La dama de oro
Andrés Quintero7
Humberto Santana6
LO MEJOR
  • Helen Mirren. No hay mucho que decir. Ella lo dice todo
  • Seguir emocionándose pese a lo evidente de sus claves emotivas.
  • Viena. Siempre Viena
LO PEOR
  • Lo demasiado evidente de sus claves emotivas
  • El inevitable contraste entre las actuaciones de sus protagonistas.
6.5Buena

la dama de oro aficheTÍTULO ORIGINAL: Woman in Gold

AÑO: 2015

DURACIÓN: 109 min

GÉNERO: Drama

PAÍS: Reino Unido

DIRECTOR: Simon Curtis

ESTRELLAS: Helen Mirren, Ryan Reynolds, Daniel Brühl

 

El cine en general y no solo el de Hollywood apela a fórmulas que sabe infalibles cuando se trata de apropiarse de la emoción del espectador. En el caso de La dama de oro la fórmula contundente es la que resulta de mezclar, por un lado, las infamias del nazismo contra los judíos durante la segunda guerra mundial y, por el otro, esa visión idílica e irreal del ejercicio de la abogacía en la que ante un jurado perplejo y conmovido el litigante expone su causa con un derroche de pasión y convicción. Si a este binomio se le suma la relación dispar entre una mujer ya mayor – ácida, flemática pero encantadora – y un joven abogado – inseguro, tímido pero entusiasta y decidido – el producto está asegurado. Por mucho que se las haya visto, siempre será difícil sustraerse de la conmoción que causan las atrocidades cometidas contra el pueblo judío y siempre será fácil caer en la tentación cutánea de casi aplaudir cuando el jurista emocionado, ante una corte circunspecta y flamante, hace vencer una causa justa sobreponiéndose a toda suerte de adversidades.

La dama de oro dirigida por Simón Curtis cuenta la historia, basada en hechos reales, de Maria Altmann (Helen Mirren), una mujer judía que se vio forzada durante la ocupación nazi a abandonar su amada Viena y, más que a su esplendorosa ciudad, a unos padres a los que la cruz esvástica les sustrajo no solo sus bienes, sino su vida misma. Sesenta años después y contra la que fuera por años su determinación, María regresa a Austria con el quijostesco cometido de recuperar las obras de arte que el régimen le confiscó a su familia y, en particular, tras la restitución del archifamoso Retrato de Adele Bloch-Bauer en el que su bella y enigmática tía Adele posó como modelo para el pintor austriaco Gustav Klimt. La impulsa y acompaña en esta aventura el joven e inexperto abogado Randy Schoenberg (Ryan Reynolds) que comparte con María sus antecedentes judío-austriacos y quien terminará abrazando, con más ahínco que su propia cliente,   esta causa internacional para la restitución de los bienes arrebatados.

La dama de oro secundaria 1

Sin propuestas que sorprendan y sin ínfulas de permanencia o trascendencia, La dama de oro es una película bien hecha. La manera como su director alterna pasado y presente es más fluida y coherente que el tan generalizado y episódico uso de los flash backs. Con una mirada evocadora que anuncia los desplazamientos temporales, en La dama de oro los planos de pasado y presente se alternan para que sea la historia la que explique el porqué siempre al segundo lo explica el primero.

Curtis esquiva preciosismos pero no renuncia al encanto de la recreación de unos ambientes cargados de sofisticación y elegancia . La Viena de la primera mitad del siglo pasado es fascinante y así lo testimonia su arquitectura, su gente y, especialmente, su estrechísima e intima relación con el mundo del arte. Es este glamour el que se nos presenta rasgado, casi destrozado, por la ocupación nazi pero es este mismo encanto el que, cincuenta anos más tarde, reaparece intacto cuando Maria y Randy vuelven a la que sienten por sus antepasados como su ciudad para reclamar cada uno lo suyo: ella lo que sin justicia le confiscaron y él un triunfo profesional en un caso muy sonado y, porque no, unos buenos millones que hagan la vida más plácida y llevadera. La historia está bien contada, su estética es impecable y si bien no alcanza frecuencias hondas de estremecimiento, sí logra momentos gratos de emoción. El habernos acostumbrado, por el tipo de cine que usualmente vemos, a una serie de aciertos en el lenguaje cinematográfico (fotografía, ambientación, discurso narrativo etc) no es argumento para dejar de lado su justa valoración. El cine no cambia tanto; los que cambiamos somos nosotros y a veces lo hacemos, sin darnos cuenta, yéndonos hacia la aridez de la indiferencia o hacia esa tonta adultez incompatible con la capacidad de asombro y sorpresa.

Al escribir sobre La dama de oro es necesario escribir sobre Helen Mirren, su eje central y protagónico. Imagino a la Mirren en la vida real tal y como la vemos, no solo en esta sino en varias otras de sus películas: elegante, refinada, irreverente, sarcástica y con esa inusual belleza realzada por el paso del tiempo. De ser así lo que habría que decir es que la actriz británica le transmite a sus personajes, trajeándolos a su medida, su porte y su talento. Y si fuera lo contrario, si en la vida real Helen Mirren, siempre bella, es una mujera tímida, taciturna y reservada, aún más notable sería su magnetismo actoral al imprimirle a sus personajes una personalidad tan distinta a la suya. Más allá de estas inoficiosas especulaciones lo cierto es que la Mirren se devora el mundo frente a la cámara porque sabe, como los grandes, desentenderse de ella.

la dama de oro secundaria

El pasado es el pasado y hay que dejarlo atrás, le dice María a Andy en un pasaje desesperanzado de la película; el opuesto es el mensaje de La dama de oro . Su propuesta es la reiteración de que el pasado no es un tiempo ido y estanco, sino una presencia que se vuelve atemporal para infiltrarse en el presente y así transmitirle sentido al futuro. Al cine a veces le corresponde ir a su rescate para que, sin perjuicio de los momentos de emoción y placer, podamos entendernos mejor.

Sobre El Autor

Andrés Quintero M.
Dirección Distinta Mirada

Dirección Distinta Mirada

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