El Lector
Autor7
H. Santana (Dirección Distinta Mirada)6
6.5Nota Final
Puntuación de los lectores: (1 Voto)
5.9

TÍTULO ORIGINAL: The Reader

OTROS TÍTULOS: Una pasión secreta

Decir, para empezar, que así como me conmueve el acto silencioso de leer, también me atrae poderosamente el hacerlo en voz alta y el escuchar a otro que lo hace. Es más, en ocasiones y sin nadie  alrededor que pueda tacharme de zafado,  leo en voz alta y sólo para mí, la frase que me impactó, el pasaje que me sedujo.

Atrayéndome tanto y de tantas formas la lectura, El Lector se me ofrecía como un  terreno de complacencia segura. La historia no podía ser más atractiva: un joven, Michael Berg (David Cross) conoce a una mujer, Hanna Schmitz (Kate Winslet) que doblándolo en edad termina también doblándolo, física y sentimentalmente, en el humilde apartamento que le permite su sueldo de inspectora de buses. Allí, fugado de su grupo de amigos y de los encuentros propios de su juventud, Michael le lee a Hanna – antes y también después de hacer el amor –  extensos pasajes de la Odisea, cuentos enteros de Chejov y, como no, las aventuras de Tintín y su entrañable compañero el capitán Haddok. Años después de una brusca separación Michael, para ese momento ya estudiante de derecho, volverá a verla mas no ya para leerle como de muy joven lo hiciera, sino para verla, devastada y demacrada, ante un tribunal que la juzga por su participación en el exterminio judío.

Como una impecable mise en place todo estaba puesto para acertar. El tema, los actores, la fotografía, todo….  y sin embargo algo se malogra. La historia no supera el plano facilista de la emoción y uno se queda con el sinsabor que deja el desaprovechar la ocasión. Así pasa a veces en el cine. Historias que parecían banales y sosas extraen de su propia simpleza un vigor inesperado sorprendiendo a todos, mientras que historias, como El Lector,   plagadas de bemoles y vibratos, apenas si alcanzan a ser agradables o pasajeros divertimentos musicales. Y es que hay películas que bien pueden quedarse en el plano de la entretención e, incluso, en el de la emoción y cumplir, a cabalidad y con creces, su misión. Pero hay otras, como El Lector, que provistas de un guión ambicioso, alcanzar tan sólo la entretención y la mera emoción, las deja lastimadas y cojas  Las condena, fatal sentencia, a un pronto olvido.

Toda la crítica – e incluyo tanto la favorable como la adversa –  resalta y destaca el papel de la Winslet. Los unos dicen que su actuación coronó una entrañable película y los otros que el único brillo de esta opaca película es su actuación. Oscar merecido, a juicio de casi todos,  a la mejor actriz del 2008. Me aparto de esta generalizada opinión: cuando una historia, por la razon que sea, se desluce, toda ella se desluce y arrastra en la caída de los desmerecimientos , no tanto las actuaciones que la soportan, como sí los personajes que de estas surgen.  Esto no quiere decir que la actuación de la Winslet sea mala. Es, bien por el contrario, una muy buena actuación pero – ojo que es distinto – su personaje no alcanza la esquiva cima que sólo alcanzan aquellos  personajes que provienen de una buena actuación. Para decirlo de otra manera y quizás más clara manera: convence Kate mas no Hanna.

El Lector se quedó a mitad de camino. Se conformó con una historia cuyas aristas seductoras son innegables pero a la que le faltó una realización de talla mayor. Después de verla queda un poco esa impresión de haber tomado del arte, de la literatura en este caso, su impresión más superficial, su faceta más comercial. Con un tema como el escogido El Lector pudo haberse esforzado por alcanzar, en sus espectadores, la conmoción pero prefirió el terreno, seguro y plano, de la simple emoción.

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