El Reino
Andrés Quintero8
LO MEJOR
  • Reconocerse, definirse y desarrollarse como thriller
  • El papelazo de Antonio de la Torre
  • La dirección de Sorogoyen
LO MALO
  • Algo confusa en su comienzo
8Buena

TÍTULO ORIGINAL: El Reino

AÑO: 2018

DURACIÓN: 2h 11min

GÉNERO: Thriller, Intriga, Drama

PAÍS: España

DIRECTOR:  Rodrigo Sorogoyen

ESTRELLAS: Antonio de la Torre, Josep Maria Pou, Nacho Fresneda, Ana Wagener, Mónica López, Bárbara Lennie, Luis Zahera

Imaginé, habiendo leído que el tema central de El Reino es la corrupción enquistada en la política española, que me encontraría con una de esas películas – mitad ficción mitad documental – que denuncia los estragos de este flagelo universal.   Pensé en uno más de esos trabajos, tan valientes como inocentes, que quieren suscitar la indignación del público frente a un mal que, más que inoculado en muchos de los estamentos de la convivencia humana, pareciera que les fuera consustancial. Y es que una mirada sosegada y desapasionada del tema demuestra que la corrupción es tan astuta que se sirve de los improperios que le lanzan y de las cruzadas cuasi heroicas que la enfrentan para, de una aberrante manera, agazaparse por un rato para luego reaparecer, bajo nuevos y sofisticados códigos, fortificada.

Y, sí, en efecto, El Reino muestra como en el quehacer político español la corrupción es una moneda de libre curso sin cuyo tráfico es impensable lograr el tan codiciado poder. Pero, incorporándola en su estructura, El Reino es una cosa muy distinta a una denuncia socio/política o ético/moral contra la corrupción. El Reino es, antes que nada, una aventura cuya trama gira en torno al tema de la corrupción y es desde ese punto de vista, el narrativo cinematográfico, que debe degustársela y valorársela. El Reino no es una buena película porque denuncie actos de corrupción o porque muestre que tan infestada de ese virus letal puede estar la política de una nación cualquiera. El Reino no es un noticiero ni es, tampoco, un documental o el trabajo periodístico de una unidad investigativa. Es, insisto, una aventura y por lo tanto, lo que tiene de valioso es el nervio que su director Rodrigo Sorogoyen supo imprimirle y el ritmo trepidante que acompasa su trama. No es que interese poco el problema subyacente, es que lo que interesa e incluso apasiona es el espiral en el que se ve atrapado Manuel ( Antonio de la Torre) un político corrupto al que las filas de su partido abandonan cuando sale a la luz pública todo su pecado.

 

Estuvo tan bien pensado y tan bien logrado el trabajo de Sorogoyen que aún con algún rezago moralista de disgusto, el espectador termina yendo por el corrupto. Es su afán agónico de arrepentimiento y justicia el que termina poniendo al público de su lado, pero no con la reflexión del analista, sino con la emoción de quien acompaña al héroe. Una cámara insidiosa que emplea de maravilla el close up y una música en permanente aceleración, le dan la justa medida de taquicardia a este thriller que si bien se sostiene por su propia dinámica, aprovecha la credibilidad y seriedad que le da el polémico tema que usa de materia prima.

El casting de El Reino fue todo un acierto   y en el plano actoral, de la Torre descuella con su impecable papel. No pasa lo mismo, pero no es asunto que empañe su brillo como actriz, con la bella Barbara Lennie que hace el rol de la periodista que, en el desenlace magistral de la película, entrevista al político corrupto. Sobresaliente la escena en la que Manuel entra en la casa de su copartidario político a buscar unas pruebas. El pulso asimétrico entre el político desesperado y los jóvenes, medio ebrios y medio drogados que están acompañando a la hija del dueño ausente, es tan brillante como vibrante.

El éxito de Sorogoyen fue privilegiar en todo momento el latido acelerado, casi angustiado, que caracteriza al buen thriller sirviéndose para ello de un tema que como el de la corrupción lo hace todo, pesarosamente, más creíble y real.

 

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