Her (2013), película del gran director Spike Jonze, es una pieza muy bien hecha, una historia tan bien llevada que se guardó el Óscar en 2013 por el mejor guion original, entre otros premios de aquella época en la misma categoría (Globo de oro, WGA, Critics’ Choice Movie Award)

A grandes rasgos, un escritor desanimado desarrolla una especial relación amorosa con el sistema operativo de su computadora, una intuitiva y sensible entidad llamada Samantha. En este punto, es de resaltar que la voz que le da “vida” a Samantha no es cualquier voz, es la dulce e interesante voz de Scarlett Johansson que a más de uno cautivó y enamoró apenas vio la película. Una voz que no necesitó rostro en toda la película pero que tuvo la fuerza para que los espectadores imaginaran el amor ideal del protagonista. Una voz que quisiéramos escuchar en nuestros smartphones cada vez que necesitemos ayuda, sin menospreciar a la famosa “Siri”.

Es una película que además de tener un guion original único, sobresale en su fotografía y la paleta de colores que adornan cada minuto de la película. Desde las paredes de la oficina, escritorio, ventanas, piso, hasta las camisas, papeles, edificios, todos con unos colores vivos pasteles que contrastan muy bien con la soledad de Theodore. Y es que cada color fue pensado y compuesto para cada escena. Sin ir más hondo, si nos fijamos con atención, cuando el protagonista vive sus momentos felices, la paleta de colores pasteles son vivos y sobresalen de las otras figuras de su entorno. Por el contrario, cuando hay momentos tristes o de soledad, la paleta se oscurece, siendo el protagonista el café y negro.

Escena – “Spoliers”. Si usted no se ha visto la película, le sugiero que lea hasta este punto, disfrútela y cuando acabe, lo invito a leer estas cortas palabras sobre una de las escenas que ha sido la más valiosa para este escritor.

De todos los 126 minutos que dura la película, hay una escena, sin duda, la más contundente en todo el film, 5 minutos 10 segundos que valen la pena resaltar, no solamente por su dialogo, sino, por el triste descubrimiento de la fuerte realidad que había sido ocultada en toda la película, no solo para el protagonista sino para todos nosotros que fuimos sus espectadores.

La escena comienza con un desespero que a muchos nos pasa, cuando alguna red social cae, o simplemente, no carga la canción que queremos escuchar en ese momento, la desesperación de la dependencia que ahora todos tenemos frente a la tecnología. En la película, el miedo de no encontrar a su amor virtual. Seguido, su desespero desborda en salir corriendo a toda prisa, pasando por esa oficina de colores pasteles exquisitos, llegando a las calles de la ciudad donde su camisa amarilla resalta en el asfalto, corriendo corriendo hasta que por fin, esa dulce voz le contesta y llega de nuevo la tranquilidad, esa misma tranquilidad cuando encontramos las llaves que estaban perdidas hacía 2 minutos y que estaban en bolsillo más estrecho de la chaqueta.

Sentando en un escalón de la salida del subway, para recuperar el aliento, Theodore por primera vez en la película mira hacia al frente, a la misma altura de las personas (en la mayor parte de la película, su mirada siempre había estado inclinada hacia abajo, mirando su aparato electrónico donde está su amor o simplemente su mirada estaba en el cosmos del amor). En ese momento, al mirar al frente, la realidad lo abruma. Su amor no es único, es un amor de 641 personas, su amor ahora ha evolucionado, su amor no puede controlar la pluralidad que la ataca, ella siempre tiene respuesta para los hombres que acuden a una relación virtual, ella está cumpliendo el fin con el cual fue creada. “Her” jamás fue solamente de Theodore.

Luego de una serie de preguntas y unas respuestas contundentes de Samantha, llega la descripción del amor de ella “pero el corazón no es como una caja que se llena, expande su tamaño entre más amas”.

Aquí la escena, disfrútenla!!!

 

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