La cumbre escarlata
Diego Montejo8
Lo Mejor
  • El apartado visual, el diseño artístico, las actuaciones y un argumento envolvente y cautivador
  • NO es una película de terror
Lo Malo
  • Las escenas con fantasmas no aportan demasiado al conjunto, podrían haberse aprovechado más
8Muy Buena

 la-cumbre-escarlata-poster-mia-wasikowskaTÍTULO ORIGINAL: Crimson Peak

OTROS TÍTULOS: Sicario: En tierra de nadie

AÑO: 2015

DURACIÓN: 119 minutos

GÉNERO: Drama, Suspenso, Gótico, Fantasía

PAÍS: Estados Unidos

DIRECTOR: Guillermo del Toro

ESTRELLAS: Mia Wasikowska, Jessica Chastain, Tom Hiddleston, Charlie Hunnam

 

En la industria del cine actual se ven muy rara vez extraños casos de originalidad y éxito. En la mayoría de largometrajes el director cede en su creatividad ante las decisiones de producción, en pos del dinero y de satisfacer las necesidades comerciales de la compañía. Precisamente eso sucede con la publicidad de La Cumbre Escarlata, la última obra del gran realizador mexicano Guillermo del Toro, que se ha vendido como algo que no es, ni intenta ser. La cumbre escarlata no es una película de terror, no es una historia de miedo o de horror como su tráiler puede indicar. La Cumbre se aleja de todas las etiquetas actuales y rememora las historias góticas clásicas que el cine de suspenso nos dio en los años 70’s o durante los 90’s con el Drácula de Coppola.

“No es una historia de fantasmas, el fantasma es una metáfora”, es la frase que usa Edith (la sensacional Mia Wasikowska) para tratar de explicar el libro al editor, extrapolable para entender el particular acontecimiento visual que es la película, pues como en la frase, La cumbre no es una historia de fantasmas aún teniéndolos; no hay terror ni saltos en la silla, ni tampoco pretende hacerlo. Sus primeros minutos recuerdan más bien a un drama de época que va construyendo poco a poco una trama de suspenso sensacional, que recuerda a Coppola en Drácula en su construcción de personajes, mediante la seducción y la atracción hacia lo sobrenatural y misterioso. Sin embargo, es entendible que el público generalista vaya con una sensación equivocada al cine, pues un producto tan anómalo y creativo como La Cumbre no podría recuperar la inversión (55 millones de dólares) sin el gancho adecuado; es sin embargo una pena que Universal la publicite como lo que no es.

Dejando de lado su fallida campaña publicitaria, La cumbre se impone en los primeros minutos con una declaración de intenciones. Nos centramos en la vida de Edith, la joven sucesora de una adinerada familia norteamericana dedicada a la construcción, y una protagonista que se aleja de los estándares de la sociedad femenina del siglo XIX para centrarse (con cierta rebeldía) en escribir sus propias historias, basadas indirectamente en su capacidad de ver fantasmas, adquirida en la niñez a raíz de la muerte de su madre. Esto la lleva a conocer de manera fortuita a Thomas Sharpe (Tom Hiddleston) y a su hermana Lucille Sharpe (Jessica Chastain), una pareja de británicos extrañamente fascinante que llevará la atención de Edith a misteriosos lugares y situaciones que pondrán en peligro su cordura, todo bajo el manto de la seducción del baronet británico Sharpe y una espiral cada de violencia sangrienta y suspenso Hitchcockniano.

Como dije en un principio, La Cumbre escarlata recuerda a las películas de época basadas en monstruos u horribles secretos fantasmales, bebe de referentes sin perder nunca la originalidad de su argumento, y transcribe la tensión al espectador aún cuando éste ya parece haber adivinado las intenciones de la película. No se me malinterprete, La Cumbre no resulta obvia en funcionamiento, pero nunca se preocupa por esconder el giro final. Del Toro se centra en los detalles dosificados de los hermanos Sharpe antes que en el devenir de la historia, y eso es de agradecer. Nunca resulta pesada la trama de suspenso y fluye con naturalidad hacia el tramo final de la película, sin pretender añadir sutilezas de más en una película que no las necesita en exceso.

Sin embargo, en paralelo a este drama de suspenso psicológico, se suma de manera innecesaria la presencia de los fantasmas, seres que solo Edith puede observar y que parecen guiarla entre los acontecimientos que tienen lugar a su alrededor. Lamentablemente no están desarrollados y actúan más como una excusa e imposición comercial, antes que como un verdadero sentido dentro de la trama. En cierto modo son prescindibles y la película podría seguir su fantástico curso sin los innecesarios paréntesis narrativos que supone su presencia. Nuevamente, la presencia de estos es testimonial y no genera terror, y aunque buscan ser metáforas del pasado (lo cual tiene un paso) no termino de ver la preponderancia necesaria de involucrarlos cada tanto en la trama. La Cumbre no busca el terror, ni es una película de terror, necesario recordatorio para todo aquel que vaya con ideas equivocadas a la sala de cine.

Crimson secundaria 1

A nivel de producción, La Cumbre escarlata es una de las películas más bellas que he visto y quizá, después de la laboriosa dedicación puesta en El laberinto del fauno, es la película mejor lograda de su director a nivel visual. Impresionantes decorados en las misteriosas mansiones victorianas y una extraordinaria obsesión hacia los detalles visuales, desde las fantásticas vestimentas de los personajes hasta el más ínfimo detalle en una habitación, hacen parte del lúgubre mundo que compone la película, todo enfocado a explotar la creatividad de Del Toro. Los fantasmas son fruto de efectos especiales apenas correctos, quizá por el poco interés que tiene el director en hacer uso de estos.

Pero donde brilla la cumbre escarlata es en la dedicación de sus actores, pues ningún drama gótico y de suspenso funciona sin una perfecta sincronía trágica de sus personajes. Mia Wasikowska se confirma de nuevo como una actriz con un potencial enorme de cara al futuro (puede actuar lo que sea) y convence en su inocente visión del mundo que rodea a Edith. Tom Hiddleston sorprende y brinda un personaje difícil de encasillar en un bando u otro; un verdadero protagonista de tragedia que, junto con Jessica Chastain, componen una interesante y retorcida pareja protagonista que causará más curiosidad que hostilidad en el espectador. Ambos a un nivel actoral superlativo.

Y detrás de todo está Guillermo Del Toro, uno de los mejores realizadores del momento que se reafirma como una máquina de creatividad y maravilla visual, capaz de cambiar de géneros mientras estos acompañen las ideas que surgen de su mente. La cumbre escarlata es su carta de amor al género gótico y en general, es la demostración del alma hecha película, un producto tan original como benevolente con el espectador. Nunca es autocomplaciente en la puesta de escena (en contraposición, por ejemplo, al decadente cine de Tim Burton), sabiendo siempre como supeditar lo visual al guión, y puedo decir sin temor a equivocarme que es una de las películas que más he disfrutado en lo que va del año, un espectáculo visual inteligente, creativo y maravilloso en su lúgubre modo, con la marca inequívoca del brillante director mexicano, que afrontando muchos riesgos, saca adelante una nueva obra original para gusto de todos los espectadores.

Sobre El Autor

Diego Solorzano
Colaborador (Colombia)

Colaborador

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