Enemigo invisible
Andrés Quintero8
Humberto Santana7.5
LO MEJOR
  • En medio de una acción atrapante, un cuestionamiento interesante
  • Helen Mirren, soberbia. Alan Rickman, inolvidable
  • Sin mayores alardeos, una historia creíble y convincente
LO MALO
  • Sin que los desluzca, cierta debilidad en los personajes secundarios
7.8Muy buena

EYE IN THE SKY AFICHETÍTULO ORIGINAL: Eye in the Sky

OTROS TÍTULOS: Espías desde el cielo

AÑO: 2015

DURACIÓN: 102 min

GÉNERO: Thriller

PAÍS: Reino Unido

DIRECTOR: Gavin Hood

ESTRELLAS: Helen Mirren, Alan Rickman, Aaron Paul, Barkhad Abdi, Iain Glen, Phoebe Fox

 

MMis primeras batallas en la pantalla grande siempre fueron una cruenta confrontación de enemigos. A una orden de ataque cada bando emprendía una carrera furiosa que lo llevaría al sangriento encuentro. De cada extremo de la pantalla y hacia su centro partían los enfrentados. Según cual fuera la época, lanzas atravesaban escudos y pechos; flechas, disparos y toda suerte de descargas luminosas iban y venían de cada lado; caballos atemorizados se paraban en sus patas; guerreros de caras feroces animaban a los suyos con consignas de honor y sangre; regueros de cadáveres iban quedando y al final la cámara se quedaba contemplando el suelo aún humeante y desolado.

Después vinieron las grandes guerras. El cine nos mostró cascos y uniformes. Himnos, ejércitos en marcha, líderes y banderas.  Aviones sobrevolando territorios enemigos y como imagen arquetípica un artefacto, alargado lo recuerdo,  imprecisamente llamado bomba que se dejaba caer sobre el blanco elegido.  Explosiones monumentales, cuerpos expulsados por los aires, edificaciones echadas abajo y al final unas pocas y persistentes llamas contrastando con  densas y opacas humaredas . El humo,  infaltable y gaseosa huella de toda guerra.

En materia bélica las cosas se fueron, impropio término, sofisticando. Por las películas empezaron a desfilar aviones más ligeros, silenciosos y veloces. Radares y espías. Enemigos inciertos y confusos. Guerras ya no entre naciones sino entre causas y credos. Explosivos encubiertos, chantajes y sobornos. Menos uniformes y más corbatas; más escritorios y menos tanques. Entre todo y cambiándolo todo, la incursión decisiva, despiadada, epidémica y dramática de las pantallas. En estas películas el foco se desplazó hacia las pantallas.  Pantallas y más pantallas. Ya no se miran los guerreros en el campo de la batalla ni se desangran en él. Ahora miran las pantallas y desde ellas y con mucho mayor efectividad y precisión atacan a su enemigo. Guerras tan asépticas como infectas, guerras cobardes y frías, guerras de interruptores y dispositivos, guerras menos heroicas y mucho más burocráticas, guerras espectáculo que se transmiten por televisión y que se ganan o se pierden según dispongan los veredictos mediáticos. Hemos ido cambiando la manera de hacer, representar y ver la guerra y así lo ha ido testimoniando el cine .  De los zepelines inmensos a los drones imperceptibles.  Lo único que les sigue siendo común a estas guerras tránsfugas es su sinsentido, su atrocidad e, inevitablemente, sus muertos.

EYE IN THE SEC 2

En el Enemigo Invisible la coronel Katherine Powell (Hellen Mirren), oficial de la inteligencia británica, tiene a su cargo una peligrosa misión en Nairobi, Kenia.  La llevará a cabo no entre los fuegos cruzados del campo de combate, sino en una oficina repleta de pantallas desde donde impartirá las órdenes para capturar a un agente traidor.  Una guerra sin banderas contra el terrorismo. La misión cambia su propósito cuando una pequeñísima cámara camuflada en un dron con forma de insecto revela que el perseguido comanda un atentado terrorista que podrá cobrar la vida de decenas de personas. La captura pasa a ser eliminación. A partir de este momento y con una tensión in crescendo, la película gira en torno al operativo que habrá de conducir a la eliminación del grupo terrorista para así evitar su inminente pero también incierto  ataque.  Pero no es sobre esta operación militar que se recuesta el peso narrativo de Enemigo Invisible sino sobre el dilema que muy pronto se atraviesa en su ejecución.  Una vez se evalúan las posibles consecuencias de esta acción los sistemas advierten que una niña puede morir. La suerte quiso que la pequeña instalara su puesto de venta de pan justo contra el muro donde se agazapan los terroristas. Se trata, técnicamente hablando, de un efecto colateral que se le atraviesa al operativo.

Se justifica la acción aún a sabiendas de este daño colateral? Pesa más el riesgo del incierto ataque terrorista que la vida de esta anónima chiquilla o la certeza de su proximidad al lugar del ataque  es suficiente para abortar el plan de eliminación? Estas y otras muchas son la preguntas que bombardean a un espectador que no puede sustraerse de la difícil decisión que debe tomarse para resolver semejante disyuntiva. Enemigo invisible logra que la tensión propia del  thriller profundice en las fronteras tantas veces difusas de las causas que justifican o condenan la conducta humana.   Su director, el sudafricano Gavin Hood, le da a las distintas posturas un tono de razón y credibilidad para que el espectador  se involucre y arme en su cabeza su propio plan de acción y su discurso de justificación.   La película atrapa por el doble  efecto del suspenso en torno al operativo y del cuestionamiento ético/moral frente a una dilema difícil de resolver.

Más allá de lo que pueda decirse en torno al planteamiento de la situación, al modo como se presenta o falsea el uso de la tecnología, a si es o no artificioso y engañoso el uso del elemento niña-negra-indefensa o a si la resolución del dilema es un mensaje encriptado de dominación y poder, lo cierto es durante toda la película el espectador no pestañea un solo momento, inmerso en lo que está sucediendo en la pantalla. Se lo sienta en la mesa de deliberación y se lo somete al incómodo pero interesante ejercicio de tener que decidir a sabiendas del costo humano que entraña esta específica decisión. Por eso, por ese logro de involucramiento, Enemigo invisible es una película notable.  El contraste de sus ambientaciones, su atrapante ritmo, el caleidoscopio móvil de los rostros implicados, los discursos justificativos de cada bando y, especialmente, la invisibilidad apabullante de un enemigo difuso pero de presencia determinante, hacen de Enemigo Invisible un trabajo que combina muy bien el envolvente latido de los buenos thrillers con la inquietud que  deja un cuestionamiento bien planteado. Una forma que sobresale por el fondo que la llena y un fondo que penetra bien por la forma como se lo expresa.

EYE IN THE SKY SEC 1

En lo actoral imposible no hacer mención de dos grandes: Helen Mirren y Alan Rickman.  El temple de ambos se traduce en personajes sólidos y convincentes. Las buenas actuaciones son siempre una combinación caprichosa de acciones, gestos, miradas, voces, silencios y presencias.  En esto último, en esa fuerza que dimana del simplemente estar o aparecer, Mirren y Rickman están, desde hace rato, en la galería de los maestros. El segundo murió en su natal Londres el pasado 14 de enero. La primera ya hizo, después de Enemigo Invisible, otro par de películas. Y seguro vendrán más.  La reina está viva, larga vida para la reina.

Sobre El Autor

Andrés Quintero M.
Dirección Distinta Mirada

Dirección Distinta Mirada

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