Julieta
Buena8
Lo mejor
  • El rojo intenso, siempre el rojo
  • La fotografía
Lo malo
  • Que Almodóvar puede dar más
  • ¿El rostro de Rossy De Palma?
8Muy buena

Julieta_poster_goldposter_com_3TÍTULO ORIGINAL: Julieta

AÑO: 2016

DURACIÓN: 96 min

GÉNERO: Drama

PAÍS: España

DIRECTOR:  Pedro Almodóvar

ESTRELLAS: Emma Suárez, Adriana Ugarte, Rossy De Palma

 

Cuando me inquieren en los cenáculos más prestigiosos de mi ciudad natal sobre mis directores de cine vivos favoritos siempre doy con orgullo y de manera entusiasta los siguientes nombres: David Fincher, Nicolas Winding Refn, Bong Joon-ho, Eric Von Stroheim, Jairo Pinilla, Michael Bay y, por supuesto, Pedro Almodóvar, siempre Almodóvar.

De esta manera, una película de Almodóvar es un evento importante para mí. Ver una película nueva de Almodóvar me representa un ritual sagrado en el que se deben cumplir irrestrictamente las siguientes condiciones enumeradas:

  • 1) Verla en cine.
  • 2) Ir solo a cine pero comprar tres sillas –y tener vacía una a cada lado mío- para que nadie me interrumpa el filme con siquiera un susurro inoportuno o con la luz de sus genéricos y baratos celulares de manzanita.
  • 3) Entrar de contrabando a la sala una pequeña botella de Champagne o Cava, un madurado Foie Gras y una generosa y olorosa rebanada de salchichón cervecero que empiezo a degustar tan pronto veo en la pantalla: El deseo.
  • 4) Salir de último de la sala sabiendo que yo conozco más de Almodóvar que todos los espectadores que han salido y juzgarlos negativamente por eso y por otras cosas mientras salen caminando torpemente por la ausencia de luz.

En esta ocasión la película es Julieta (2016) –su película número 20- y cumplí con mi ritual a cabalidad. Salí de cine y estoy presto a realizar esta reseña con la vana esperanza de que los editores no modifiquen una palabra o un párrafo de este texto.

La película tiene dos protagonistas que dan vida al mismo personaje: Julieta. Hay entonces una Julieta joven (Adriana Ugarte) y una Julieta mayor (Emma Suárez). El relato inicia con la “shakespereana” protagonista en su edad mayor planeando irse a vivir a Portugal junto con Lorenzo (Dario Grandinetti) dejando atrás Madrid. Tan pronto como Julieta recibe noticias de su hija, por parte de una vieja conocida en la calle, decide cancelar su viaje a tierras lusitanas y empieza a escribir una carta para su hija. Ahí empieza la trama de la película bajo una estructura narrativa epistolar. La carta está dirigida a Antía, su hija. Julieta, en su carta, cuenta cómo cuando era joven, siendo profesora, concibe y queda embarazada de su primogénita; fruto de este hecho nace ella: la renombrada Antía. Julieta joven es una profesora de filología clásica y su hija, como no podría ser de otra forma, tiene nombre griego: Antía, que viene del griego “Anthos” que significa “flor” y, por ende, “Antía” literalmente significa “florecida”. Tal vez un subtexto para el eventual desarrollo del personaje. Este es el comienzo de la historia –basada en textos de Alice Munro- que se desenvolverá.

Ahora bien, para fortuna de quienes odiamos la innovación y rescatamos la tradición considerando que la adquisición del conocimiento se logra a partir de una eterna y sublime recapitulación, en esta película pululan los rasgos propios clásicos almodovarianos: exploración de la psicología femenina en historias personales; colores vivos e intensos en la pantalla reflejados en el arte y en el vestuario: esencialmente el rojo intenso predominante en la película (esta vez no como subtexto de personajes explosivos, eso sí el rojo siempre elegante y visualmente hermoso); música de cuerdas con intensidades percutidas;  planos detalle refinados y, como trasfondo, sin lugar a dudas, la historia de un melodrama que parte de la mente retorcida y brillante de Almodóvar. En ese sentido, Almodóvar sigue siendo Almodóvar. Pero ciertamente hay un cambio que hace diferente  esta película. El cambio se produce en su forma de contar la historia, tanto en el guión como en la dirección: ciertamente vemos ahora una película mucho más lenta en su narrativa, mucho más calmada. Julieta carece de la intensidad que tiene tradicionalmente su filmografía y algunos, atrevidamente, llamarán a esta tranquilidad narrativa “madurez”; yo no me atrevo a ponerle nombre: es inefable. Almodóvar imprime en esta película eventos o dramas menos verticales y prepondera una sutileza que no se había visto en él, que cambia su manera de contar historias, y ahora lo que hace es sugerir y no mostrar. En Julieta las cosas se sugieren, mas no se hacen explícitas y esto se combina con una nueva postura narrativa más lenta y sosegada.

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Una cosa cierta es que el relato es más pausado de lo que nos tiene acostumbrados el Manchego, pero ¿Hasta qué punto es tan carente de drama que se vuelve desalentadora y somnífera la película? Esto no lo sé, lo único que sé es que en mi mente bombardearon una serie de preguntas mientras veía Julieta (no sé si por falta de concentración) en esta España moderna y liberal y yo pensaba cosas tales como:

-Qué pensaría Franco de Almodóvar?

-Qué pensaría Franco de Piqué?

-Dónde dejé el Foie Gras?

-Ya pagué la retefuente?

-Qué pensaría Franco de Colombia, de sus bebidas fermentadas y de las mujeres Barranquilleras?

Las respuestas a esas preguntas tampoco las sé, pero con certeza, en su momento, tuve respuestas brillantes, eróticas y políticamente incorrectas.

A manera de colofón, digo que es una película diferente (indiscutiblemente distinta) de Almodóvar, pero que vale la pena ver y disfrutar: por supuesto que sí. Controversialmente emito el juicio de que en esencia Almodóvar, en grandes rasgos de la dirección (en la escritura diría que no), sigue siendo el mismo, cosa que es buena, bella y virtuosa.

Sobre El Autor

Sebastián Hinestrosa
Colaborador en Los Angeles, California

Colaborador en Los Angeles, California

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