Güeros
Diego Montejo8
LO MEJOR
  • Su guión ligero y sin presunciones sobre la juventud y la libertad
  • El montaje y la calidad de producción en sonido, espectacular.
  • Solidas actuaciones, en general un espectacular debut técnico y de dirección
LO MALO
  • Escenas alargadas de manera innecesaria
8Muy Buena

gueros POSTER

OTROS TÍTULOS: Gueros

AÑO: 2015

DURACIÓN: 106 minutos

GÉNERO: Comedia, Drama, Road Movie

PAÍS: México

DIRECTOR: Alonso Ruizpalacios

ESTRELLAS: Tenoch Huerta, Sebastián Aguirre, Ilse Salas

OTROS TÍTULOS: Güeros.

Es difícil recomendar una película cuya fortaleza es tan visual que cualquier definición con palabras seria reducir el efecto que ha tenido sobre el espectador. No quiero que se me malinterprete, toda película debe ser visionada para corroborar la crítica leída con anterioridad (o a posterior) pero hay casos únicos, tan sensoriales  y apabullantes a nivel emocional que convierten la crítica en algo pueril y nunca a la altura del producto reseñado. Sin embargo, como amante del cine  me sería un crimen no intentarlo y dejar de recomendar Güeros, el impresionante debut de Alonso Ruizpalacios, realizador mexicano que ha disfrutado del éxito critico en festivales de talla internacional, como la última edición de la Berlinale (Premio a mejor opera prima). ¿Qué es Güeros? Entre muchas cosas, una crítica al inmovilismo, una fábula de la amistad y un poema de amor a la juventud.

“Ser joven y no ser revolucionario es una contradicción” Es el Slogan que se repite en las paredes de la UNAM o la universidad más prestigiosa a nivel nacional en México. También es la frase publicitaria de la película y sobre todo, es uno de los pilares fundamentales de su aparentemente trivial (pero poderoso) argumento. Güeros inicia con el ruido de un bebe llorando y una madre desesperada, en un formato de cámara 4:3 (cuadrada) y completamente en blanco y negro, para sumir aún más al espectador en la búsqueda del detalle visual, como Wes Anderson en El gran Hotel Budapest (2014) la manipulación de las dimensiones de la cámara, la obsesión por el encuadre y la simetría, se usan en la obra de Ruizpalacios para narrarnos la explosiva niñez y adolescencia espontánea de Tomás, un chico mexicano que tiene que abandonar su ciudad natal por mandato de su madre hacia la casa de su primo Sombra (Tenoch Huerta) en Ciudad de México.

Sombra y Santos (Leonardo Ortizgris) viven en la más absurda dejación, en el abandono total de responsabilidades académicas e higiénicas gracias a una huelga total (ambientada en la realidad de México D.F en el 2000) que les ha obligado a refugiarse en su apartamento, en el inmovilismo de la vida vacía y robando luz de su particular vecina. Un status quo terrible que se verá estremecido hasta sus cimientos por Tomás, el cual recibe la terrible noticia de que Epigmenio Cruz, su cantautor favorito, está muriendo de cirrosis grave. En una búsqueda desesperada por conocerle antes de que muera, el joven Tomás arrastra a su primo y amigo a una carrera contra reloj que los llevará a través de medio México D.F, madurando y descubriendo que se han perdido las fortalezas de la juventud, su poder para hacerse escuchar y su capacidad de vivir la vida a través de un prisma totalmente distinto.

Güeros es una Road Movie que hace asco a su género y rehúye de revelar la importancia del destino al espectador, el destino no importa hasta que hace acto de presencia, y mientras tanto, Ruizpalacios nos deleita con la vivacidad del blanco y negro, con los sonidos envolventes (impresionante calidad de sonido, no me había sentido tan inmerso en una película en mucho tiempo) que rodean a un mundo sin color, con el pánico de los personajes por vivir la vida  y con una crítica mordaz a las juventudes de todo el mundo. El destino no es importante, sino como te mueves para alcanzarlo. Un guión bastante simple en aspiraciones pero poderoso en efecto, apoyado en uno de los más exquisitos trabajos de fotografía del año y un montaje magnífico para tan independiente trabajo. Actuaciones singulares y más que correctas para unos desconocidos actores que se divierten interpretando sin clichés, algunos de los personajes más variopintos de su país de origen.

GUEROS SECUNDARIA

Pero la fortaleza de Ruizpalacios no es lo que te cuenta sino lo que no te cuenta. Por ejemplo, en pocos minutos Tomás se coloca los audífonos para escuchar a Epigmenio Cruz y el ruido ensordecedor de las calles mexicanas se ahoga para dar paso a un inhóspito silencio, nunca escucharemos la melodía de tan afamado cantautor pero ¿Acaso importa? ¿Acaso importa lo que haga feliz a los personajes y no al espectador? Güeros nos hace creer que importa lo que escuchan nuestros personajes cuando lo que realmente importa es como se sienten con lo que escuchan, no es importante el “Qué” sino el “Cómo”  y esta metáfora visual maravillosa sobre la felicidad se mueve sin resultar forzada a través de poemas, canciones y sobre todo: Sonrisas. Es tan obsesiva la fotografía que detalla y refuerza las emociones de los personajes, muy rara vez una película hace sentir sin palabras lo que Güeros logra en el espectador y por eso describirlo es difícil y no le hace honor suficiente a tal obra de arte.

Sin embargo, esta misma obsesión por el detalle y los planos extendidos, a veces juega en contra a la película, por momentos desvaneciendo el mensaje bajo la belleza, extendiendo de manera innecesaria planos para lucir cámara antes que para transmitir un mensaje, o tan solo para sobre exponerlo; pero estos son detalles menores que apenas deslustran un sólido debut del mexicano que salvo esos detalles, y quizá la duración extremada del largometraje, es una obra maestra del 2015 y una de mis películas favoritas del cine latinoamericano. Nunca la vida se había hecho tan colorida a blanco y negro, y no había salido del cine con una sonrisa incrédula en el rostro desde hace muchísimo tiempo, por las risas y la felicidad, por el movimiento y por la sorpresa, la sorpresa de un género que nunca logra dar un aliciente a alcanzar ese lugar al que siempre se dirige.

Para encontrar  mejor punto de apoyo a la hora de decidir verla, diría que Gueros es la versión mexicana de Nebraska, película que sorprendió como relato de la Norteamérica envejecida y cansada, perdida entre el adelanto social. En aquella obra Alexander Payne conmovía mediante una aventura enfrentada con la realidad de la vejez; en Güeros Ruizpalacios hace lo propio desde un punto de partida diametralmente contrario al de la monocroma película norteamericana, pero conserva el costumbrismo descriptivo de una sociedad en su mensaje sin perder la originalidad ni vivacidad.

Güeros es una preciosa alegoría que critica a los que nos quedamos quietos, a los que no creemos en las causas sociales, a los que nos quejamos pero nos encerramos en la vida, los que no creemos en el amor y en la poesía, a los que  reducimos los placeres de la vida y a los que somos ese dinosaurio que al despertar todavía seguía allí. Pero al tiempo es una película con mensaje que trata de empujarnos para salir de ese apartamento, de ese hogar, o simplemente de nuestra enclaustrada cabeza.

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