La estrategia del caracol
César Padilla Herrera8
LO BUENO
  • La cadencia y el ademan del relato contado por el paisa.
  • Cuando dicen por qué hicieron todo: por dignidad.
  • La voluntad de la comunidad.
LO MALO
  • A veces cae en el maniqueismo
  • El Dr. Holguín y Víctor Mallarino
  • Es una analepsis, y por tanto el verdadero final es el desalojo con el cuál comienza la película.
8Muy Buena
Puntuación de los lectores: (6 Votes)
9.9

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OTROS TÍTULOS: The Snail’s Strategy

AÑO: 1993

DURACIÓN: 116 min

GÉNERO: Drama, comedia

PAÍS: Colombia

DIRECTOR: Sergio Cabrera

ESTRELLAS:  Fausto Cabrera, Frank Ramírez, Vicky Hernandez, Delfina Guido

 

El 31 de Octubre de 1993 en la página A9 un periódico de Schenectady, New York, informó que una película colombiana se llevó la Espiga de Oro en el festival de Valladolid. Yo no sabía por qué le habían dado ese reconocimiento, menos, a quién le había ganado, pero en este, el año de los tartufos, la película vuelve a tener vigencia, y yo comienzo a entender las razones de ese premio, y a reexaminar la potencia de la hijueputa casa pintada. 

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Lo que siempre me atrapa es, ese cuadro de, la comunidad cooperante. Gente que se ayuda. División voluntaria del trabajo. Relaciones horizontales. Y eso a pesar de las muchas diferencias entre las personas que la integran;  el atribulado queer, el perro romero, Justo, Jacinto, Misia Trina, todos en el mismo éxodo, siguiendo la misma brújula y “libres de la fatídica sombra de la duda. Esta cooperación fue a la vez resistencia a la parafernalia de la ley.

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La comunidad de la casa Uribe se resistió a la ley, representada por el juez, el abogado resbaladizo, el odioso Holguín (interpretado por el siempre exagerado Víctor Mallarino) por el protocolo notarial, así como todas las demás formas y hombres grises. Ahora, dispuesto así, el relato, parece una versión maniquea, o sea una historia donde hay un malo muy malo opresor contra unos buenos muy buenos ingenuos: ley versus comunidad, legalidad contra justicia social, interés de las elites versus necesidad de los desposeídos. Y bueno, sí, el relato muestra algo así, pero no porque quiera denunciar los excesos de los de arriba y la minusvalía en la base sino porque quiere demostrar que la fortaleza de la jerarquía no es inexpugnable; esa fue la verdadera hazaña lograda por la Casa Uribe grafitiarle a los tartufos: aunque ustedes tienen razón, nosotros siempre tendremos voluntad.

¿Cuál voluntad? pues la de moverse con todo y casa, como los caracoles. Sobra decir que la casa de ese molusco es su mismo cuerpo, o que la raíz en latín de caracol, es la misma que la de, la palabra, cuchara: cochleāre. Entonces, también es la voluntad de darse a sí mismos techo y comida, Es la estrategia del caracol y la cuchara.

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Por otro lado, no estoy de acuerdo con el paisa culebrero, en que Víctor Honorio Mosquera fuera un hijueputa. Era más bien un títere, así como el juez. Ambos era las herramientas del propietario. Y bueno, tampoco estoy de acuerdo con eso. Era demasiado nítida la frontera buenos/malos. Por ejemplo, Don Quijote, o sea Jacinto, tiene montada la propaganda antiestablishment trazando la línea entre la ley y lo justo, sugiriendo una de dos opciones: resistir o morir. Romero, quizá el personaje más interesante, fue quién mejor puso a prueba esa frontera, el humilde aspirante a abogado, tenía tanta fe en las personas como en la ley pues está última no podía ser, como sugería siempre Jacinto, una herramienta exclusivamente para la opresión; para el perro la ley era -y es- una garantía para los desposeídos, él mismo la usó para ganar algunas batallas a favor de la estrategia.

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Aunque, debo reconocer que, entiendo a Jacinto. El es un exiliado español, un melancólico, heredero de la revolución española de 1936, probablemente anarcocomunista. El -como el director Sergio Cabrera- es un desencantado del reino político por ello solo puede creer en la comunidad, en el movimiento pero no más en el Estado, ni en el partido. Ese es también el tono político de toda la película; en parte, debido a que Cabrera se basó en un popular cuento chino, El viejo tonto removió las montañas  que a veces usaba Mao Tse-Tung en sus discursos para decir al pueblo: Debemos perseverar en nuestra decisión y trabajar sin cesar... Sin embargo, la película no ejerce ninguna forma de proselitismo, y más bien, insisto, representa la potencia de la gente trabajando en comunidad.

Para ser justos, yo suprimiría varios de los chistes que le quitan drama o bien esos dramas ligeros que le quitan comedia pero ya a Cabrera le tocó quitarle mucho. Varias escenas fueron eliminadas, veinticinco escenas, media hora en total. No quedó el refrán que diría Romero al final: allí donde la sangre corre, el árbol del olvido no puede crecer. Tampoco las frases de Jacinto:¿ quién puede movilizar un bosque y hacer que el arból arranque su raíz del fondo de la tierra?. No se vio el entierro de Lazaro que no se levanto, ni ando. Y ni el verdadero final se salvo. Pero quedo, como dice el mismo director, el concepto de la película y, yo agregaría, el eco de lo que paso el 31 de octubre a las 8 de la mañana, frente a la pajarera y que resuena hoy en el año de los tartufos.

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