La forma del agua
Humberto Santana8.5
LO MEJOR
  • Su magia
  • Las actuaciones
  • Lo que logran guion y dirección de Guillermo del Toro
8.5Notable

TÍTULO ORIGINAL: The Shape of Water

AÑO: 2017

DURACIÓN: 2h 3min

GÉNERO: Fantasía, Drama, Aventuras

PAÍS: Estados Unidos

DIRECTOR:  Guillermo del Toro

ESTRELLAS:  Sally Hawkins, Octavia Spencer, Richard Jenkins, Michael Shannon, Michael Stuhlbarg

 

De entrada, La forma del agua atrapa. El mundo que el director Guillermo del Toro y su equipo fabrican es particular, pero por encima de todo muy atrayente. Situada en Baltimore a principios de los años sesentas, desde la primera escena impacta la riqueza visual del formato. Los colores cálidos, bien definidos y saturados, junto con una excelente ambientación, casi como un cómic de antaño, transportan irremediablemente a la época.

Pero la riqueza de este mundo no se limita a lo visual. Lo tejen todas las fibras que conforman la película. Desde el manejo de la cámara, que transmite la sensación de ir flotando continuamente, pasando por la música y los sonidos evocadores, hasta la revelación progresiva de los particulares personajes, es inevitable sumergirse de lleno en el mundo fantástico de del Toro.

La forma del agua no se deja circunscribir a un único género cinematográfico, se mueve en varios frentes al mismo tiempo. Es sin duda una película romántica, pero la tensión del suspenso de la trama, bajo un marco de espionaje en plena Guerra Fría, es el vehículo que hace que las dos horas de rodaje pasen como una exhalación. Y en el centro, dándole coherencia y sentido a todo, está el drama de sus personajes, fundamentales en la conformación de esta exuberancia cinematográfica.

Elisa (Sally Hawkins) vive sola, es muda y trabaja como aseadora nocturna en una base militar de alta seguridad, a la que traen una criatura desconocida y exótica, capturada en alguna selva suramericana, con la que termina entablando una relación, llevándole frecuentemente huevos cocidos y música jazz en un tocadiscos portátil. Su personaje, como es de esperarse de una persona que no puede hablar, es increíblemente expresivo, pero Hawkins logra además desarrollar una difícil combinación de características, siendo al mismo tiempo cándida, ingenua, valiente y con determinación, imprimiéndole simultáneamente un gran carácter y una empatía mágica.

Y es que todos los personajes, hasta los aparentemente menos relevantes, aportan enormemente  y terminan siendo indispensables en la riqueza del drama de la historia. Giles (Richard Jenkins), su vecino viejo y solitario, un ilustrador gráfico relegado laboralmente por la fuerza de la fotografía en la publicidad, y auto-relegado por su orientación sexual en una sociedad cerrada, es sin duda una de las estrellas tácitas de la película, mereciendo todos los premios y nominaciones. La otra de estas estrellas paralelas, Zelda (Octavia Spencer), compañera de trabajo de Elisa y quien sin duda no necesita amigas que hablen porque ella lo hace por cuatro, hace un papel entrañable y que aporta gran parte del humor a la película, merecedora también de todas las estatuillas y nominaciones. Richard (Michael Shannon), el villano, y Dr. Hoffstetler (Michael Stuhlbarg), el espía, todos contribuyen enormemente al resultado final, logrando un gran balance y haciendo que sin que nadie absorba del todo el protagonismo, el conjunto sea realmente sobresaliente.

 

 

La nueva película de Guillermo del Toro es en muchos sentidos una oda al cine mismo. Desde el hecho de que sus protagonistas vivan en un edificio en el que en el primer piso opera un viejo teatro de cine, el Orpheum, pasando por las innumerables pantallas de televisión que emiten musicales y películas épicas, hasta el hecho de que sea esta una película que se convierte en una apología al cine de fantasía y aventuras, uno de los géneros por los que surgió el séptimo arte, favorito del público y también de la crítica, su constante evocar al cine clásico, a su capacidad de hacer soñar, hace de La forma del agua una película homenaje al cine.

Pero lo que hace especial a La forma del agua, es su magia. Una magia que solo se logra al juntar todos los ingredientes necesarios; como se dijo, los elementos sensoriales visuales y auditivos, las actuaciones, un guion impecable, todo esto bajo la dirección de Guillermo del Toro, orquestando magistralmente su propia obra de arte. La forma del agua termina siendo una metáfora poética que habla sobre la relegación, sobre el valor de oponerse, sobre la amistad y, fundamentalmente, sobre el amor.

 

 

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