El patrón, radiografía de un crimen
Cesar Padilla Herrera8
LO MEJOR
  • Luis Ziembrowski, Germán de Silva y Joaquín Furriel, en ese orden.
  • Es fácil reconocer las ideas de Neuman detrás de la obra de Schindel
  • La carnofobia temporal que genera debido a las "prácticas" de los carniceros tan bien presentadas
LO MALO
  • Aunque crItica la injusticia social, al finalizar asume cierta neutralidad contradictoria
  • Un par de actuaciones corrientes, nada memorables
  • Que probablemente en Colombia no la proyecten de nuevo
8Muy buena

TÍTULO ORIGINAL: El patrón, radiografía de un crimen 

AÑO: 2014

DURACIÓN: 99 minutos

GÉNERO: Drama, Crimen

PAÍS: Argentina

DIRECTOR: Sebastián Schindel

ESTRELLAS: Luis Ziembrowski, Joaquín Furriel, Guillermo Pfening, Andrea Garrote, Germán de Silva

 

Esta es la increíble y triste historia del cándido Hermogenes Saldivar y su patrón desalmado. El guión se basó en un caso real descrito en la novela homónima de -abogado defensor- Elías Neuman, quien fue profesor universitario y un reconocido victimólogo argentino; a esto se debe que el relato sostenga una denuncia de la injusticia social, el castigo y la culpa.

La radiografía del crimen de Saldivar propone al menos dos argumentos centrales. El primero, sancionar con cadena perpetua a un hombre excluido, explotado y mancillado por la “sociedad”, es excluirlo nuevamente pero con la grave consecuencia de que el castigo -la mera aplicación de la ley- hace ver esto como justo. Lo segundo, la marginalidad estructurante de la persona excluida suele ser la suma de varias circunstancias de vulnerabilidad, es decir Hermogenes era a la vez analfabeta, oriundo de una precaria provincia, Santiago del Estero, declarado “inepto” por el ejército, estafado, discriminado, y esclavizado por su patrón “Latuada”, muy bien interpretado por Luis Ziembrowski. El patrón desalmado, era además un porteño racista quien representa la violencia física y simbólica a la que, en muchas ocasiones, se ven sometidos quienes llegan a Buenos Aires y provienen de lugares construidos socialmente como indeseables, Paraguay o Bolivia digamos, para los que se ha reservado el rótulo de “cabecitas negras”[1].

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Bien, retomando el argumento del castigo, fue inevitable para mi no relacionarlo con una ponencia breve de otro académico argentino Roberto Gargarella. En su texto [2] hace referencia a un caso en EEUU conocido por el juez Bazelon, acerca de un individuo negro que recibió insultos racistas y cometió doble homicidio, según el funcionario estuvo determinado en parte por sus condiciones de desventaja social extrema por lo cual declararlo culpable era incorrecto. Esta postura (que por supuesto fue cuestionada por “elitista y condescendiente”) es similar a la del abogado de Saldivar; ahora, similar no es idéntica. Lo que alega el defensor en la película no es que se lo declare inocente por excluido sino que no se olvide esa condición de exclusión en la que el estado tuvo todo que ver  y que no podía soslayar al momento de reprocharle su conducta, entonces pide: “castigarlo con la pena mínima [simplemente] por que es justo”.

Algo similar pasa en la película que adapta la obra de Victor Hugo, Los Miserables. Jean Val Jean robó un pan; tenía hambre pero no dinero. Así, cuando lo vemos en la cárcel nos queda fácil reconocer que se lo castigó por tener hambre, no por el robo. Nos queda más fácil decir: es injusto. Pero ¿en qué reside tal injusticia? probablemente en que sabemos que es una injusticia producida racionalmente primero por el estado luego por la justicia formal.

Ahora bien, además de esos argumentos centrales hay otro no menos importante. Es representando mediante unas muy buenas escenas, con una fotografía y maquillajes bien logrados, donde vemos la técnica para producir y vender carne mientras se es un”ganador” como dice el personaje que interpreta (ese buen actor que es) German de Silva, nadie más que el profesor de lisonjear y embaucar del cándido Hermogenes, claramente de Silva es el buen Igor del patrón.

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German de Silva, realmente logra convencerme de tres cosas: detrás de la producción y distribución de la carne hay mil secretos, trucos que sazonan lo podrido, chorros de lejía que “detienen” cualquier fecha de vencimiento, procesos de curado que transforman lo literalmente putrefacto en suculento. No hay nada que no pueda vender un carnicero ganador como él -un estafador- y nada que no pueda consumir un incauto o sea cualquier consumidor. Esas carnes disfrazadas, se parecen a la historia del carnicero de Santiago del Estero. Lo que parecía una relación de trabajo era en realidad una especie de esclavitud, como el adobo que es un truco para simular lo podrido del filete.

Pues bien,  en esta película se narra un drama frívolamente cotidiano, aunque con un desapacible final en que a Hermogenes se le adjudica la condición de eterno esclavo. Por otro lado, hay cierto maniqueísmo en el tratamiento de la historia y la interpretación de los personajes, considero que esto hace difícil creer lo que tocaba: que pasó en la vida real.

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Finalmente, esta película ganó tres premios sur -de la academia de las ciencias y las artes cinematográficas de la Argentina-, actor protagónico, guión adaptado, y maquillaje; ha tenido más o menos 47,330 espectadores, y estuvo incluida en la selección de varios festivales entre ellos la del pasado IndieBo pero incluso sin todos estos logros comerciales, vale la pena verla; y es que el cine latinoamericano tiene buena parte de su próspero futuro cosechado por el cine de los argentinos; con esta película brinda además una poderosa herramienta para que  el espectador vegetariano reclute nuevos carnofobicos.

Referencias

[1] Grimson, Alejandro. 2012. Mitomanías argentinas: cómo hablamos de nosotros mismos.Siglo XXI editores.

[2] Gargarella, Roberto. 2010. La coerción penal en contextos de injusta desigualdad. Seminario en Latinoamérica de Teoría Constitucional y Política. Paper 82. Disponible en: http://digitalcommons.law.yale.edu/yls_sela/82

 

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