israelí,  de la Sociedad de los poetas muertos, aquel emotivo drama de finales de los ochenta donde Robin Williams  nos fascinó a todos en su papel del excéntrico profesor Keating.  No imaginen eso. Imaginen, si pueden, todo lo contrario.  Nira está lejos de ser esa profesora o institutriz carismática que intenta despertar los hados dormidos de sus discípulos.  Lo suyo es más bien una obsesión tormentosa por demostrarle al mundo, a través de un pequeño que luce desconectado de su talento, que existen otros criterios de valoración distintos al despiadado utilitarismo. La relación tutora – niño que plantea la película es bizarra y hasta en ocasiones incómoda. Nira parece quererle pero en otra dimensión, quizás altamente poética, del amor. La actitud del chico expresa  indiferencia y, especialmente, el deseo de ser como todos los demás para el disfrute opaco pero confortable de la mediocridad.  La profesora de kindergarten está lejos de ser una oda reivindicatoria del oficio poético. Es por el contrario un relato obtuso y algo difícil de digerir al menos para estómagos como el mío tan mal acostumbrados a platillos, quizás ligeros,  llenos de estética , emoción y sentido.  Confieso que tuve que esforzarme para seguirle la pista a la película.  Todos vamos creando unos canales de contacto con el cine y cuando frente a una determinada cinta no los encontramos, nos sentimos desconectados y defraudados. De este tipo de desconexión no puede deducirse que la película sea mala; solo puede decirse  que sus códigos no son los nuestros y que eso puede generar distancia, desapego y, porque no, incluso molestia.  La manera como Lapid enfoca la historia, su caracterización de los personajes y el propio desenvolvimiento de la trama, producen un frío efecto de incomprensión y distanciamiento. A los personajes ni se les quiere, ni se les desquiere. Se les contempla desde lejos con la sensación de haberse desaprovechado un material (la relación maestra-niño, la agónica poesía, la cultura utilitarista  etc) que se prestaba, sin manoseos efectistas, para mucho más.

LA PROFESORA DE KINDER SEC 1

Pese a lo anterior, lo paradójico y a la vez valioso de La profesora de kindergarten es que su ruptura de moldes deja una sensación híbrida de desconcierto e interrogante. Queda, por decirlo de alguna manera, un amargor en boca que termina deleitando. Uno hubiera querido, llevado por la inercia placentera de los códigos aprendidos, que la película se hubiera planteado  de otra manera. Que Yoav hubiera sido el chico encantador que no fue; que Nira hubiera encajado en el prototipo adorable de la redentora incomprendida; que los malos, los que condenan por inútil a la poesía, hubieran sido arquetípicamente malos….  Queriéndose todo eso, nada de eso ofrece La profesora de kindergarten y de allí la sensación primaria de decepción y el desencanto. Pero hay que pasar la página y reconocer los otros lenguajes a los que se atreve sin tapujos la película: la cámara intrusiva, los no pocas veces mutilados primeros planos, la opacidad de los personajes, el deslucimiento de las historias, los desenlaces que nada desenlazan, las aproximaciones distintas a la realidad.  Desde esa otra orilla también hay que saber ver el cine. No es fácil pero es la clave para expandir una que otra frontera; para borrar de a poco, imaginarias todas,  algunas de nuestras líneas divisorias. Es eso lo que sin darnos cuenta nos enseña esta profesora.

 

 

Sobre El Autor

Andrés Quintero M.
Dirección Distinta Mirada

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