Jojo Rabbit
Humberto Santana9
LO MEJOR
  • Las actuaciones, el producto final que construye Taika Waititi, la buena onda, y su música.
9Muy buena

TÍTULO ORIGINAL: Jojo Rabbit

AÑO: 2019

DURACIÓN: 1 hora 48 min

GÉNERO: Comedia, Drama

PAÍS: Estados Unidos

DIRECTOR:  Taika Waititi

ESTRELLAS: Roman Griffin Davis, Scarlett Johansson, Thomasin McKenzie, Taika Waititi, Sam Rockwell, Rebel Wilson

 

Jojo Rabbit es una de esas películas que distraídamente pueden tomarse a la ligera. Su formato es tan digerible, su comedia -aún cuando constantemente pasa de la blanca a la negra- es tan oxigenada y tan cálida, que podría equivocadamente tildarse de carente de propósito y esencia. Nada más alejado de la realidad.

El director Taika Waititi se hizo ampliamente conocido por su dirección en la taquillera Thor Ragnarok (saga que seguirá desarrollando en futuras producciones junto con alguna de Star Wars), pero sobresale también como guionista y director en trabajos como la independiente y ampliamente recomendable Hunt for the Wilderpeople (2016), lo cual habla de la versatilidad de un cinematógrafo sin obsesiones ni cuadrículas, capaz de imprimir su sello y agregar calidad a diferentes tipos de cine.

Desde la perspectiva inocente de un niño, revela una mirada diferente al infortunio, a la desgracia. Imaginemos un niño de nuestros días, fanático a morir de Messi o de Ronaldo, del escudo de su uniforme, de todo lo que dice o hace su ídolo. Así es Johannes Betzler «Jojo», el personaje principal del maravilloso guion de Waititi, interpretado a la perfección por Roman Griffin Davis. Pero en la Alemania de los cuarentas, el «Messi» de Jojo no resulta ser otro que Hitler (a quien además escoge como amigo imaginario), y el escudo que lo ilusiona es la esvástica.

 

 

Sombría como parece sobre el papel la audaz idea de Waititi, plasmada en su película resulta siendo el pilar que demuestra brillantemente la ingenuidad de Jojo, un personaje tan entrañable como el de su único amigo Yorki (Archie Yates), arrollado por las desgracias de la guerra pero que logra sobrellevar el infortunio desde su candor infantil. Orbitan en torno a Jojo personajes que desbordan empatía como   el capitán Klenzendorf (Sam Rockwell), Elsa (Thomasin McKenzie) la niña judía escondida en su ático, y por su puesto Rosie (Scarlett Johansson), una madre que a pesar de oponerse enfáticamente a las ideas nazis, entiende que lejos de contradecir o reprender, es dejando que Jojo recorra su propio camino y que descubra sus propias verdades como encontrará un rumbo acorde con su gran corazón. El propio Taika Waititi interpreta al imaginario Adolf, complementando un elenco que conecta irresistiblemente al espectador, dándole sensibilidad y fondo al mensaje fundamental que quiere lograr la historia. Paralelamente, deja entrever la realidad que pocas veces imaginamos, aquella de personas del común que terminan siguiendo a un líder equivocadamente, en un espiral que cuando las atrocidades aparecen (si es que se aparecen), atrapa y no permite abandonar su inercia.

 

 

Además de su atmósfera «wesandersoniana», un elemento que impacta y perdura en la memoria es la forma en que se utiliza la música. Comenzando la película, suena una interpretación en alemán de los Beatles de «I wanna hold your hand», que -superfluo como puede pensarse que podría ser- marca de entrada el tono del filme, para cerrar con otra interpretación en alemán (que no voy a mencionar para no estropear el efecto para quien no la haya visto) que logra uno de esos momentos filmográficos imborrables, un final que no solamente es inmejorable, sino que desde cierta óptica envía un potente mensaje.

Jojo Rabbit puede tomarse a la ligera, pero peor aún, puede malinterpretarse. Se la ha criticado el que supuestamente minimice el drama judío en la Segunda Guerra Mundial. Caer en esta óptica sin embargo llevaría a pasar por alto una pieza diferente de cinematografía, que encuentra en la comedia, balanceada con momentos de gran emotividad, una forma de transmitir optimismo en la adversidad, de mostrar que el humor honesto siempre ofrece un camino de esperanza.

 

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