Incendies
Autor8
H. Santana (Dirección Distinta Mirada)8
8Nota Final
Puntuación de los lectores: (2 Votes)
9.0
TÍTULO ORIGINAL:  Incendies
OTROS TÍTULOS: La mujer que cantaba

Sobre sus tiempos, sobre sus atmósferas, sobre su verosimilitud. Sobre todo esto es posible escribir si se va a escribir sobre Incendies.

Sobre sus tiempos escribir que el relato va del presente al pasado y del pasado al presente sin con ello confundir al espectador; sin con ello caer en esos devaneos laberínticos que juguetean, creen ellos, con relojes y calendarios. Lo que hace Incendies es confirmarnos la redondez  del tiempo recordándonos que aunque creamos ser solo presente, la presencia del ahora solo puede expresarse como desembocadura de unos pasados que no son tales sino se les mira, deformándolos siempre, desde este inasible e inevitable presente. Al redondo – y no lineal como se cree – discurrir del tiempo, solo se lo percibe por el ayer que siempre anida en las entrañas del hoy que tenemos.

La búsqueda de un padre que creían muerto y de un hermano cuya existencia desconocían es el eje central de una película que va y viene en el tiempo y al hacerlo deja en claro que su paso es tan capaz de arrasar como de edificar, de asolar como de sembrar. El logro narrativo del director Denis Villeneuve es que su uso de los flash back no resulta ni postizo, ni confuso. Resulta, por el contrario,  un modo imperceptible y convincente de decirnos al  oído que el tiempo es y será siempre un mecanismo ingenioso cuyos avances solo son perceptibles a través de constantes retrocesos.

Sobre sus atmósferas escribir que duelen, que agobian, que oscurecen el alma. Y ese valioso logro de Incendies tiene el mérito visual de basarse en la captura de unos ambientes desolados y a veces atroces que la cámara trata con un enorme respeto sin retocarlos con los falsetes de la belleza forzada o los fingimientos de las fealdades hipócritas. Las oscuridades, las soledades y las ruindades  de Incendies son naturales y eso constituye un enorme acierto en un arte que como en el caso del cine está plagado de imposturas logradas por una técnica envolvente que pareciera capaz de todo y, por lo mismo,  distante cada vez más de esa necesaria imperfección de la imagen que nos recuerda nuestra propia imperfección. Cuando, como en el caso de Incendies, el propósito central es un acercamiento a nuestras noblezas y, también, a nuestras mezquindades, resulta fundamental que la cámara  sea escueta y sobria. Siéndolo es como mejor se remedan, alma de por medio, nuestros ojos.

Sobre su verosimilitud escribir que lo creíble no resulta de la posibilidad estadística de su ocurrencia en esta escasa realidad que nos rodea. No viene a cuento juzgar con tan innoble rasero la historia de Incendies. Que tan probable pueda ser el suceso real de los hechos que allí se narran nada tiene que ver con la verosimilitud de los mismos. Lo cierto y lo valioso de la película es el sentimiento (uso el término sin prevenciones) de que lo vemos está realmente sucediendo como solo suceden las cosas en esa llanura vertical y profundísima que llamamos pantalla. Las buenas películas nos convencen sin que tengamos que invertir esfuerzos para lograrlo. Vamos al cine, aún al más ficto y fantasioso, para vernos, para complementar esa precaria visión que la vida nos ofrece de nosotros mismos. No es, como suele mal decirse, que con el cine huyamos de la realidad. Con el cine, por el contrario, salimos a su encuentro realzándola, hallándole esas notas que la hacen, quizás no más feliz, pero al menos sí más auténtica y muchísimo más plena.

Sobre otras muchas cosas de Incendies también se podría escribir. Sobre sus actuaciones soberbias y sobrias. Sobre esas irrupciones musicales, magistrales, de Radiohead. Sobre la reiteración de esa frontera huidiza entre el amor y el odio y sobre como con esta película canadiense uno se reencuentra con esa verdad endeble y cautivadora según la cual el lenguaje cinematográfico se alimenta, resignificándolas  en otro plano, de la literatura, de la música, de la pintura, de la danza y de la escultura. De todas ellas es deudor el cine como de él lo somos nosotros por habernos mostrado la posibilidad de otros senderos.

Adendo musical. Es increíble como la música que uno pensaría sería la más inadecuada termina casando como anillo al dedo. Así pasa en Incendies con las canciones de Radiohead. Lo que luego tan bien empata parece haberse hecho a la medida. Otro aplauso para la música y me quedo – y los dejo – con Incendies y Radiohead.

Sobre El Autor

Andrés Quintero M.
Dirección Distinta Mirada

Dirección Distinta Mirada

Artículos Relacionados

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.