La gran apuesta
Diego Montejo8.5
Humberto Santana8.5
LO MEJOR
  • El reparto, cada uno aporta una dimensión distinta con actuaciones brillantes
  • El montaje, dinámico y transgresor
  • El guión, la mayoria del tiempo brillante
LO MALO
  • Algunos diálogos muy técnicos y atropellados
8.5Notable

The_Big_Short-portadaTÍTULO ORIGINAL: The Big Short

AÑO: 2015

DURACIÓN: 130 min

GÉNERO: Comedia, Drama financiero

PAÍS: Estados Unidos

DIRECTOR: Adam McKay

ESTRELLAS: Christian Bale, Steve Carell, Ryan Gosling

 

Es complicado descubrir y juzgar una película como La gran apuesta, principalmente por su capacidad  de romper con todos los estándares de sus semejantes en el género y fusionar conceptos, tiempos y mensaje en un caótico pero entretenido y transgresor espectáculo del horror. La gran apuesta es una comedia atípica que difícilmente se escapará a la comparación con su hermana de crítica “El lobo de Wall Street” la obra maestra de Scorsese, sin embargo no podría encontrar un punto de comparación además del tema, pues La Gran apuesta se desvive por juzgar a un sistema y nunca se limita a sus personajes, y es ahí donde la película hace del absurdo su fortaleza. Algo que su director en sus fallidas anteriores obras había tratado de buscar con decepcionantes resultados.

La gran apuesta nunca pivota sobre un único personaje sino sobre uno de los mayores crímenes de la historia moderna y lo confronta con el espectador mediante el hilo conductor que son los cuatro grupos de corredores de Wall Street, unos más involucrados que otros y posicionados de mejor o peor manera, pero siempre como espectadores y apostadores de una catástrofe anunciada. La gran apuesta opta por tomar un camino que solo la depresiva Margin Call de Chandor había capturado de manera ficticia, un camino que también recuerda al oscarizado documental sobre el colapso del 2008, Inside Job, y un camino que retuerce en pos de su propio estilo y personajes. La película marca su propio estilo y nunca siente el peso de sus referentes, acelera con orgullo surfeando sobre una complicada ola de comedia sin dejar de lado la complejidad de la macroeconomía.

McKay entiende como sobrellevar tanta verborrea técnica y soporta un fantástico guión con ayudas visuales e inventiva carismática, siendo incluso capaz de explicar los extensos vicios económicos que precipitaron la catástrofe mediante conceptos cómicos o simples escenas fuera de plano, que lejos de descolocar y restar ritmo a la película, son lo suficientemente interesantes y dinámicas como para acompañarla de un modo gracioso y uniforme con el resto del largometraje. Sin embargo, entendiendo que a veces el guión pueda acelerarse demasiado al incluir conceptos y confundir al espectador, lo veo como una fortaleza doble, ya que en realidad casi todos los personajes no tienen idea de lo que sucede a su alrededor con el dinero que va y viene de Wall Street, así que la adrenalínica y turbulenta seguidilla de conceptos técnicos colabora a instaurar un caótico status quo con el que la película se siente en todo momento identificada, y el espectador contaminado.

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Todo lo anterior se suma a una banda sonora apabullante y juvenil, además de un montaje dinámico, acelerado y tan esquizofrénico como el tema que trata, convirtiendo a La gran apuesta en algo más que una película seguidora del extenso legado dejado por Scorsese, desligándola definitivamente de su hermana mayor. McKay sorprende convirtiendo al personaje de Carell en un mártir moral del sistema, siendo el único de los cuatro grupos principales en dudar sobre las reprobables acciones y confrontar a los demás (y de paso al espectador) con duras críticas al gobierno, al sistema y a la economía global. McKay no abandona el curioso cisma sentimental y alterna los excesos con la calma de una manera espléndida; sabe jugar con las expectativas del espectador que cree estar ante constructos de una sociedad corrupta y es bombardeado por las consecuencias desastrosas de la crisis (ocho millones de desempleados entre otras) con imágenes contundentes y diálogos que recuerdan a Inside Job como dardo crítico a los moderadores económicos, todo sin volcarse al sentimentalismo barato y sin caer en disonancias de tono y tema.

Todo el peso de la película recae en los personajes y La gran apuesta pone las manos en el fuego por la extensa pasarela de personajes variopintos que quieren su parte del pastel en el enorme naufragio económico. La película abre con el Doctor Michael Berry (excelso, magnífico Christian Bale) un excéntrico asesor financiero que tras ardua investigación deduce matemáticamente que el sistema económico norteamericano colapsaría años después. A partir de su informe se desgrana un efecto en cadena (muchas veces guiado por cómico azar) que presenta de manera rítmica cada nuevo personaje o grupo interesado en aprovecharse del cataclismo nacional, entre ellos quiero nombrar la enorme labor de Steve Carell como Mark Baum, director de un fondo de inversores que se une a la búsqueda con su actitud enfadada y al borde de un ataque de nervios (algo que Carell sabe hacer muy bien), y a partir de ahí podemos nombrar al narrador omnisciente que es Ryan Gosling, o la pareja de novatos que desde su garaje empiezan a aprovecharse del juego de probabilidades, acompañados por un taciturno Brad Pitt que cumple como un personaje muy secundario. En síntesis, el trabajo actoral y la sincronía en La gran apuesta son casi perfectos, y aunque a veces se echa en falta la presencia de uno o de otro (todos tienen una potencia indescriptible), la película baraja muy bien sus cartas y los casi seis protagonistas convierten a la película en una comedia sólida y fundamentada.

Es difícil encontrarle mayores puntos negativos a La gran apuesta, quizá el mensaje y tema sean demasiado duros para algunos espectadores, o quizá la película sea tortuosa para otros; personalmente no podía alejar la mirada de la pantalla durante las más de dos horas de largometraje, absorto en un guión excelso y una dirección que en todo momento está presente para sustentarlo, además de un reparto a un nivel extraterrestre, convirtiendo la película en una de mis favoritas del año. Difícilmente se puede encontrar un mejor montaje o guión adaptado como el que McKay ha construido para esta película; hipnótica, fascinante y llena de una vitalidad que casi produce empatía, aún tratándose de un tema deplorable como es la corrupción económica que llevó al filo del abismo, no solo a Estados Unidos, sino también al resto del planeta.

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