El juicio de Viviane Amsalem
Andrés Quintero8
Humberto Santana7
LO MEJOR
  • Una austeridad que lejos de empobrecer, enriquece
  • Ronit Elkabetz: enigmática, sensual, distante y elocuente
  • El parlamento de Elisha en el que añora los buenos tiempos del cine, los de Charles Bronson y Gregory Peck
LO PEOR
  • El alargue, no del todo convincente, del proceso
  • Su final: de austero a inexpresivo
7.5Muy buena

Poster_ElJuicioDeVivianeAmsalemTÍTULO ORIGINAL: Gett

OTROS TÍTULOS: Gett: El divorcio de Viviane Amsalem / El juicio de Viviane Amsalem / Gett, the Trial of Viviane Amsalem

AÑO: 2014

DURACIÓN: 115 min

GÉNERO:  Drama

PAÍS: Israel

DIRECTOR: Ronit Elkabetz, Shlomi Elkabetz

ESTRELLAS: Ronit Elkabetz, Simon Abkarian, Menashe Noy, Gabi Amrani, Dalia Beger

EEn el cine lo bueno, si austero, dos veces bueno. El Proceso de Vivianne Ansalem, la última película de los hermanos israelíes  Ronit y Sholomi Elkabetz , es la crónica del larguísimo, tortuoso y por momentos absurdo proceso en el que se embarca Vivianne Ansalem (Ronit Elkabetz) para lograr que su esposo Elisha (Simon Abkarian) le conceda el divorcio . De hecho la pareja lleva ya varios años separada y lo que en realidad pretende Vivianne es la formalización legal de una vieja y dolorosa ruptura, para él aún superable, para ella irreparable.

A partir de esta idea la película transcurre, íntegra ella, en la sala de juicio y sus inmediaciones. Durante toda la proyección los que van y vienen ante el estrado de los juzgadores  son los abogados de la mujer y el marido,  sus testigos, los  funcionarios  del juzgado y, también, los propios implicados. Si a este encierro escénico uno le suma el largo contrapunteo de los testimonios y la confrontación circular de los cónyuges en disputa, el asunto parecería rondar, salvo para juristas apasionados, el tedio, cuando no la absoluta pesadez.  Y sin embargo no es así.  Pese a tratarse, aparentemente, del ya manido tema de unos abogados que procuran, a punta de destrezas  y peripecias argumentales, convencer a un jurado para así alcanzar un buen resultado para su defendido,  El Proceso de Vivianne Ansalem no es realmente eso o al menos es mucho más que eso.  Es, antes que nada, la visión crítica de un sistema cultural que aún ve a la mujer como una posesión masculina, como un ser, no al servicio del otro, sino servil al otro; un sistema anclado en una concepción fatalista de la relación humana y contaminado por unas ideas religiosas que antes que promoverla, anulan la libertad humana. Un modelo existencial, en fin,  que prefiere rendirle pleitesía a los ritos – sociales, religiosos y culturales –  antes que prestarle atención y reconocerle su justo lugar al individuo y, particularmente, a la mujer.

El Proceso de Vivianne Ansalem  es también la prueba irrefutable de que una buena película necesita de muy poco si a esa poquedad la enriquece una buen sensibilidad visual y un manejo acertado de su propuesta conceptual.  En este último trabajo de los hermanos Elkabetz no hay escenarios sobrecogedores, no hay músicas que transporten, incluso ni siquiera hay,  en su clásica evolución lineal, una  historia bien contada. En el campo actoral y sin desconocer el imán de Ronit Elkabetz,  El proceso de Vivianne Ansalem tampoco apela  a innecesarios destellos.  Lo que sí hay en cambio es una inmersión, parca pero honda, en una situación ordinaria: una pareja en conflicto, unos testigos  titubeantes y azorados y unos jueces bien intencionados pero a la vez confundidos entre protocolos  y terminologías rimbombantes. Todos, inevitablemente,  formados y deformados por  una cultura milenaria llena de brillos y  lastres.   La mirada de los hermanos Elkabetz privilegia la contundencia de lo, por implícito, también equívoco. Los testimonios, las declaraciones y los propios silencios  son intencionalmente ambiguos y aunque es fácil tomar partido por la mujer afligida y marginada, no se lo toma sin reservas. Siempre queda ese último resquicio que a todos culpa  y a todos disculpa.

EL PROCESO DE V A SECUNDARIA

Esta forma peculiar y austera de detenerse en  una específica realidad es la que la que hace que la atracción del  Proceso de Vivianne Ansalem no esté en el desenlace del proceso o en el triunfo de  uno cualquiera de los bandos enfrentados, sino en esa intervención sucesiva e, incluso, repetitiva de sus personajes  que revela de todos ellos su connatural, inevitable y permanente condición de procesados. Sin grandilocuencias innecesarias, sin alusiones religiosas  y más bien desde la lucidez intelectual de la simpleza, lo que la película pone en evidencia es que siempre estamos siendo, los unos por los otros y más allá del rol que desempeñemos,   juzgados.

Sobre El Autor

Andrés Quintero M.
Dirección Distinta Mirada

Dirección Distinta Mirada

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