Florida
Andrés Quintero6.5
LO MEJOR
  • El llamativo contrapunteo entre realidad y sueño.
  • Que siendo comedia arriesgue puntadas de profundidad y reflexión.
  • El Floride 5 que la hija le regala al padre. Una hermosura de carro.
LO MALO
  • Por no limitarse a la simple comedia, el matiz caricaturesco de su protagonista.
  • El más de una actuación que termina en menos
6.5Interesante

FLORIDE AFICHETÍTULO ORIGINAL: Floride

AÑO: 2015

DURACIÓN: 1h 50min

GÉNERO: Comedia

PAÍS: Francia

DIRECTOR: Philippe Le Guay

ESTRELLAS: Jean Rochefort, Sandrine Kiberlain, Anamaria Marinca, Michelle Rose Domb, Laurent Lucas

 

Desde que el cine existe – que ya se siente como un desde siempre –  la vejez ha estado presente en la gran pantalla.  Se la ha abordado con el lente despiadado de la enfermedad y el abandono y, también, con la cámara melindrosa y mentirosa de la aventura otoñal. Al viejo se lo muestra capaz todavía de robar un banco, de empuñar un arma letal,  de enamorar a una joven o de emprender una travesía que rendiría de cansancio al más joven e intrépido aventurero.  Pero se lo muestra igualmente como ese ser indefenso, estorboso y ajado que se va quedando solo, rumiando recuerdos en cualquier rincón y meándose, como cuando era un chiquillo, en sus pantalones.  Los viejos se han llevado no pocos protagónicos y han estado también en secundarios memorables. En lista larga toda mención deja siempre una incómoda sensación de omisión. Me atrevo, ello no obstante, a  citar  El crepúsculo de los dioses (1950), Cuentos de Tokio (1953) Tomates verdes fritos (1991), El hijo de la novia (2001) y Amour (2012) como un valioso puñado de películas que se han asomado tan respetuosa como profundamente al tema de la vejez. Con eso no pretendo decir que solo son rescatables los dramas sobre la vejez.  Buenas comedias las hay sobre este mismo tema pero pasa con estas que muchas veces falsean a tal punto esta edad que, o terminan bordeando el ridículo, o caen groseramente en él.

La vejez, en eso y en tantas otras cosas tan parecida a la niñez, es una etapa de la vida que paradójicamente se presta para – mirándola, contándola o viviéndola –  amalgamar ternuras, burlas, honduras, angustias, encuentros y extravíos.  Ha de ser por esto que quizás aquellas películas que toman un poco de esto y un poco de aquello son las que mejor logran retratar este peculiar momento de la vida en el que todo se va desliendo y en el que al tiempo que se desmoronan las que se creían prioridades de vida, se marchitan también bellezas y deseos. Pareciera tenernos reservada la vejez una enclenque sabiduría y la ingenua creencia de que hay amores que realmente resisten el embate del tiempo.

Floride, la última película de Philippe Le Guay es precisamente una de aquellas que quiere hacer con la vejez un divertimiento en tono de comedia para tras él esconder el inevitable drama que es y será siempre envejecer.  Aunque su elegancia y su aún bien tenida presencia pretendieran desmentirlo, el octavo piso por el que ya transita Claude Lherminier (Jean Rochefort)  certifica que ha entrado en la recta final.  Vive solo y aunque se obstine en negarlo, cada vez es más evidente que necesita alguien que le cuide. Su cabeza, frágil recipiente de la memoria, empieza a jugarle malas pasadas y el enfrentamiento con su hija Alice (Sandrine Kiberlain) es, como tantos lo hemos vivido, la prueba de como el amor filial en estas circunstancias está siempre bordeando la fricción y el dolor.

FLORIDE SEC

El nombre de la película se debe a la ensoñación que Claude ha ido construyendo en torno a ese paraíso imaginario que para él es la Florida.  Con berrinches propios de un crío, quiere que su jugo mañanero sea de naranjas cultivadas en  Florida y quiere también, tan pronto como pueda, que sea el viento cálido de este estado sureño el que le agite su aún frondosa y cana cabellera. Pero sobre todo quiere reencontrarse en ese idílico lugar con su otra hija, con aquella que, por la distorsión afectiva que impone el enorme océano, sí se entiende a la maravilla. La película gira entonces alrededor de la posibilidad de ese  viaje postrero que termina convirtiéndose, al final de la curva definitiva,  en el eje central de toda una vida .

El valor de Floride está no tanto en la radiografía en tono jocoso que hace de la vejez y, sobre todo, de las crecientes  dificultades de manejo y convivencia propias de la edad avanzada, sino en el recurso cinematográfico de Le Guay , director y guionista, para mostrar, desde la propia cabeza de Claude, los crecientes  desvaríos de su memoria.  El espectador no sabe en un momento dado si lo que está viendo sucede “en realidad” o si es tan solo el deambular de una mente que empieza a perder sus coordenadas entrelazando recuerdos, realidades y simples pero muy poderosos anhelos.

Floride está lejos de ser, sobre la vejez, una pieza encantadora, demoledora o estremecedora. Pero también está lejos, para su bien, de ser una comedia de pacotilla o, peor aún, una comedia edificante sobre la tercera edad.  Su  mérito está, pienso yo,  en esa sutil idea de la Florida y todos los imaginarios que la rodean (brisa, sol, playa, mujeres bellas, todo ligerezas), como un sueño que tiene, como todos, su valor quimérico en la imposibilidad de consumarlo . Esto puesto en la cabeza ya titubeante de un viejo soberbio y recio pero ya maltrecho,  produce un resultado interesante porque  incursiona en ese microuniverso en el que el que el viejo, para sentirse seguro, empieza a encerrarse.

Frente al tema de las actuaciones yo no atiborraría de estrellas y aplausos a Jean Rochefort. Sin duda lo hace bien  pero con una afectación que impide tanto que uno se ría con el buen comediante, como que uno se compenetre con el  viejo fielmente retratado. Le faltó ser, con la humildad que eso supone,  un poco más viejo para ser más creíble y eso seguramente se debe a esa normal propensión  a  creer que los demás nos ven como nosotros nos vemos.  Abandonada la niñez, viejos o no, a todos nos pasa.

Una película bien hecha, agradable y tan fácil de ver como, sin quebranto memorioso alguno,  de olvidar.

Sobre El Autor

Andrés Quintero M.
Dirección Distinta Mirada

Dirección Distinta Mirada

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