Entre dos mundos
Diego Monte5
LO MEJOR
  • Aprovecha de manera correcta las locaciones en el desierto
LO MALO
  • Un guión sin nada interesante. Una dirección convencional y típica. Actores acordes a la calidad de la película
5Regular

Zwischen_Welten_poster_españolTÍTULO ORIGINAL: Zwischen Welten

OTROS TÍTULOS: Inbetween Worlds

AÑO: 2014

DURACIÓN: 103 minutos

GÉNERO: Drama

PAÍS: Alemania

DIRECTORA: Feo Aladag

ESTRELLAS: Ronald Zehrfeld, Mohsin Ahmady, Saida Barmaki, Salam Yousefzai, Burghart Klaussner, Felix Kramer

 

Es difícil narrar nuevas historias en Afganistán,  tras catorce interminables años de conflicto que no parecen tener fin ni ganador, la fórmula cinematográfica parece agotada y exhausta de repisar constantemente sobre las líneas marcadas por referentes del género (que salvo excepciones tampoco van más allá del conflicto) y la mayoría de intentos por lograrlo se quedan a medio camino de ser una película del montón para los viernes por la tarde en televisión y una película que de verdad vale la pena ver en el cine. Pocas se han ganado lo último y la mayoría parece venir exclusivamente del cine más comercial e inflado a efectos especiales o con un aura sumamente patriótica disfrazado de humanismo inexistente. Entre dos mundos (Zwischen Welten en su título original) no tiene ninguna de las dos pero tampoco merece nuestra atención pese a su distinto enfoque y el telón independiente que cubre a toda la producción.

En todo conflicto internacional el ser humano está abocado a un choque socio cultural aberrante, un coctel de comportamientos y pensamientos condimentados con la colaboración forzosa que conlleva la guerra, esto es primario en cualquier conflicto internacional desde el inicio de la humanidad y como tal, hemos sido testigos del estrago de dichos choques en el cine, ya fuese como  tema principal o secundario, siempre que se habla de Afganistán u ocupaciones transnacionales se busca confrontar la realidad del hombre soldado con la sociedad ocupada. Entre dos mundos parte desde su título con la intención de impresionar las diferencias que dividen a dos sociedades condenadas a cooperar o desfallecer pero no le añade ningún interés extra que lleve más allá el concepto.

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A diferencia de la mayoría de largometrajes basados en Afganistán, la película centra la atención en un comandante de origen alemán que se enlista por segunda vez al conflicto. Con una historia difusa sobre su hermano fallecido también en oriente medio inicia su “búsqueda de redención y/o venganza” y es precisamente ahí donde se comete el primer fallo de la película, pues no tenemos tiempo para empatizar con la dicotomía del comandante Jesper (Ronald Zehrfeld) y su errático comportamiento. Tenemos un personaje sin definir que vaga sin rumbo durante casi dos horas de metraje. Ni siquiera en su presentación se nos permite conocerle un poco más pues aparece en pantalla la otra cara del conflicto.

Tarik es un joven afgano que busca salir del país junto con su hermana, tratando de escapar de un círculo vicioso de violencia que ha destruido sus vidas y el país que conocen. Lamentablemente la embajada de Alemania se niega a darles asilo y es en esta desesperada búsqueda de sobrevivir donde Tarik conoce al comandante Jesper y su unidad, como intérprete y traductor entre los dos mundos. Debo decir que el joven Mohsin Ahmady aprovecha los minutos que dan a su personaje para darle profundidad y dimensión, a diferencia de su contraparte protagónica en el bando alemán pero se queda corto en los momentos más dramáticos de la película.

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Y es ahí en los momentos dramáticos donde su director parece inclinarse por el melodrama convencional que, en vez de darle profundidad y crítica social a su película, le corta las alas y lo aboga a no aspirar a ser algo más que una película de TV proyectada en gran pantalla y falla incluso en emocionar al espectador. Nunca tenemos realmente interés en lo que pase a los personajes principales pues nunca tenemos un momento realmente íntimo que los defina. Tarik y Jesper transcurren toda la película en situaciones sin sentido (El personaje del alemán esta pasadísimo y hay momentos donde no se entiende porqué hace lo que hace) o en el campo de batalla sin permitir una pausa al espectador, no hay nada más allá del casco o del coloquio típico sobre la identidad nacional del afgano y es ahí donde recae la película, en querer definir a sus personajes mediante las culturas que representan pero esto se logra (y a medias porque no tiene suficiente tiempo en pantalla) únicamente en el personaje de Nala (Saida Barmaki), la hermana de Tarik, que se enfrenta no solo con el destino inequívoco de la violencia talibán sino con los destellos representados en la película del más triste radicalismo musulmán que trata a las mujeres como algo menor que los hombres que no merece estudios o salir adelante. Esta interesante trama secundaria muere antes de nacer en pos del efectismo de la intrascendente pareja protagonista.

Las escenas de acción no son mayor cosa pero tampoco buscan serlo en una producción independiente de corte dramático, pero terminan por convertir el total de la película en otro intrascendente y convencional largometraje sobre la guerra. No hay identidad que lo distinga de los demás del género ni tampoco ese plus que le haga resaltar entre lo regular.

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