Jackie
Diego Solorzano8.5
LO MEJOR
  • La interpretación de Natalie Portman es, de manera incontestable, una de las mejores de los últimos años.
  • La dirección de Larraín es atípica, una rareza exótica. Abrasiva y asfixiante. El chileno se ratifica como un director para la historia.
  • La banda sonora y fotografía son espectaculares, un portento técnico en casi todos los sentidos.
LO MALO
  • Se siente un poco encorsetada, el control a veces ahoga las intenciones de Larraín. Hace falta un poco más de libertad.
8.5MUY BUENA
Puntuación de los lectores: (1 Voto)
8.8

TÍTULO ORIGINAL: Jackie

AÑO: 2016

DURACIÓN: 1 hora 40 min

GÉNERO: Drama, Biopic

PAÍS: Estados Unidos

DIRECTORES: Pablo Larraín

ESTRELLAS: Natalie Portman, Peter Sarsgaard, Greta Gerwig

 

Jackie tenía la fácil tarea de trasladar la dramática historia de uno de los momentos más apocalípticos de la sociedad norteamericana y filtrarla por los dolorosos minutos previos y posteriores que vivió Jackie Kennedy, la viuda del conocido presidente John F. Kennedy asesinado en 1963. Toda la consternación nacional era material suficiente para un biopic costumbrista de unos valores de resistencia que los norteamericanos tienden a colgarse como medallas ante cualquier catástrofe de tamaña magnitud. Sin embargo,  la película del excelente director chileno Pablo Larraín retuerce estas etiquetas y convenciones del género y enarbola el drama y el dolor tras bambalinas con una mirada distinta y opresiva en un in crescendo enigmático que pasará a la posteridad como vehículo de lucimiento de su actriz principal.

Pablo Larraín es a estas alturas uno de los mejores directores independientes de la actualidad,; ya lo demostró con la excelente Neruda, antes con El Club y su nominación al Oscar con No, películas equidistantes una de otra pero siempre con su marca de agua diferente, extraña y alegórica de un mundo muy presente pero trasladado a una óptica que solo el chileno puede interpretar y sacar adelante con tesitura y talento inconmensurable. Por lo tanto Jackie parecía un trabajo poco dispuesto para un director tan independiente como Larrain e incluso lejano para un autor latinoamericano alejado del patriotismo que se esperaría de un biopic de la ex primera dama y probablemente es esta última la fortaleza de Jackie como película: la distancia con el mito norteamericano.

Jackie se teje como un rompecabezas a partir de la mirada cínica de Jackie Kennedy durante una entrevista tiempo después del magnicidio que marcaría a toda una nación. En esta entrevista  la viuda se deja ver con una frustrante ensoñación de la realidad, como si, harta de todo lo que le rodea, mirara al mundo desde un prisma frustrado, tanto que corrige en múltiples ocasiones al periodista que lleva a cabo la entrevista y deja que dudemos sobre la veracidad o manipulación del relato. Ella misma aclara varias veces que algo de sus palabras no saldrá en el corte final, quizá como herramienta proteccionista del legado de su marido o de su propia fortaleza. A partir de ahí Larraín desgrana los momentos previos y posteriores a la tragedia mediante el uso de ffashbacks, momentos clave en la vida de la primera dama que explican su relación con John y como ella evoluciona desde su llegada a la casa blanca hasta la tarde fatídica del 22 de Noviembre de 1963.

Larraín sumerge la cinta en un caleidoscopio opresivo, con planos cerrados en el rostro de Jackie Kennedy, buscando enaltecer el vendaval de emociones que transmite la película, desde los bailes de etiqueta de la pareja presidencial hasta la desconexión de la realidad que sufre la protagonista durante los episodios apocalípticos de la política norteamericana. La cinta no es un biopic al uso porque Larraín no se adscribe a su lenguaje cinematográfico, desecha las convenciones en pos de una narración de ensueño y pesadilla, convierte cada escena en un duelo emocional de Jackie, muchas veces dejando de lado la fortaleza que se esperaría de ella y derivando a una extraña sensación de culpa que se alterna con un montaje fragmentado e inconexo. Jackie se transforma y balancea cada momento sin ser amigable con el espectador y se sumerge totalmente en la interpretación de la estrella principal como motor de un mito alejado del resto de los mortales, el mito de la familia Kennedy exaltado  por el asesinato y el horror. Es esta desconexión de la realidad norteamericana la que le ha valido críticas dispares a Larraín en Norteamerica pero personalmente lo encuentro un punto a favor pues nunca cae en el patriotismo absurdo sino que plantea dudas y sendas críticas veladas a la manipulación de los ídolos en Estados Unidos y como estos han escrito la historia a conveniencia desde la reclusión o el ostracismo, distanciados de la mortalidad como ciudadanos, sin dejar de lado su legado importante como hacedores de los derechos civiles.

Todo esto corresponde a la excelsa dirección de Pablo Larraín pero no sería posible sin dos personajes fundamentales: Natalie Portman y la compositora Mica Levi. La primera nos brinda otra actuación sobrenatural, fuera de cualquier comparación del año y definitivamente entre las mejores de la última década, incluso casi superior a la que ya nos regaló en el Cisne Negro de Aronofsky . Natalie dirige la orquesta como una actriz legendaria, sabe medir los tiempos y transmitir cada emoción que requiere la primera dama. La sentimos viva en cada mirada y no se amedrenta o caricaturiza con los zoom de cámara que hace Larraín, el cual de forma inteligente descarga todo el peso de la película en ella. El director chileno va más allá del simplemente acertar al quitarle protagonismo a su marido incluso antes del magnicidio.  Jackie vive a la sombra emocional del mito durante la mitad de la película pero nunca sale del foco de la cámara y esa particularidad solo sale adelante si la actriz en cuestión es capaz de llevar a cuestas tamaña responsabilidad, Portman triunfa durante todo el metraje, ya sea en flashbacks o en la línea de tiempo inicial. Jackie evoluciona y es lo que es gracias a la Portman cuya suprema interpretación esta fuera de todo atisbo de duda.

Y para marcar los tiempos de Jackie y su intérprete, Mica Levi da vida donde Larraín plasma la imagen. La compositora convierte cada escena en un catalizador de emociones más allá del close up a Natalie Portman. La banda sonora de la pelicula existe para marcar cada escena, cada emoción que quieren transmitir  director y actriz se convierte en notas musicales, desde la felicidad previa al suceso hasta las más opresivas notas altas y alargadas que requieren las escenas “de palacio” durante el caos residual. El trabajo de Levi es sensacional y acompaña la película con el protagonismo necesario. No hay ni una sola escena donde la banda sonora falle o no se compagine a la perfección,  siendo además  útil para explicar o extender el mito de los Kennedy y la evolución emocional de Jackie. No hay grandilocuencia o melodrama en la banda sonora,  como tampoco en la película misma y eso es de premiar en un biopic que fácilmente pudo caer en el convencionalismo trillado del género.

Es criminal el ninguneo en premios que recibió Jackie la anterior temporada de Oscar, sobre todo en sus categorías más técnicas como la fotografía, donde el francés Stephane Fontaine en un formato de 16mm evoca y quema los colores en la imagen como si de una grabación clásica se tratara. Es increíble el trabajo en fotografía y apoya totalmente la visión del director al querer convertir el biopic en algo distinto. Quisiera centrar la atención especialmente en la secuencia del asesinato, momento en el que Fontaine fija la cámara en los ojos de Jackie como si de una película fantasiosa se tratara y en la que su simple mirada hubiera trasladado el terror, la histeria y la incredulidad al espectador sin necesidad de mostrar al presidente asesinado. Un triunfo de lo visual y un fotograma que pasará a la posteridad.

Así mismo el trabajo excepcional en arte y producción debe ser tomado en cuenta, como los vestidos de época tan reconocidos de la primera dama, recreados meticulosamente desde fotos y cintas de video de la época y muchas veces graduados de tono para que la encajaran en el momento adecuado de la película. El trabajo fue especialmente cuidado en el momento del asesinato donde hasta cinco reproducciones del vestido fueron confeccionadas solo para una toma. Así mismo el atrezo adapta a la perfección el primer lustro de los 60’s dentro de la Casa Blanca.

Dejando de lado el atroz olvido de la Academia, Jackie se vale por sus propios medios para ser una película preparada para la posteridad gracias a su evocación del mito Kennedy y de la “realeza” norteamericana en tiempos de crisis. Un caleidoscópico retrato sobre el legado, la rabia y el dolor de la ex primera dama y su condición humana en medio del caos de la inmortalidad representado en su imagen a los medios. Larraín firma otra película monumental sin renunciar a su particular visión del cine. Es cierto que quizá su condición de biopic la pueda alejar un poco de la libertad total que pide su director pero sin duda con el material existente ha hecho una película digna de ovación y que, espero, demuestre que el género biográfico puede ofrecer mucho más sobre figuras prominentes del imaginario público. Bravo Larraín.

 

Sobre El Autor

Diego Solorzano
Colaborador (Colombia)

Colaborador

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