La isla mínima
Diego Montejo7.5
LO MEJOR
  • La dirección, impresionante sin más
  • La belleza de la fotografía
  • Javier Gutiérrez, fantástico durante toda la película
LO MALO
  • Raúl Arévalo. No está tan mal, pero el personaje no le ayuda nada. Hunde la pelicula por momentos
  • El ritmo a veces es algo lento
7.5Muy buena

 isla aficheOTROS TÍTULOS: Marchlands

AÑO: 2014

DURACIÓN: 105 min

GÉNERO: Suspenso / Misterio /Thriller

PAÍS: España

DIRECTOR: Alberto Rodríguez

ESTRELLAS: Javier Gutiérrez, Raúl Arévalo, María Varod

 

A veces es difícil discernir entre las cualidades de una película para con el género que representa, usualmente esto sucede cuando tenemos muy trillados los estándares característicos de un tópico cinematográfico y esto es aún más evidente cuando nos acercamos a uno de los géneros más queridos y a la vez más explotados del séptimo arte: el thriller policiaco. De hecho, hoy en día es complicado ascender entre la multitud de ejemplos y puntos de referencia que toma el género sin caer en la mundana repetición o en la innecesaria sobre exposición del argumento para sorprender (de mala manera) al espectador. Sin embargo, cada tanto se presentan casos únicos de películas que se arriesgan aprovechando de manera única todo el material que tienen a su disposición, y La Isla Mínima pertenece a ese grupo.

Desde el inicio de la obra dirigida por Alberto Rodríguez, el espectador conoce de primera mano la necesidad del director y el fotógrafo de imponer estilo, de marcar entorno sobre argumento y ese es el eje principal del largometraje, pues rehuye el clásico estándar del género y evita narrar los sucesos de manera procedimental o genérica. La isla mínima usa la desaparición de dos niñas para explotar su poderío visual y exponencial: La narrativa de época. Rodríguez, con una excelente dirección, hace partícipe al espectador de un tiempo, época y lugar distintos, donde todo detalle cuenta para explicar la podredumbre social que rodea a los protagonistas. Un pueblo con miedo pero con aires de revolución; mujeres con rostros marcados que evocan el machismo de la época y la continua sensación de dejación, propia de las comunidades alejadas de la mano de Dios. Rodríguez abraza la imponente fotografía del premiado Alex Catalán para revolucionar sin separarse de los convencionalismos, haciendo oro con bastante poco.

Y tras el impresionante plano aéreo sobre la isla mínima que compone una postal espectral de un violento 1980, empieza la obra y entran en escena los dos actores principales. Tenemos a Juan, un taciturno y distante policía interpretado por Raúl Arévalo, que se aleja de las palabras para darnos un enfoque más crepuscular de los sucesos. Lamentablemente, es en este personaje donde la película cae y trataré de explicar por qué. Una de las conocidas comparaciones a las que se enfrentó La isla mínima tras su estreno fue un referente del género policiaco, está vez venido del mundo de las series. No fueron pocos quienes señalaron con cierto dejo de perspicacia que La isla mínima se parecía en exceso a la reconocida serie de HBO True detective, y quizá una de las razones es el personaje de Arévalo pues, aunque es bastante diferente al de Matthew M. en la ya citada serie, tiene cierto comportamiento afín que lamentablemente Arévalo no logra capitalizar, como si lo hace su “contraparte” en la serie. Arévalo tiene un personaje eminentemente detallista, Juan es un hombre que aprovecha las miradas y los planos fijos para buscar transmitir al espectador lo que su naturaleza le impide con fluidez, pero el actor no logra darle profundidad y aburre hasta el punto de desconectar totalmente de la película por algunos momentos. Da lástima ver un personaje tan interesante desaprovechando tiempo de pantalla que podría haber profundizado personajes secundarios. La película no remata la jugada y se desploma cada vez que Juan tiene la batuta del guión.

la isla minima secundaria

Pero cuando Arévalo se esfuma, es Javier Gutiérrez el que entra en escena con un espectacular personaje, construido desde el misticismo atípico total y la versatilidad del actor al momento de dotar al personaje de un carisma envolvente, una sorna sarcástica maravillosa y expresiones que ocultan demonios, fantasmas de un pasado que el espectador quizá no logre comprender ni necesita hacerlo, pero que si genera emociones tensas que trascienden al personaje y hacen que todos a su alrededor brillen bajo su luz. Gutiérrez es camaleónico y convierte al “secundario” de la película en un verdadero roba escenas. Arévalo no tiene nada que hacer contra un excelso Gutiérrez que ejemplifica al personaje trágico pero incólume que es Pedro. Juntos iniciaran una serie de eventos desafortunados que los llevaran a tratar de encontrar al secuestrador de las dos niñas.

Mención especial para Manolo Solo, un personaje interesante y que parte con espontaneidad como un secundario cargado de frescura e intriga pues, como el espectador, empieza a hilar entre la misteriosa desaparición con carisma e inteligencia a la hora de dosificar su actuación como periodista curioso en medio del huracán que está por arrasar con todos los personajes. Finalmente Solo completa un reparto casi redondo y equilibrado.

Pero me es imposible terminar la crítica sin mencionar de nuevo la impresionante labor en la dirección de Rodríguez. No he visto ningún otro largometraje del director español, pero puedo decir sin equivocarme que La isla Mínima es una película casi sin fallos en el apartado de dirección y fotografía, una asignatura a prueba de balas que refrenda la perfección Rodríguez, aún con el lunar de la elección de Arévalo, que termina siendo un lastre que aleja la película de cierto nivel de excelencia que hubiese podido alcanzar. Aún así me parece una obra maravillosa del cine español que merece la gran mayoría de los premios recibidos y además pone en la mira a un portentoso director, capaz de hacer por ejemplo persecuciones de infarto con los limitados recursos con los que cuenta. La isla minima es un ejercicio exitoso de estilo y dirección capaz de aprovechar los tópicos del genero para innovar y sorprender al espectador, algo muy difícil de lograr en nuestros días.

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