Interestelar
Andres Quintero8
8Muy buena
Puntuación de los lectores: (2 Votes)
9.9

TÍTULO ORIGINAL: Interstellar

AÑO: 2014

DURACIÓN: 169 min

GÉNERO: Ciencia Ficción, Drama

PAÍS: Estados Unidos

DIRECTOR:Christopher Nolan

ESTRELLAS: Matthew McConaughey, Anne Hathaway, David Gyasi, Jessica Chastain, Mackenzie Foy, Matt Damon, Michael Caine, John Lithgow, Casey Affleck,

Mientras que las grandes virtudes de Interestelar son su potencia, su preciosismo, su ambición, su profunda reflexión  y su renovado humanismo, sus defectos son los mismos: su sobrecargada potencia, su exagerado preciosismo, su desmesurada ambición, la sobre explicación de su reflexión y la falta de convicción de su renovado humanismo.

Interstellar- aficheLa historia de base es simple. Ante la inminente imposibilidad de seguir viviendo en la Tierra, se hace necesario explorar  la posibilidad de hacerlo allende de esta planeta. Los elegidos para esta misión intergaláctica son el piloto Cooper (Matthew McConaughey) y la científica Amelia (Anne Hathaway) . Juntos emprenderán un viaje que habrá de llevarlos, externamente,   a lugares  insospechados cuyas coordenadas sobrepasan  los parámetros de nuestros mapas vitales e, internamente, a la constatación agridulce de que la inmensidad del universo siempre contrasta con el reducto tan ínfimo como infinito de nuestra propia existencia.

La travesía redentora va más allá de las usuales peripecias espaciales. Interestelar las intercala, con la nitidez y la distorsión que producen millones de kilómetros y decenas de años, con las relaciones de Cooper con los suyos, sean estos  la familia que dejó en casa o la humanidad entera  cuya salvación anda buscando detrás de las estrellas. Durante sus  casi tres horas de duración  y con unas explicaciones cuya densidad vuelven innecesariamente viscosa la historia, lo que Interestelar trasmite con eficacia y fuerza es que son ellos, los otros, quienes conforman, más allá del hábitat material que nos rodea, nuestro verdadero espacio existencial.

Pese a sus bruscas modulaciones de ritmo, Interestelar se sostiene con una pulsación constante que atrapa al espectador. Nolan logra que el reducido espacio de la cápsula viajera  se integre, simultáneamente, a la negrura cósmica y a la polvorienta Tierra donde la humanidad desfallece. En esta oportunidad las fichas ni se le apuestan todas al número heroico de la salvación, ni se van, presurosas,  hacia la desvalorizada grandilocuencia de los efectos especiales de una aventura galáctica. Sirviéndose de un macro cosmos impresionante, Interestelar descarga su atención en la potente sutileza del sentimiento humano y es eso lo que, a la vez que la diferencia de sus congéneres de ciencia ficción, la arrima a clásicos de su especie como 2001 Una odisea del espacio (1968).  El resultado es más que satisfactorio aunque  en la retina y en la cabeza quede una sensación de demasía debida a tanta explicación y a tanta justificación. A la complejidad se llega mejor, para apreciar toda su riqueza, desde la simpleza.

Buena parte del imán de Interestelar está en su reparto. Matthew McConaughey confirma su gran momento actoral con una solvencia que mezcla magistralmente naturalidad y seguridad. Y si la Hathaway es como siempre encantadora, Jessica Chastain es, sencillamente, arrasadora. En esta oportunidad supera a todos sus encopetados colegas incluido el mismismo Caballero de la Corte Real Británica Maurice Joseph Micklewhite, mejor conocido como Michael Caine.

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Con Interestelar Christopher Nolan ratifica que es un director de alto voltaje pero que es también un director al que le falta repensarse y perfeccionarse en  escenarios menos estruendosos donde su voz pueda oírse mejor. Su trilogía batmaniana, con el intrincado intervalo de Origen (2010),  lo puso a orbitar fuera de este mundo o a intentar comprenderlo y expresarlo a través de  complejas teorías de realidades sobrepuestas, de cosmos fantasiosos que se confunden con  los reales y de mundos y mentes que se disputan el privilegio creacionista. La genialidad no basta. Hay que demostrar que se ha sabido domesticarla  y ojalá que ese sea el próximo paso de Nolan. Eso le permitirá entrar a la galería de los grandes siempre menos numerosa que aquella otra de los brillantes.

A Nolan lo esperamos donde le conocimos: en escenarios menos vistosos pero más íntimos y estremecedores  como aquel  de Memento (2000)  donde un hombre atormentado por las fisuras de su memoria se obsesiona por su presente desprovisto de pasado. Ni artificios, ni laberínticos vericuetos necesita Nolan para tocarnos;  tiene el suficiente talento para llegarnos – y conmocionarnos –  sin siquiera proponérselo.

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