Invictus
Autor6
H. Santana (Dirección Distinta Mirada)6
6Nota Final
Puntuación de los lectores: (1 Voto)
5.1

Muchas expectativas recaen sobre el recién electo presidente de Sudáfrica, Nelson Mandela (Morgan Freeman). Después de años de injusta reclusión el líder negro se propone, con la humildad que da el haber recorrido el camino, reencauzar el destino de su maltrecha patria. Lo rodea, por no decir que lo cerca, la creciente tensión entre blancos y negros. En medio de la crisis desoladora que enfrenta con genialidad visualiza una veta que le puede dar jugosos dividendos políticos. Se trata del equipo local de rugby conformado en su mayoría  por jugadores blancos. Es precisamente esta conformación la que ha despertado el recelo de la población negra, recelo que linda con el abierto desprecio por el mediocre rendimiento deportivo del equipo nacional. Y es al borde de una profunda crisis que conduciría a su disolución cuando interviene Mandela para proponerle al líder del equipo Francois Peinar (Matt Damon), a   los jugadores del equipo y al país entero que crean, aquéllos,  en sí mismos y estos  en su seleccionado. La sede del mundial de  rugby en 1995 le corresponde a Sudáfrica y que mejor escenario que este para que alrededor de un equipo desvalorizado se una población signada por la adversidad y el conflicto interno. Lo que sigue está escrito: arduos entrenamientos, estadios llenos, un país en vilo, victorias angustiosas y un final apoteósico impensable sin una cámara lenta y un triunfo cuando el tiempo se agota….

Imposible desconocer el inmenso valor de este líder. Invictus lo presenta como el hombre afable que cada mañana les pregunta a sus guardaespaldas por sus familias; como el hombre que elogia respetuosamente la elegancia y la belleza de sus colaboradoras. El director, Clint Estwood, le rinde un merecido homenaje al hombre que después de una infame reclusión ondea, frente a un país desgarrado por el odio, la bandera del perdón. Imposible no sumarse al coro unánime de la admiración y el elogio. Estoy seguro que más de uno después de la película habrá salido a buscar más reseñas sobre Mandela.

Todo lo anterior conduciría a pensar que Invictus tendría que ser, por una suerte de contagio entre película y personaje, una gran y admirable película y, la verdad, no hay tal. Invictus es un gran entretenimiento apoyado en una figura deslumbrante y seductora. Sin embargo su historia desperdicia al personaje y se limita, echando mano de unos recursos desgastados, a la emoción creciente que alcanzará su éxtasis en la confrontación deportiva del final. El espectador se queda, feliz,  con el apretado triunfo. Está probado que la adrenalina de la angustia deja luego una plácida sensación de bienestar pero decir que ese mismo espectador ata o relaciona la emoción deportiva con un referente socio político es atribuirle a la película un efecto que sólo logra, en el caso de Invictus, la reflexión intelectual que se hace después de la película. En este sentido Invictus está bien concebida como pieza de entretenimiento. La pregunta que queda es si la película habría cambiado significativamente si el promotor del equipo local hubiera sido, no el presidente electo con su áurea de heroísmo, sino un dirigente deportivo sumido, por ejemplo, en un infame alcoholismo. Personalmente creo que la cosa no hubiera cambiado mucho y que la emoción deparada por el cronómetro acercándose a cero también nos la hubiera dado un Invictus sin Mandela.

Que una película nos incite a buscar más información de un personaje valioso o que nos empuje a reconocer la meritoria labor de un gran líder es cosa que al cine hay que agradecerle y reconocerle. Pero tales efectos no hacen, de la película que los desata, necesariamente una buena película. Bienvenido el interés en conocer mejor la vida de Mandela y mejor recibo aún habría que darle al intento anónimo de emular su respeto hacia el otro y su ética de la comprensión y el perdón.

Eastwood, Freeman y Damon se  limitaron  a hacer un  trabajo correcto y pasable y el cine, el cine que perdura, exige mucho más que eso. Los tres lo saben mejor que nadie.   

Sobre El Autor

Andrés Quintero M.
Dirección Distinta Mirada

Dirección Distinta Mirada

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