El renacido
Humberto Santana7.5
LO MEJOR
  • La técnica cinematográfica, las actuaciones y al fotografía
LO MALO
  • La falta de un poco más de sustancia
7.5Buena

the-revenant-TheRevenant_LeoPoster_rgbTÍTULO ORIGINAL: The Revenant

OTROS TÍTULOS: Revenant: El renacido

AÑO: 2015

DURACIÓN: 2h 36min

GÉNERO: Aventuras, Drama, Suspenso

PAÍS: Estados Unidos

DIRECTOR:  Alejandro González Iñárritu

ESTRELLAS: Leonardo DiCaprio, Tom Hardy, Will Poulter

 

Las películas de cine, independientemente de su género -sea drama, acción, suspenso, etc.- tienen para mí dos formas básicas de llegar al espectador. Una, mediante lo que se podría denominar un proceso más “cerebral”, buscando efectos de reflexión, análisis, conocimiento o profundización de algún tipo. La otra apela a generar sensación pura, ya sea vértigo, miedo, risa, etc., siendo más “visceral” si se quiere. Ambas perfectamente válidas y base de las múltiples posibilidades que ofrece el cine, pero eventualmente preferidas por unos o por otros según el gusto personal. En el cine las reglas están hechas para romperse, y las clasificaciones para generar excepciones, pero The Revenant es sin duda más una película del segundo grupo que del primero. Su intención, como ya conocemos de su director Alejandro González Iñárritu, es contar una historia subiéndonos a una montaña rusa de sensaciones y emociones.

En la época de la conquista del noroeste americano, el personaje central Hugh Glass (Leonardo DiCaprio), además de haber perdido a su esposa anteriormente, es mezquinamente abandonado moribundo en medio del bosque por el villano de la historia John Fitzgerald (en una gran interpretación de Tom Hardy), luego haber sido atacado y gravemente herido por un oso Grizzly durante una expedición para obtener pieles de castor. La escena del ataque del oso, impecablemente lograda en su técnica cinematográfica, no solamente sintetiza en cierta forma el estilo de cine de Iñárritu, sino que sirve como metáfora de lo que busca hacer con el público: La película atrapa en su primera parte al espectador con la misma violencia que lo hace el oso con Hugh Glass. Sacude sin que se pueda hacer absolutamente nada al respecto y, a pesar del estado de shock, hace que la adrenalina se sienta corriendo en el cuerpo. Si bien la impresión al terminar la película es que el ritmo de las sensaciones no es permanente y tiene altibajos, algunas de las escenas de The Revenant son de las que se graban irremediablemente en la memoria cinematográfica.

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Pero si bien la intención primaria de la película es evidente, Iñárritu busca darle profundidad a los personajes principales de diferentes maneras. Para Hugh Glass, interpretado por DiCaprio con una meticulosidad y aplicación admirables, utiliza una estrategia poco convencional, que si bien es interesante a priori, termina siendo poco efectiva y en últimas superflua. El motor que mueve a Glass en su desgracia es el innumerables veces empleado leitmotiv de la venganza, “justificada” eso sí, como siempre que se emplea, pero la dimensión trascendental del personaje busca revelarse a través de sus constantes sueños, protagonizados por su fallecida esposa indígena en un aura mágico y esotérico. DiCaprio sin duda aporta todo su talento y su profesionalismo a la construcción del personaje, dando todo lo que se le pide y mucho más, como lo demuestran los grandes sacrificios físicos a los que se sometió durante el rodaje, la mayoría de ellos sin el uso de dobles, justificando todas las nominaciones y premios recibidos. Supera brillantemente todos los retos que su personaje le impone desde el guión y la dirección. Si el personaje termina siendo menos complejo de lo que hubiera podido ser, es más bien atribuible a otros factores.

El antagonista, John Fitzgerald, termina siendo el papel más interesante y mejor logrado. Tom Hardy logra crear un gran personaje, un villano definido en forma admirable y sin apelar a la magnificación de sus actos, sino más bien construido pausadamente sobre la base de la ausencia total de valores y el egocentrismo absoluto que Hardy hace que leamos en su interpretación, a simple vista quizás menos espectacular que algunos de los grandes villanos, pero con más detenimiento contundentemente real.

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Un manejo de cámara experto y deslumbrante en muchas de las escenas, y una fotografía impactante, acompañan la gran puesta en escena y la impecable técnica cinematográfica, que hacen de Iñárritu -justificadamente- un mago de este arte, lleno de trucos y de engaños visuales para convertir lo fantasioso (a sí sea “basado en hechos reales”) en algo no solamente creíble, sino en muchos momentos emocionante. Independientemente de los gustos particulares por géneros y enfoque, hay que reconocer que películas como The Revenant contribuyen a que la cinematografía siga su curso evolutivo.

 

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