La casa junto al mar
Andrés Quintero7.5
LO MEJOR
  • Su inconfundible sello francés
  • La seguridad y veteranía de sus tres protagonistas
  • La consistencia, obsesiva casi, de su director Robert Guédiguian respecto del ser y el tener
LO MALO
  • La visión un tanto etiquetada de la relación entre hermanos
  • La consistencia, casi obsesiva, de Robert Guédiguiean respecto del ser y el teener
7.5Buena

TÍTULO ORIGINAL: La villa

AÑO: 2017

DURACIÓN: 1 hora 47 min

GÉNERO: Drama, Familia

PAÍS: Francia

DIRECTOR:  Rober Guédiguian

ESTRELLAS: Ariane Ascaride, Jean-Pierre Darroussin, Gérard Meylan, Jacques Boudet, Anaïs Demoustier

Pasa el tiempo. En febrero de 2013 escribí, en este mismo espacio, una reseña sobre Las nieves del Kilimanjaro. https://distintamirada.com/pelicula-cine-critica/las-nieves-del-kilimanjaro/Comenté entonces que había sido gracias al Festival de Cine Francés de ese momento que habíamos podido tener acceso, por primera vez en nuestras salas de cine, a una película del director Robert Guédiguian. Siete años después volvimos a tener – y otra  vez por obra y gracia del festival galo – otra película de este director francés y, conviene precisarlo en su caso, marsellés.

Estoy hablando de La casa junto al mar el penúltimo trabajo (2017)  de Guédiguian que vuelve a exhibir los elementos tradicionales de su obra cinematográfica.  Su cine es la expresión reiterativa, maniquea dirían algunos,  de la sociedad  francesa – y, quizás, de toda una humanidad –  tatuada por la diferencia de ideales.  Mientras que algunos aspiran a un bienestar colectivo forjado a punto de solidaridad y equidad, otros persiguen, jalonados ya por una suerte de inercia cultural, el confort material que supuestamente habrá de traerles la buena administración de su libertad individual.

Si se nace en Marsella un 3 de diciembre de 1953, si se tienen quince años cuando París arde en el icónico mayo del 68, si se estudia sociología en esa misma ciudad y si, como si ya no fuera suficiente,  se casa con una mujer de nombre Ariana, también  socióloga y estudiante de dramaturgia, nada distinto puede esperarse de un narrador como Guédiguian que la denuncia insistente, no repetitiva, de un mundo amenazado por un consumismo voraz y por una banalización creciente del relacionamiento humano.

En La casa junto al mar Guédiguian apela al muy frecuente tema de los reencuentros familiares. En esta oportunidad tres hermanos se reúnen en la casa marsellesa que los vio crecer para acompañar al padre anciano que, encerrado en el mutismo de su enfermedad, no hace otra cosa que mirar el mar desde su terraza semicircular.

Como en Las nieves del Kilimanjaro , Guédiguian no se limita a la denuncia social. La tiene siempre como contexto pero teje en su interior historias agridulces de esperanza, desilusión y solidaridad.

Unos de esos lugares comunes con los que cargamos es que los franceses son engreídos, intelectuales,  fumadores, socialistas, algo decadentes, bebedores de vino y artistas.  Que tanto de cierto hay en este estereotipo no es más que un simple e inútil juego porque los franceses no son un colectivo uniforme y porque las características que se le endilgan son tantas que algunas de ellas siempre podrán estar en este o en aquel francés. Lo cierto es que los protagonistas de La casa junto al mar son, a la sombra de esta rotulación facilista, típicamente franceses, como típicamente francesa es La casa junto al mar.

Que se hable del cine francés con el énfasis que suele emplearse en su nacionalidad, no es más que el reconocimiento a un estilo, a una impronta propia que con comprensibles desvíos y excepciones, ha sabido permanecer a lo largo del tiempo.

Pero no fue solo el tono de rebelde melancolía el que reconocí cuando, inconsciente de ello, volví al cine de Guédiguian.  También me parecieron familiares los rostros de sus protagonistas y es que, así lo comprobé luego, los tres hermanos fueron también los protagonistas de Las nieves del Kilimanjaron (Ariane Ascaride, Jean-Pierre Daroussin y Gérardo Meylan) . Un repaso de la filmografía de Guédiguian muestra que estos tres actores han sido sus compañeros inseparables. De hecho Ariane Ascaride es, además de la protagonista de casi todas sus películas, su esposa. Sí, la misma, la  estudiante de sociología y dramaturgia en los convulsos setentas parisinos….

Mérito o monotonía? Reiteración valiente o cómoda repetición? Para algunos el disco de Guédiguian se rayó hace ya mucho tiempo y su scratch perdió todo su encanto; para otros, su trabajo, incluido su reparto recurrente, es una prueba de fidelidad y coherencia a un modo de ver y vivir la vida, a la permanencia de una ideología. Personalmente creo que la decisión deliberada de Guédiguian de volver sobre ciertos tópicos con los mismos actores es y seguirá siendo válida siempre que, como lo hace en La casa junto al mar,  lo acompase, enriquezca, actualice y diversifique con otras perspectivas y otras visiones.

El sello propio del cine francés, como el ya más particular del cine de Guédiguian, no son, en sí mismos, sinónimos de nada. Lo serán de reconocimiento, calidad y perdurabilidad en la medida en que se los imponga sobre una creación que innove, cuestione y proponga.

De manera más que reconocible, La casa junto al mar lleva el sello de cine francés y, a la vez, el sello del cine Guédiguian. Ambos le imprimen a la historia que se cuenta, no una visión repetitiva e inerte, pero sí ese cierta mirada –  mitad sofisticada, mitad amarga –  que los franceses tienen de la vida.

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