La cura siniestra
Diego Solorzano7
LO MEJOR
  • A nivel visual es un trabajo impecable, una película de hermosa factura
  • La atmósfera. Es atrapante en forma, su director es un maestro al crear ambientes incómodos
  • Sin importar el resultado, es una película fascinante y extraña que llamará la atención de cualquier clase de espectador
LO PEOR
  • Su duración. Aunque hay escenas muy simbólicas, a veces no queda claro por qué están sirviendo de relleno para extender la pelicula
  • El guion pudo ser mejor, hay temas que quedan sin respuesta y dejan descolocado al espectador
  • Es extremadamente divisiva. Entiendo perfectamente que guste mucho, o absolutamente nada
7BUENA
Puntuación de los lectores: (5 Votes)
7.8

OTROS TÍTULOS: A Cure for the Wellness

AÑO: 2016

DURACIÓN: 146 min

GÉNERO: Suspenso, Drama

PAÍS: Estados Unidos

DIRECTOR: Gore Verbinski

ESTRELLAS: Dane DeHaan, Jason Isaacs, Mia Goth

 

La cura siniestra –cuyo título en español es atroz, destruye el significado literal de la cura- es una película irregular con un planteamiento difuso y unas bases endebles que en manos de cualquier director se caería como un castillo de naipes. Es una película de dudosa consecución, un juego de humo y espejos extraños que podría confundirse entre la maestría y la más absoluta estafa de dos horas y media de tiempo perdido.

Y aun así, no puedes dejar de mirarla.

Pocas veces tantos temas convergen de manera tan errática para dar a luz un producto como La cura siniestra, pues su consecución desemboca en un frankenstein extraño, una dosis extraña de una gran cantidad de trucos narrativos, en una maraña psicotrópica que confunde deliberadamente, que plantea preguntas a cada minuto que pasa sin prometer su pronta respuesta, que descoloca con planos de inexplicable belleza desasosegante, y un in crescendo de incomodidad que Gore Verbinski ya había plantado en nosotros con su remake de El aro. La cura siniestra es quizá la película comercial más original que se ha visto en la cartelera de los últimos cinco años, y al momento de escribir esta crítica no encuentro un solo argumento numérico para resumirla, tanto que la calificación de siete inicial se puede demeritar al leer las primeras líneas de esta reseña.

Y aun así, no puedes dejar de mirarla.

La cura siniestra es una película fascinante que da pocas pistas al espectador para seguir a Lockhart en su periplo por los Alpes suizos, un personaje antipático que no genera una sola gota de empatía pues es el arquetipo perfecto del capitalista salvaje, un hombre sin escrúpulos para ascender dentro de su propia compañía, empresa que le llevará hasta un perdido asilo en las montañas europeas donde se promete la cura a los males que aquejan al hombre, y en este caso sin saberlo, al joven protagonista.

Como una suerte de Drácula en el siglo XXI inicia este extraño descenso a uno de los misterios mejor guardados de los Alpes suizos y que sumergirán al espectador en un submundo incómodo y extraño, quizá nunca terrorífico pero lo suficientemente intrigante para que nunca retire la vista de la pantalla. La cura siniestra juega sus cartas aún sacrificando cohesión y ritmo por mantener el inescrutable misterio que rodea el antiquísimo castillo suizo. Gore Verbinski gana la partida a mediano plazo pero a lo largo de su metraje, la película resiente este sacrificio y la lentitud hace acto de presencia cuando no debería, con escenas que buscan añadir mitología a la obra pero restan importancia al fondo del guion, dejando más cabos sueltos de los que debería tener una película de su extensión. No obstante, logra su cometido como un buen acto de humo y espejos, haciendo que estas preguntas se dilaten hasta el final de la cinta y hagamos que nos planteemos la siguiente duda existencial: ¿Es La cura siniestra una buena película?

En el sala de cine la incógnita se mantuvo en el aire, e incluso horas después de verla aún flotaba la pregunta por encima del imaginario que había generado la obra de Verbinski, un director que de un modo u otro hace buenas películas (o al menos solventes como mínimo), pero cuando se le otorga libertad creativa es capaz de imprimir su caleidoscópica personalidad  -como ya lo haría con su oscarizada Rango– donde nada es lo que parece para el espectador. Sin duda es una película bien hecha pues su atmósfera siniestra sería imposible sin un diseño de producción excelso y una fotografía plástica pero funcional que logra sumergir en el cruce estilístico que representa la obra.

En La cura siniestra el cruce de estilos es muy evidente, pues salta de un drama al más aguerrido suspense, pasando por la sobreexposición de su particular horror –lo cual sirve como antítesis al suspense inicial sin caer en el terror–, creando incomodidad en el espectador hasta finalizar con un auténtico clásico de culto gótico, cruzado con ciencia ficción. Esta variopinta caterva de influencias demarca la tónica a la que Verbinski se aferra durante las dos horas y media que dura la cinta. La cura siniestra busca deliberadamente confundir y hacer que la pregunta anteriormente planteada no sea tan fácil de responder. Ni siquiera su plantel de personajes logra clarificarlo: Por un lado, Lockhart es un personaje bien definido pero con un pasado que, de alguna manera, afecta su situación actual; ¿Hasta qué punto esto es así? No lo sabemos. El dueño del asilo representa el estatismo de las regiones más alejadas de la humanidad que se enfrenta al inexorable cinismo del protagonista. Esto plantea una crítica al capitalismo que por momentos brilla con fuerza, pero se ahoga entre las visiones extrañas y la paranoia esquizoide que empieza a permear a nuestro protagonista a medida que pasa más tiempo dentro de la institución médica.

Tampoco queda clara la función de algunas escenas como la primera –no miento cuando digo que sin ella la película podría continuar sin problema alguno– ni tampoco si la maniobra de shock a la que Verbinski busca recurrentemente logre dar consistencia a la cinta. Por supuesto que esto dependerá de cada espectador y de cómo en su mente logre ordenar este romántico caos alucinógeno, pero sin duda es una película que se aferra al recuerdo, de un modo u otro –haya gustado o no – va a estar anclada en cualquier espectador. No recomiendo ceñirse a lo que dice la nota en esta reseña –ha sido una tarea ardua y poco gratificante darle una nota a esta película– pues ni siquiera como escritor he logrado ordenar en mi cabeza las ideas y los flecos que el guion, de manera deliberada o no, deja al imaginario del público.

Lo único que puedo asegurar con pleno acto de consciencia es que pocas veces he visto una película que logre causar tanto desasosiego con tan poco. La cura siniestra nunca se adscribe a las reglas básicas del terror moderno, y se sale por la tangente cuando se trata de explicar su propio mito, abrazando continuamente una especie de fantasía gótica que le queda bien a la cinta pero que no es uniforme; sin embargo, mantiene un aura extraña y enferma en cada plano. Verbinski nunca renuncia a esa incomodidad y mantiene al espectador en una especie de ensueño inconsciente, desagradable y enfermizo, quizá por eso es tan difícil dar un veredicto final a la película.

Pero quizá –tan solo quizá– es en esa incomodidad donde reside la fuerza de La cura siniestra, es meritorio que una cinta de casi dos horas y media logre tomarte del cuello y desagradarte o encantarte, pero nunca alejarte con apatía. Es fascinante en toda la concepción de la palabra, extraña y carente de sentido pero, quizá a nivel demasiado personal, un festín de paranoias, humo y espejos lo suficientemente atractivo para terminar convirtiéndose en un nuevo clásico de culto que odiarás o amarás pero que nunca te dejará impávido.

Sobre El Autor

Diego Solorzano
Colaborador (Colombia)

Colaborador

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