El sacrificio del ciervo sagrado
Diego Solorzano6.5
LO MEJOR
  • La puesta en escena de Lanthimos es pulcra y tenebrosa, una película que desde lo visual logra incomodar al espectador.
  • Fotografía excelente, a nivel técnico un portento visual.
LO PEOR
  • El guion puede ser deliberadamente tramposo y arbitrario, puede sacar de casillas a más de un espectador.
  • Los actores, deliberadamente desaprovechados.
6.5INTERESANTE
Puntuación de los lectores: (2 Votes)
7.6

TÍTULO ORIGINAL: The killing of a sacred deer

AÑO: 2017

DURACIÓN: 2h 1 min

GÉNERO: Suspense

PAÍS: Estados Unidos

DIRECTOR: Yorgos Lanthimos

ESTRELLAS:  Colin Farrell, Nicole Kidman, Barry Keoghan

 

En ‘Poética’ Aristoteles fundaba las bases de la nueva tragedia griega, incluyendo en la diatriba y esquemática estructura del teatral divertimento griego la figura de la “Catarsis” y como esta era el culmen final después de una mímesis, momento en el que la justicia divina y poética cernían la espada de Damocles sobre el individuo que sucumbió ante su propia arrogancia y egocentrismo. Este estudio de la tragedia griega reconfigura la realidad de muchos escritos de la época y cimenta las bases que hoy en día contagian la literatura y la poesía teatral además de darnos a entender el titulo de la nueva película de Lanthimos.

De hecho fue la muerte de un ciervo la que empujó al arrogante Agamenón, héroe de la mitología griega, al tormentoso rencor de la diosa Atenea guardiana de los bosques donde el rey griego había consumado el asesinato de la bella criatura. Durante días los vientos mediterráneos se paralizaron ante la maldición divina hasta que se llevara a cabo la retribución: El cuerpo sin vida de la hija del máximo dirigente griego, Ifigenia. Este sacrificio llevaría a la catarsis final del arrogante líder y a la consecuente batalla por Troya que todos conocemos en el imaginario público.

Así pues, Aristoteles configura la tragedia desde la predestinación del personaje, condenando al personaje por sus acciones pero haciéndolo trágico a través de sus emociones (Pathos) en una alegoría que hoy, más de dos mil años después, el director griego rescata de la literatura y el teatro para su adaptación del mito patrio, esta vez desde la óptica de la predestinación en la vida del célebre cirujano ‘Steven’ y toda su familia tras la llegada del joven Martin, un inadaptado social que pronto empieza a trabar amistad con los hijos del personaje interpretado por un renovado Colin Farrell cambiando para siempre la vida de todos los que le rodean.

Mi problema con ‘La muerte de un ciervo sagrado’ es el mismo que probablemente algún espectador pueda compartir al momento del visionado: La predestinación como trampa narrativa. Todo aquel que haya visto antes el cine del director griego reconoce la surrealidad de sus imaginarios cinematográficos y como estos operan a un nivel ajeno a la realidad formal que nos rodea. Es decir, Lanthimos desarrolla películas con reglas propias y personajes que no logran la lucidez de sus actores dado el histrionismo teatral que les caracterizan. Sin embargo, es en su última película donde esta sublimación de la realidad juega a un nivel mucho más excelso pues se torna radical en su parsimonia: Para que nos guste ‘La muerte de un ciervo sagrado’ debemos rendir completa pleitesía al lenguaje que usa el griego para con sus personajes.

Cuesta explicar el mayor inconveniente de la nueva obra de Lanthimos sin caer en el spoiler gratuito aunque es fácil entenderlo como una simpleza abusiva de guion. En su magnífica ‘Langosta’ los personajes convivían en un submundo con reglas establecidas pero nunca arbitrarias o deliberadamente cerradas, al contrario, a la mitad del metraje este mundo se abría para dar espacio a una narración más oxigenada y liberada. En La muerte del ciervo sagrado, Lanthimos encorseta aún más la historia en pos de la teatralidad griega, llegando incluso a puntos muertos a nivel argumento hasta una definición laxa en intenciones y que recuerda al histórico clímax de ‘Funny Games’ donde Michael Haneke acometía una estocada mortal a la suspensión de la incredulidad del espectador. Ese es el nivel en el desconcertante devenir de los acontecimientos en la nueva obra del griego.

Por supuesto, a nivel técnico la película vuelve a ser un prodigio digno de Kubrick en cuanto a ambientación y uso excelente de la iluminación a trasluz para dar sensación de ensueño a las escenas en interiores, en este aspecto el griego da un salto cualitativo en lo que exposición se refiere, desde los encuadres simétricos en  las escenas el hospital hasta los planos cenitales para emular los ojos de Dios en los personajes imperfectos que deconstruye Lanthimos durante las casi dos horas de metraje. También hay que notar ciertos guiños visuales a la obra máxima del maestro Haneke, desde los consultorios asépticos para amplificar la violencia subliminal que transpira la cinta.

A nivel de reparto hay que recordar la eliminación total de libre albedrío a nivel de guion. Como en sus películas desde la excelente ‘Canino’ los personajes de Lanthimos carecen casi totalmente de una dimensión compleja más allá de lo que el libreto encorsetado decida, los personajes del griego recitan su libreto desde el anfiteatro sin perder el hilo, por lo que todas las actuaciones se encuentran supeditadas al guion que disponga la película. Es una verdadera lástima que las diatribas arbitrarías y escenas cíclicas hagan sentir acartonados a casi todos los excelentes actores en pantalla. Quizá la excepción sería Barry Keoghan, aunque en ciertos momentos de la película pueda parecer más caricaturesco de lo necesario.

La muerte de un ciervo sagrado será sin lugar a dudas una película divisiva. En lo personal me costó demasiado encontrar algo de sustancia entre tanto histrionismo y corset argumental. Aunque las intenciones y la realización estética sean más que sobresalientes, sin duda soportar toda la película en un guion tramposo y cerrado acaba por ahogar las aspiraciones de su nueva cinta. Sí, probablemente la ambientación opresiva y los planos cerrados impulsen al suspenso en el corazón del espectador pero cuando trata de ponernos en el lugar de Agamenón, como espectador acabamos cansándonos de parecer crédulos tontos  supeditados a los designios de su caprichosa vena guionista.

Sobre El Autor

Diego Solorzano
Colaborador (Colombia)

Colaborador

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