Jules y Jim
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10Excelente

TÍTULO ORIGINAL: Jules et Jim

OTROS TÍTULOS: Jules and Jim / Jules & Jim

AÑO: 1962

DURACIÓN: 105 min

GÉNERO: Drama

PAÍS: Francia

DIRECTOR: François Truffaut

ESTRELLAS: Jeanne Moreau, Oskar Werner, Henri Serre

 

En la salida de una pomposa y elitista sala de cine de la ciudad de Barranquilla, dedicada a presentar memorables películas clásicas, una esposa le decía a su esposo que por qué la había llevado a ver Jules & Jim (1962), que era una perdedera de tiempo pues ella quería ver era una película de cartelera, de acción, y que, entonces, para qué la trajo a ver una película tan excéntrica y extraña francesa con una voz en off enigmática, con una edición indeterminada, con una irresuelta verosimilitud dramática y, bueno, decía ella, con énfasis, que la música de la cinta sí era maravillosa pero que le generaba mucha confusión cuando se combinaba con la actuación de los protagonistas, no obstante, aseveraba la esposa, lo más importante de todo es que era una película libre y, precisamente, la libertad narrativa de la película era de admirar pues se trataba de una apuesta audaz y más en esa época acostumbrada a las acartonadas e insulsas películas de los estudios de Hollywood de los 50s y que eso es lo que le gustaría tener a ella, libertad, pero que con las responsabilidades auto asumidas de la casa por parte de ella, debido a la constante desidia de su esposo, era imposible obtener esa libertad y también era culpa de él llevarla a ver películas que no quería ver, como Jules & Jim, además que ella no esperaba vivir esa vida cuando se casó, dado que tenía muchas ilusiones, pero que terminó al lado de un holgazán, libertino, mantenido, vividor y bueno para nada que solo se la pasaba vagando y haciendo cascada de aguardiente con los amigos y que no la consideraba a ella que le había tocado aguantar de manera inmisericorde una serie de vejámenes a pesar de haber asumido el liderazgo moral y económico de la casa, por ejemplo, y, principalmente, el despreció de su familia, la familia del esposo, que la consideraba una morronga insípida, imagínese usted, una morronga insípida, hágame el favor, ella siendo deseada por más de 900 millones de hombres en el mundo y era despreciada a pesar de ser una descendiente de una familia de la realeza árabe y, a pesar de eso, se tenía que aguantar el menosprecio hipócrita de su familia, ni más faltaba, decía ella que eso sí que la enervaba, e instaba entonces que podría ser que la película Jules & Jim fuera una obra maestra, que no era común hallar una obra como Jules & Jim, que era muy difícil hoy en día encontrar una película perfecta y adorable como lo era esta en la que la cámara era usada como un estilógrafo, en donde el director imprimía su sello, pero que eso no implicaba que su marido la podía pasar por la galleta solo por llevarla a cine y comprarle unas palomitas de maíz tiesas, por ende, que cómo era posible que la tratara de manera abyecta y procaz y la ignorará cuando ella más lo necesitaba y, sumado a esto, no le diera muestras de aprecio, a diferencia de lo que pasaba en la película, con Jules que sí le profesaba un amor único e infinito a Catherine y lo materializaba, un amor lindo, como el que soñó cuando se casó con él, con el indolente, perezoso e ignorante de su marido, con un amor digno de hacer una película que se hizo y resultó, de hecho, en una de las mejores películas francesas de la Nouvelle Vague y de todos los tiempos, según la opinión de ella, y declaró que un amor tan estupendo era digno de ser célebre gracias también a una propuesta innovadora y atrevida conceptualmente y temáticamente reflejada en el guion de la magna película, y a, principalmente, las cartas sobreentendidas hermosas y conmovedoras que le mandaba Jules a Catherine desde la guerra y, reprochaba ella, que cómo era posible que él, su marido, un holgazán profesional, ya no le escribiera cartas como al comienzo de la relación sino que cambió y ya no era igual que antes después de conquistarla a ella, que él le había prometido un amor pulcro y ahora sólo le daba tibios momentos y mediocres satisfacciones y no había cartas, ni flores rojas, ni mariposas amarillas, ni pescaditos de oro para ella, solo quejas, actitudes frías y exigencias, que no faltaba más, pues ella era una mujer árabe de carácter indeleble que no estaba dispuesta a dejársela montar, que ella además era una mujer costeña y eso significaba adicionalmente que se hacía respetar infaliblemente y que así como él era tan estudioso del cine francés y sabía que en la primera etapa Truffaut, director de Jules & Jim, era más experimental que en la segunda y que sabía, innecesariamente, que el susodicho director participó en la revista Cahiers du Cinema y sabía, incluso, de manera más inútil, que también en la publicación participaron Éric Rohmer y Jean-Luc Godard, y que así como sabía esas cosas, que estudiara también la historia del mundo árabe y así podría saber que ellos, los discípulos de Mahoma, tenían carácter y no se la habían dejado montar ni de los gringos ni de los europeos y que son valientes por encima de todas las cosas, y claro, independientes, como ella, que fue a la universidad para ser una mujer independiente y no tener que depender de un parásito como él, pues ella no va a dejar que sea en vano que su tatarabuelo llegará desde el Líbano en un precario barco hasta el puerto de Barranquilla para continuar con su linaje y darle una mejor vida a su prosapia, y ella casta de reyes y reinas, ponderó que su tatarabuelo no se vino a Colombia a buscar un mejor futuro para que su descendencia viviera humillada, como vivía ella.

 

*Dedicado, obviamente, a Gabriel García Márquez. Él, amante definitivo del cine, calificaba esta como su segunda película favorita de todos los tiempos.

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