Hasta el último hombre
Diego Solorzano7
Humberto Santana7
LO MEJOR
  • Las fantásticas escenas de combate, frenéticas y brutales.
  • El montaje es visceral, una obra maestra de la edición y el buen hacer.
LO PEOR
  • La primera hora puede resultar lenta y convencional.
  • Andrew Garfield no logra cargar el peso dramático de la película.
7Buena

TÍTULO ORIGINAL: Hacksaw Ridge

AÑO: 2016

DURACIÓN: 139 min

GÉNERO: Drama, Bélico

PAÍS: Estados Unidos

DIRECTOR: Mel Gibson

ESTRELLAS: Andrew Garfield, Sam Worthington, Luke Bracey

 

De la persecución viene la furia, un inenarrable sentimiento que desata tempestades y evoca tormentas de improperios. Mel Gibson entiende la persecución a la que ha sido sometida la mitad de su carrera (y no sin razón) y explota, como un volcán ante la presión, ante la adversidad y la perdida de su presencia en Hollywood. El polémico director en vez de dar un paso al costado responde con tempestades, como un ente de la naturaleza que cree en lo que para él es correcto, disperso y alejado de los ecuánimes, un animal salvaje con su propio norte y que, de un modo u otro, pinta con violencia la alegoría de Desmond Doss, un hombre acosado por las mismas tribulaciones que persiguieron a Jesús de Nazaret, pruebas de fe que ponen en duda sus creencias, un sistema adverso a su pensamiento; y aun así, Doss lucha por ellos, aunque más controlado que su director.

Gibson no podrá ser del agrado de todos pero su talento y furia tras la cámara es algo innegable, casi tanto como las causas que abandera cual cruzado enamorado de su fe y de convicciones inamovibles, desde las cuales ha madurado, primero con la introspección violenta de sus tropos religiosos en La pasión de Cristo, pasando por la manipulación religiosa que hace acto de presencia en Apocalipto, Mel abraza y plasma en pantalla cada una de sus convicciones pero desde su destierro polémico de Hollywood. Casi habían pasado once años desde su ultima película y el eterno director parecía a punto de firmar definitivamente su retiro de los cines.

Hasta que, con furia inusitada, su fe lo devolvió a la gran pantalla.

Hasta el último hombre habla sobre las situaciones extremas, aquellas que buscan inutilizar a un hombre por sus convicciones y, en este caso, por un pacifismo religioso que sorprende en el cine de Mel Gibson. Desmond Doss es su personaje mimado, un reflejo del hombre desterrado por las causas que él considera justas y correctas, pero también su objeto de admiración por superar al sistema e ir a la guerra como médico de campaña y sin disparar una sola bala durante el conflicto Estados Unidos-Japón de la segunda guerra mundial. La historia de Doss es ejemplar y basada en un sistema de creencias férreo y agresivo como el de Mel Gibson, una lista de tropos que el director, de manera arriesgada, plasma en pantalla mediante una primera hora demasiado convencional y familiar, con un ritmo que damnifica la película en pos de la calma que Doss abraza como propia durante los juicios militares a los que se ve expuesto. La primera hora de Hasta el último hombre puede resultar difícil de digerir y lo entiendo, Gibson va desde las crisis familiares hasta el encierro como prueba de fe.

Estos momentos de calma antes de la tormenta se harían más llevaderos si el director contara con un actor que represente de manera adecuada las tribulaciones que enfrenta el personaje, debo decir que Andrew Garfield lo intenta pero cae en el histrionismo absurdo y ridículo que no encaja con Desmond Doss, a nivel personal Garfield es un error de casting para la película y casi la entierra en su primera mitad.

Casi.

Una vez Doss supera las pruebas que el hombre interpone a su camino, Dios ahora es su principal contendiente en Okinawa, el campo de batalla que la guerra ha designado para su violento viacrucis. Cuando la película aterriza en el corazón del conflicto es cuando Mel Gibson desata la furia de Dios y la suya sobre los hombres. El sistema ha caído y solo queda la fe verdadera como benefactora del hombre y Gibson lo cree con fervor. La segunda mitad de la película es tempestuosa, furiosa como su director y una brutal, visceral e hiperviolenta caracterización de la guerra, el director libera el infierno en la tierra y Doss se empequeñece ante la ira de Dios. No puedo recordar una sola película que mostrara en pantalla de una manera tan cruda el conflicto como lo hace la última obra de Gibson, plasmando a la perfección la locura sin sentido que es cualquier guerra, un terrorífico retrato del abandono total de Dios hacia el hombre, la más poderosa de las pruebas de fe. Hasta el último hombre pisa el acelerador y sale del fango con violencia y maravillosa edición. Todo el montaje es perfecto, funciona como un reloj suizo en el campo de batalla y corona lo imposible: El regreso de Gibson.

Porque cada esquina, cada recoveco de las trincheras japonesas tiene el rastro de Mel Gibson, un director lleno de furia, un volcán que ha explotado tras años de presión y resentimiento, una serpiente que muerde cuando se ve más arrinconada y esto lo encontramos todo el tiempo en pantalla. Nunca había visto un director tan sincero y fanático de sus creencias hacer algo como Hasta el Último hombre, una película que hacia su final trasciende la religiosidad de su planteamiento, se desliga del estigma que pesa sobre su director y lleva la historia de Doss a un dramatismo violento que solo Gibson puede fabricar.

Todo esto no sería posible sin un montaje extraordinario. La edición de Hasta el último hombre esconde la limitación de presupuesto que contaba el largometraje, es una obra artesanal pocas veces vista este año, las escenas de conflicto son cruentas y extraordinarias, de elegancia visual mezclada con el más violento trabajo que caracteriza a su director. Los actores secundarios resultan mucho más cercanos que su personaje principal y ayudan a maquillar el resultado a pesar de estar más enfocados en primera mitad de la película. Actores de categoría de Hugo Weaving o un sorprendente Vince Vaugn sacan del fuego a Andrew Garfield en múltiples ocasiones.

¿El saldo es positivo? Sí, por poco pero Gibson recupera la película de un modo pocas veces visto. No sé si es merecedora de una nominación a la máxima categoría a pesar del fantástico trabajo visual y de guion que caracteriza la segunda mitad, y de lo farragosa y casi fallida que puede ser su primera hora; tampoco ayuda su actor principal pero, quizá, lo que mueve a Hasta el Último hombre a las listas de lo mejor del año es algo más que designios técnicos. Quizá se trata sin más de una fe arrolladora que deja sin palabras, incomoda o maravilla pero nunca deja impávido al espectador, y eso precisamente es lo que hace que se celebre por todo lo alto el regreso de Mel Gibson.

Sobre El Autor

Diego Solorzano
Colaborador (Colombia)

Colaborador

Artículos Relacionados

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.