El Juego De Ender
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TÍTULO ORIGINAL: Ender’s Game

Me llevé una alegre y grata sorpresa tras ver esta película. Me imaginaba que iba a presenciar una fantasía espacial para pre-adolescentes salpicada con los clichés de las sagas “Harrypotterianas” o, lo que sería aún peor, “Crepusculianas”.

Nada más lejos de la realidad, “El juego de Ender” es una agradable vuelta a lo que siempre ha sido la Ciencia Ficción: un género que aprovechaba la imaginería fantástica y/o espacial para hablar de problemas y divagaciones muy terrestres y actuales.

Ahí están los casos de “Solaris” (la versión de Tarkovsky), “Metrópolis”, “Blade Runner” o incluso “Ghost in the sell” y la entrañable “Wall-e”, si nos centramos en el campo de la animación. Hasta “E.T.” no dejaba de ser una alegoría sobre la soledad de un niño que crecía en un hogar desestructurado (posiblemente, la obra más personal de Spielberg).

Pero en algún momento, todo esto se perdió y, desde hace ya unos años estos conceptos se han sacrificado en pos de los efectos especiales. Ya no importa la historia, ya no hace falta hacerse preguntas, todo se basa en el CGI más revolucionario, en las animaciones 3-D más caras y en conseguir un aspecto visual apabullante. ¿A qué precio? El tiempo lo dirá, pero parece que se ha relegado a la Ciencia Ficción a un subgénero. Nunca ha hecho falta tener efectos especiales para hacer una película de Ciencia Ficción: “Stalker”, “El tiempo del lobo” o “Abre los ojos” son claros ejemplos.

Y justo cuando parecía que los temas trascendentales ya no tenían cabida en una película de este tipo, nos llega “El juego de Ender”: una metáfora antibelicista que nos habla de los niños soldados y, sobre todo, un alegato en contra de ese concepto tan actual llamado guerra preventiva. Una película que nos hace reflexionar si somos capaces de descifrar su diálogo interior. Algunas frases de este film son para el recuerdo: “La mera existencia de esos alienígenas ya supone una amenaza” le dice Harrison Ford al joven Ender.

Y es que viéndola recordé aquella frase que decía: “Los adultos y los niños son iguales… lo único que cambia son los juguetes”.

De pequeños algunos coleccionamos coches o muñecas, y otros, ya de mayores, coleccionan edificios, países o activos tóxicos… No es casualidad que los protagonistas de “El juego de Ender” sean unos niños que juegan a hacer la guerra a través de videojuegos. Hay un mensaje muy interesante detrás de todo el concepto de la película. Y aunque en algunos momentos este se diluye en escenas superficiales, el anticlímax final deja con un gran sabor de boca. Es una película incompleta e imperfecta, pero dentro de su metraje hay un discurso de muchos quilates.

Yo acepto tu juego, “Ender”. Y he aprendido una valiosa lección: no dejarme llevar por las apariencias. La próxima vez no prejuzgaré una película antes de haberla visto.

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