Fuerza mayor
Andrés Quintero8
Humberto Santana8
LO MEJOR
  • El guión: inteligente y lleno de posibilidades
  • La cámara: majestuosa , expresiva, plagada de sugerencias
  • El inicio: sobrio y contundente
LO MALO
  • El debilitamiento de su ritmo y el desperdicio de la idea central
  • Sus dos horas. Menos pudo ser más
8Muy buena

FUERZA MAYOR AFICHE

OTROS TÍTULOS: Force Majeure

TÍTULO ORIGINAL: Turist

AÑO: 2014

DURACIÓN: 120 minutos

GÉNERO: Drama

PAÍS: Suecia

DIRECTOR:Ruben Östlund

ESTRELLAS: Johannes Kuhnke, Lisa Loven Kongsli, Vincent Wettergren, Clara Wettergren, Kristofer Hivju, Fanni Metelius

 

Imagínese que es sábado por la tarde; está con los suyos (escoja: padres, hermanos, esposo o esposa, hijos, novio o novia, amigos) y de repente todo comienza a sacudirse violentamente. No es un simple temblor, la ira de la tierra es muchísimo mayor. Están en un noveno piso y el pánico se apropia de todos. Qué haría usted? Pensaría, antes que nada, en los más débiles y buscaría protegerles incluso a costa de su propia seguridad? Optaría mas bien por aquel o aquellos que más quiere para ver de que manera les ayuda en medio del afán y la angustia o, que diablos, cual pensar y cual optar cuando el edificio se mece como una palmera, lo que haría, mero y egoísta instinto de supervivencia, sería salir corriendo a buscar la escalera o a resguardarse bajo el marco de una puerta ante la inminente catástrofe?

Es esta incómoda pregunta – y muchas más que se le derivan – la que deja planteada Fuerza Mayor, la película del director sueco Ruben Östlund. Tomas, Ebba y sus dos hijos conforman una de esas familias idílicas que Johnson & Johnson elegiría sin duda para promocionar alguno de sus productos. El clan modélico está pasando una semana de vacaciones y que mejor, para redondear tanta perfección, que hacerlo esquiando en los imponentes Alpes franceses. Todo parece deslizarse bien hasta que, reunidos con otros turistas en el comedor del hotel, la familia ve como una avalancha de nieve se le viene encima. Mientras que Tomas huye presuroso del lugar buscando resguardarse de la amenaza, Ebba se ocupa, antes que de la suya, de la seguridad de sus indefensos hijos. El asunto no pasa del enorme susto y cuando todos vuelven a sus mesas algo ha cambiado. Con ocasión del incidente Ebba se da cuenta que el padre de sus hijos y sus propio compañero de fórmula existencial es un hombre egoísta que antepone, a la de sus propios hijos y a la de su esposa, su integridad y, junto a ella, su proyecto de felicidad. A partir de ese momento el micro paraíso familiar se convierte en un tenso escenario de explicaciones, tensiones, decepciones y reproches.

FORCE MAJEUR SEC

Caben muchas reflexiones en torno al planteamiento de Fuerza Mayor. Reflexiones sobre el concepto de la masculinidad por ejemplo y sobre el rol proveedor y protector que culturalmente se le asigna al hombre en la pareja; reflexiones sobre la fragilidad consustancial a la relación de pareja conformada siempre por seres de visiones y percepciones diferentes y reflexiones, en fin, sobre lo que debe decirse o callarse, o hacerse o dejar de hacerse para ser feliz. Lo cierto es que más allá de todas estas válidas provocaciones, como película Fuerza Mayor tiene un lenguaje sugestivo y diferente. Desde el comienzo Östlund demuestra una solvencia inusual con la cámara. Los paisajes, además de bellos, siempre son cuadros anticipatorios del conflicto que se va tejiendo al interior de la familia y que termina extendiéndose a los amigos con los que comparten esos días en la nieve alpina. El lenguaje y el ritmo son distintos a los que estamos acostumbrados a ver y el drama sobre el que se construye la película se nos propone desde un ángulo intencionalmente ambiguo que no nos permite tomar partido. Solo queremos saber el desenlace pero sin atrevemos a ningún tipo de enjuiciamiento.

El comienzo de la película es más que prometedor y la insinuación del conflicto es magistral incluso antes del detonador de la avalancha. El cine nórdico tiene esa contención y esa reserva que les son tan propias y que lo hacen inusual, inteligente y, en su justa dosis, perturbador. Un ejemplo de lo anterior es el manejo de la música. A las pocas e inquietantes apariciones del Estate de Vivaldi se las acompaña con los “cañonazos” provocados por la fuerza subterránea de la nieve. Sorprendente contraste entre el verano musical y el invierno ambiental de la película. A medida que la historia avanza el atractivo paisaje le cede el protagonismo al conflicto de la pareja y al trauma no solo del hombre que parecía seguro y triunfador, sino al de sus hijos que prefieren la luz atontadora del Ipad al resplandor incandescente de las imponentes y nevadas montañas.

Las actuaciones de Johannes Kuhnke (Tomas) y de Lisa Loven Kongsli (Ebba) son, por exigencias del guión, convincentemente planas y alcanzan sus momentos más elocuentes ante el espejo compartido frente al que la pareja se cepilla los dientes o en el pasillo solitario del hotel en el que debaten sus diferencias espiados por el conserje del hotel, testigo incómodo y mudo de su relación en crisis.

Desafortunadamente la película pierde su ímpetu inicial y la fuerza anunciada que por mayor parecía imprevisible e irresistible, se debilita gradualmente y va dejando que la película caiga en cierta inercia repetitiva que le quita vigor y sorpresa. Otro tanto sucede con la trama misma que se ofrecía para desarrollos y desenlaces más elaborados y de mayor calado pero que a partir de cierto momento cae en un movimiento cansino y circular para rematar con un final que no termina de convencer. Al final queda la sensación de que ambas avalanchas, la de la nieve y la del cuestionamiento de los lazos familiares, se quedan en el tono menor de la amenaza superada y no en aquel otro, más doloroso sí pero también más auténtico y verdadero, de la catástrofe consumada.

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