Jericó, el infinito vuelo de los días
Adriana Bernal Mor8
Andrés Quintero8
Humberto Santana8
LO MEJOR
  • La combinación armoniosa entre personajes, colores, planos y música que convierten a la película en un deleite de nuestra cultura
LO MALO
  • Perder la oportunidad de verla en la pantalla grande por prejuicios o barreras conceptuales sobre los documentales nacionales
8MUY BUENA

 

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OTROS TÍTULOS: Infinite flight of days

AÑO: 2016

DURACIÓN: 78 minutos

GÉNERO: Documental

PAÍS: Colombia

DIRECTORA: Catalina Mesa

 

Siempre me complace poder dedicar este espacio para hablar del cine nacional, en especial sobre películas que están marcando una diferencia notoria en la producción cinematográfica y que internacionalmente han demostrado el potencial artístico que existe en nuestro país.

Jericó en particular tocó muchas fibras personales, porque en su conjunto conforma un producto que desde todas sus perspectivas es encantador, atractivo, elocuente y entrañable. Catalina Mesa se acerca con la sutileza propia de su sensibilidad artística a explorar la realidad de este municipio colombiano situado en Antioquia, donde aún en nuestros días permanece vivo lo más propio y arraigado de nuestra tierra. Los colores, los escenarios, las ventanas, las iglesias, los rosarios, las arepas, las fincas, el tinto, el amor, la vejez, la diversión, el optimismo, el empuje y la dulzura propia de esta cultura toman su forma más natural y poética en esta producción. La historia de algunas mujeres da cuenta de lo autóctono y de la identidad de una región muy particular del país.

La naturalidad lograda por la realizadora de los personajes hace que descubrir las historias de las protagonistas sea un experiencia agradable e íntima, pues se exponen un sin fin de anécdotas sorprendentes y conmovedoras de un grupo de mujeres mayores, que son la vida misma de Jericó. Todo esto enmarcado dentro unas imágenes maravillosas, muy bien pensadas y logradas.

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Es sin duda una obra cinematográfica muy nuestra, acertadamente explorada y desarrollada, no desde el cliché cultural que determina lo autóctono, sino desde la cotidianidad de las mujeres… esa que más allá de ser simple y monótona esconde justamente el legado más intenso que nos identifica.

La propuesta fotográfica embelesa el ojo al espectador, pues tanto los colores como los espacios y los planos, son muestra del interés estético por cuidar desde todos los puntos de vista los detalles visuales de la película.

Y para agregar ese toque más dulce y sincero de lo que representa la feminidad de nuestra sociedad, se incorpora el elemento musical para cerrar con broche de oro el infinito vuelo de los días. La música no sólo evoca el recuerdo y representa el repertorio histórico de generaciones pasadas, sino que a su vez se convierte en el acompañamiento perfecto de un relato que se enriquece tanto temática como estructuralmente con cada interpretación musical.

Aplaudo desde mi posición ese tejido delgado que se creó desde la estructura misma del documental, porque deja ver muy claramente el rigor de la investigación, la apropiación y el interés por los personajes y por su pueblo. Pero lo más importante, el descubrimiento del particular insight de la cultura antioqueña, pues gracias a él es inevitable sentir interés y curiosidad por seguir las entretenidas y conmovedoras historias hasta su resolución.

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Entrevista a la directora Catalina Mesa

image_content_25825033_20160418224046Distinta Mirada tuvo lo oportunidad de hablar con Catalina Mesa, quien de manera natural y directa explicó algunos temas que hacen aún más interesante su ópera prima y que nos abren las puertas para que no dejar pasar la oportunidad de ver en la pantalla grande una producción auténtica, entretenida y valiosa., además de ser una experiencia visual y auditivamente maravillosa.

DM: ¿Cómo nace el interés por Jericó? 

CM: Fue algo que me dije a mi misma “esta realidad es una realidad de un tiempo, de nuestra historia cultural de nuestra nacionalidad cultural que nunca se va a volver a repetir”, entonces era como un compromiso para dejarle a Antioquia y a Colombia como una pequeña muestrecita de su patrimonio inmaterial, esa realidad de esa generación.

DM: ¿Cómo llegaste en este recorrido a esa intimidad con los personajes?

CM: Te voy a dar esta respuesta en tres tiempos. La primera es que yo creo que uno realmente puede conocer al otro en la medida que se conoce a uno mismo, es decir, yo hice muchos años de psicoanálisis y pienso que esa capacidad que se tiene de escuchar al otro es la misma capacidad que uno tiene de escucharse a sí mismo.

Ese trabajo de retrospección, de escucha, de verse, de observarse, permitió que cuando yo ya me encontraba con ellas hiciera el papel de una psicoanalista, en silencio total para que ellas pudieran expresar lo que eran, sin intervenir, sin opinar y sin dirigir. Por eso a mí me aterra que me digan directora, yo prefiero que me digan realizadora, porque realmente para mí es una co-creación con ellas. Más bien me siento como un vehículo, como un instrumento para que ellas emerjan en sí mismas y emerjan en su ser.

Por otro lado, yo tuve una relación previa antes de comenzarlas a filmar donde me senté mucho a conversar con ellas, comí arepa, comí sancocho, les hice muchas preguntas, qué es importante para ti, qué es lo que quieres contar, qué ha sido importante en tu vida, cuál es la historia de esta casa, qué música oyes. Realmente era como un proceso de autoconocimiento de ellas mismas, para que fueran descubriendo qué era lo más importante en sus vidas. Fue como irlas llevando a una reflexión acerca de sus vidas para que al final ellas soltaran y llegáramos a ese lugar donde empiecen a surgir, y pienso que para ellas era importante.

Y el tercero es que definitivamente el dispositivo técnico estuvo conscientemente elegido para que fuera muy ligero. Eran dos camaritas pequeñas, un equipo de dos personas más, un asistente de cámara y uno de sonido que era como lo básico de sobrevivencia, porque sin ellos no habría podido hacerlo. Pero no fue más de lo que era absolutamente esencial, precisamente para que a ellas se les olvidara. Yo las iba guiando, pero muchas veces dejaba que la cámara rodara y rodara y fue precisamente ahí donde emergieron las conversaciones en las que se les olvidaba que estábamos ahí. Entonces yo filmé 60 horas de material, me fui a Francia y durante 6 meses edité a una hora y media. Todo lo que yo puse en el documental lo elegí porque me parecía que era esencial decirlo.

DM: ¿Por qué Jericó puede interpretarse como una reivindicación a la parte más femenina de nuestro país?

 CM: A mí me gusta llevar la conversación a un tema de energía femenina, más que de género, porque creo que la conversación de género en nuestra generación va mucho más allá que sólo hombre y mujer, empezando por ahí, y yo soy muy respetuosa de esa complejidad y esa diversidad. Entonces me gusta más decir que es la energía femenina, que habita tanto en hombres como mujeres.

La idea era reflejar esa energía femenina que es más suave, más delicada, que es fortaleza de transformación, de trabajo, de mujeres súper valientes, que no son víctimas sino que cuentan el dolor con mucho humor, con mucha alegría… Quería era rendirle un homenaje a esa fuerza femenina, a todo ese mundo sensible de lo femenino.

Sobre El Autor

Adriana Bernal Mor
Equipo Distinta mirada

Colaboradora

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