ILO ILO: Retratos de familia
Autor7
H. Santana (Dirección Distinta Mirada)7
7Buena
Puntuación de los lectores: (1 Voto)
7.5

AÑO: 2013

DURACIÓN: 99 min.

GÉNERO: Drama

PAÍS: Singapur

DIRECTOR: Anthony Chen

ESTRELLAS: Yann Yann Yeo, Tian Wen Chen, Angeli Bayani

 

El cine, en general, es ambicioso a la hora de contar. Le gustan las epopeyas, los enamoramientos extremos, los prohombres, los bárbaros, los robos geniales, los crímenes execrables y las fantasías desbordantes. Algo pareciera decir que el cine debe ser lo contrapuesto a lo ordinario, a lo común y corriente. Si la vida nos atosiga a diario con sus rutinas, qué sentido tendría  ir a reencontrárnoslas en la sala oscura? Desde esta perspectiva el cine se nos ofrece como una ventana espléndida para asomarnos a mundos extraordinarios que contrastan, para bien o para mal, con la ordinariez del nuestro.

De esta concepción se aparta, diametralmente, Ilo Ilo la ópera prima del director singapurense Anthony Chen. A finales de los 90s y en plena crisis económica una familia residente en Singapur decide contratar como niñera  a una mujer filipina. El propósito central es que sea ella la que se encargue del único hijo, un niño, un rebelde sin o con causa que se empecina en desobedecer todo aquello que se le dice que haga. La película gira en torno a la corta convivencia de esta familia y su empleada. A primera vista un tema nada emocionante por no decir del todo baladí.

Ilo Ilo Cartelera ColombiaLas relaciones de los integrantes de este deslucido cuarteto son ásperas y distantes. Entre marido y mujer se levanta un muro invisible de desaprobación e incomprensión; entre madre y niñera la frontera infranqueable la trazan los celos y la discriminación  y entre esta y el pequeño hay, al menos al comienzo, un velo de repudio y desconfianza. Es en medio de este escenario desapacible y árido que transcurre la vida de estos seres tan anodinos como anónimos .  La cotidianidad insulsa de sus vidas la refuerza una escenografía tan ordinaria y plana como la historia que se inserta en ella. No hay mayores esfuerzos de ambientación porque no se los requiere, porque  la simpleza humana no cambia mayor cosa en tan poco tiempo.

En Ilo Ilo no sucede nada que se salga de los cauces  de lo predecible y rutinario. Ni el hombre se enamora, como  en las novelas almibaradas,  de la empleada, ni esta termina,  como en los melodramas de superación,  acogida como nuevo miembro de la familia.  Pasa, en cambio, algo mucho más opaco y doméstico: el señor Lim confiesa que ha perdido su empleo  y eso desencadena la decisión familiar de prescindir de los servicios de Teresa. Chen  no emplea recursos emotivos. Se sirve,  lustrándola con una discreta maestría, de la vida misma.

En la primera hora  de proyección la aparente aridez de la historia choca contra la expectativa de emoción con la que solemos sentarnos ante la gran pantalla . No sucede nada estremecedor  y ni siquiera son bellos los personajes y los escenarios.  Unos y otros llegan incluso a decepcionarnos seguramente por lo mucho que se nos parecen y por lo próximos que nos resultan.  Sin embargo y pese a esta primera sensación de desencanto a media que la película avanza va imponiendo discretamente su forma austera de acercarse a su objetivo: contar una historia  sin estridencias, sin imposturas, sin fuegos artificiales para así dejar, antes que una emoción, una impresión o, mejor, la sutil insinuación  de que tras la resequedad  de lo cotidiano se esconden otros lenguajes que merecen ser explorados. De esta alquimia de hacer oro con baratijas  se encargan, de un lado, Teresa con su discreción, con su entereza y con la contención de su belleza; de otro, el casi imperceptible crescendo de la relación entre el niño y su nana y, finalmente,  ese nuevo hermanito encapsulado en el vientre de la señora Lim que, ajeno y distante de ese mundo  grisáceo que lo verá crecer,  se decide a nacer .

Con su tono discreto la ambición narrativa de Chen fue mucho más grande de lo que a simple vista parece.   No es fácil arrumar en un rincón casi todos los recursos para captar la atención y la emoción de los espectadores y optar en lugar de ellos por descifrarle a la simple realidad sus claves de sentido , sus códigos encriptados de  estética.

Ilo Ilo es una buena y poderosa razón para seguirle la pista a Chen.

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