En primera plana
Diego Montejo9
Humberto Santana9
Andrés Quintero9
LO MEJOR
  • Las actuaciones, solventes y dinámicas.
  • El guión, sólido y fantástico
  • La parte final
LO MALO
  • Ligera falta de ritmo en el primer tramo de la película
9Notable

Spotlight_aficheTÍTULO ORIGINAL: Spotlight

AÑO: 2015

DURACIÓN: 128 min

GÉNERO: Drama

PAÍS: Estados Unidos

DIRECTOR: Tom McCarthy

ESTRELLAS: Mark Ruffalo, Michael Keaton, Rachel McAdams, Liev Schreiber, John Slattery, Stanley Tucci, Brian d’Arcy James

 

Muy rara vez nos encontramos con una película como Spotlight (En primera plana para países hispanos, pero omitiré este título por comodidad).

Es difícil, para parte del público acostumbrado a generalizar, entender la producción de películas como esta, usualmente por su temática y construcción, tildadas de “telefilms” o simplemente descartadas por no ser espectaculares o tener un profundo clímax emocional que justifique su visualización en la gran pantalla. Incluso cuando se trata de premios, el público abandona a las películas como Spotlight para decantarse hacia lo más llamativo, lo que deje huella como un orgasmo pasajero en treinta minutos de las dos horas de película. Tendemos a abandonar a las películas importantes pero sutiles, nos movemos por táctica de shock y sorpresa en detrimento de la naturalidad y de la excelente praxis narrativa.

Y lo entiendo, es normal considerar al cine en salas como un evento antes que un medio emocional, más o menos lo contrario a lo que se hace con la literatura, donde cada libro es una expresión y no una fiesta de pirotecnia. Sin embargo parte de este pensamiento lo alimentan las películas con anuncios poco sinceros que tratan de vender lo que no es al espectador, en pos de números en taquilla. Spotlight es todo lo contrario, incluso su mensaje es una oda a la transparencia y nunca, ni en un solo minuto de su metraje y publicidad, se vende como lo que no es y esa es su principal fortaleza, no se esfuerza en usar táctica de shock, no busca la lágrima del espectador y nunca abandona su estilo y mensaje. Nunca sacrifica narrativa por agradar.

Spotlight es una película a priori difícil, recuerda más al cine de Lumet ( o la imperdible referencia a esa obra maestra llamada Todos los hombres del presidente) que nos maravillaba con sus pausas y naturalidad para convencer al espectador. Pues Spotlight incluso en su paciencia y ritmo (que salvo al comienzo, no es una falencia) es capaz de contar una historia escabrosa y complicada de llevar a la pantalla como han sido, durante más de treinta años, las violaciones y los abusos sexuales perpetrados por miembros de la iglesia católica . Lo hace de un modo tan profesional pero a la vez con la suficiente intimidad para hacer emocionar, enfadar o acelerar el corazón del espectador. Es esa simbiosis perfecta de estilo y alma  la que caracteriza a Spotlight y la catapulta a ser una película no solo importante en tema, sino maravillosa a nivel sentimental.

Por todo lo anterior, Spotlight se sustenta en uno de los mejores guiones que he visto en mucho tiempo, sólido, solvente y que exprime a todo su elenco de una manera natural sin abandonar su brío eminentemente periodístico, pero bañado en el más fantástico dinamismo. Spotlight no aburre a pesar de su estilo, no cansa a pesar de su tema y convence gracias a mantener su naturaleza obsesiva y dinámica, acorde con un impávido reparto, potente y a la vez cargado de momentos individuales. Sus protagonistas son cuatro periodistas investigativos, miembros de Spotlight: la carismática Sacha Pfeiffer (Rachel McAdams), el obsesivo Mike Rezenders (Mark Ruffallo), ambos dirigidos por un fantástico Robby Robinson (Michael Keaton) editor del más prestigioso y confidencial equipo de trabajo en el Boston Globe,  acompañados por un sólido y siempre llamativo equipo de secundarios (menciono especialmente a d’Arcy James en el papel de Matt Carroll como cuarto miembro de Spotlight) , todos  funcionando  como un reloj, siempre alrededor del caso Geoghan que dejó al descubierto la corrupción institucional  y el encubrimiento de las violaciones sistemáticas de miembros de la  iglesia católica a niños en la ciudad de Boston. Sin embargo, aún cuando McCarthy aleja las cámaras de los escritorios y entra en la vida y dudas de sus protagonistas, la película no se resquebraja sino que descompone  las columnas morales de sus protagonistas en una entretenida pugna de voluntades que juega en contra de su espíritu y creencias humanas.

 

Ninguno de los protagonistas es estrella solitaria y todos componen el rompecabezas de McCarthy; todos responden de manera excelente cuando el guión lo exige y todos cumplen a la perfección el ejercicio investigativo que la trama requiere. Spotlight es la mejor manera de convencer a cualquiera de estudiar periodismo de investigación, es una radiografía de la exhaustiva y compleja labor periodística, además de ser una película imperdible gracias a su visión  ética del oficio. Como la cinta de Pakula en el 76, Spotlight abandera un mensaje arrollador sobre la ética y la transparencia que deben llevar no solo el  periodista, sino también el  abogado,  el padre de familia, el hijo y, en general , cualquier individuo que se preocupe por el bien común.  Spotlight es una historia de ética y moral en momentos difíciles, de perseverancia y voluntad cuando el mundo es adverso, de la practicidad cuando se trata de sacar adelante una de las tramas más grotescas y horrendas de la naturaleza humana. Spotlight es una cinta que te deja devastado pero a la vez te obliga a reflexionar de manera natural, a emitir juicios de valor  y a ser testigo, sin excesos y de manera profesional, del horror que tienen que afrontar los periodistas.

Todo lo anterior se vive de manera intensa pero dosificada en las dos horas de largometraje que nunca se hacen pesadas o eternas. Incluso al final la sala parecía estar en tal estado de ansiedad, desagrado y adrenalina, que vio necesario levantarse y aplaudir el largometraje, quizá por el riesgo que afronta hacer una película de estas características, que nunca lleva al espectador a pedir la hora pero que tampoco abandona los deseos de sorprender y maravillar a propios y extraños. Los elogios no son suficientes cuando se habla de una película con un alma tan transparente y con una tensión maravillosa como Spotlight. Si, probablemente Spotlight no es un prodigio en dirección pero no importa y no lo necesita. En sus dos horas Spotlight no necesita abalorios para ser la película del año pues ya lo es por  mérito propio.

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