El infiltrado
Andrés Quintero7
LO MEJOR
  • Bryan Castron, magistral
  • Un thriller no perfecto pero sí más que correcto
  • El contrapunteo entre el operativo policíaco y la carga anímica del protagonista
LO MALO
  • El abuso facilista de ciertos estereotipos
  • Con el foco argumental que se tenía, daba para más
7Buena

el-infiltrado-aficheTÍTULO ORIGINAL :  The infiltrator  

AÑO: 2016

DURACIÓN: 127 min

GÉNERO: Thriller

PAÍS: Estados Unidos

DIRECTOR: Brad Furman

ESTRELLAS: Bryan Cranston, John Leguizamo, Diane Kruger, Amy Ryan, Joseph Gilgun

UUn repaso del listado de las películas reseñadas por Distinta Mirada indica cuáles conforman su nodo de atención. Decir que las cintas escogidas son las que merecen el rótulo esquivo de buen cine es, cuando menos, pedante, pretencioso y, agravando las anteriores, mentiroso.  Distinta Mirada no usa pinzas selectivas ni pretende, al momento de elegir, descalificar lo no elegido. Lo que hace es mucho más elemental y simple: con un caleidoscopio de criterios, selecciona las que a su juicio son aquellas películas que tienen un perfil de interés, bien por su tema, su director y/o guionista, su reparto, su acogida por parte del público y/o de la crítica, su adscripción a un determinado género o, las más de las veces, por una mezcla no ponderada de algunos de estos elementos. Al elegir de esta forma siempre se corre el riesgo de que se cuele, camuflada tras estos mismos criterios, una mala película o que, por la tiranía de los mismos, se quede por fuera una buena película. La cartelera que semanalmente actualizamos es la muestra de este proceso selectivo.  Así como alguien puede reprocharle injustificadas exclusiones, alguien puede también criticarle ciertas inclusiones.  Es, en fin, una labor selectiva en la que las demarcaciones siempre serán subjetivas y con la que nunca se pretenderá descalificar – y mucho menos encomiar – sin argumentos y sin razón.

El anterior preámbulo editorial para hablar de El infiltrado, precisamente una de esas películas que Distinta Mirada no incluyó en su cartelera por considerarla, con la ayuda del aquel caleidoscopio de criterios, fuera del territorio de las buenas o interesantes películas por ver.  Pues bien, en un necesario y refrescante acto de rebeldía me fui a ver, un insólito lunes a las 6.20 pm, El infiltrado. Y no me equivoqué. No voy a decir que salí embelesado o hipnotizado de la sala, pero sí voy a decir que durante sus horas de metraje la historia me atrapó y supo llevarme con esa deliciosa sensación que siempre provoca una buena inmersión en esa otra realidad que es la ficción.

Con el maltrato que suele acompañar a toda sinopsis, El infiltrado cuenta la historia, basada en hechos reales, de Robert Mazur (Bryan Cranston) un policía americano próximo a jubilarse que decide aceptar la riesgosa misión de infiltrarse, bajo el nombre de Bob Musella,  en los círculos  del narcotráfico para  desenmascarar y capturar  al primer anillo de confianza del vedettizado Pablo Escobar. Así echado el cuento es como para salir huyéndole a otro novelón de traquetos, maletines de dólares, jerga antioqueña, oropel de putas y plomo a granel. Peor aún si por ser  made in USA  se refiere a Colombia como una probable islilla del Caribe donde se habla con un acento entre chicano y envigadeño. Pero El infiltrado saca un as bajo su manga y se mete en otro cuento, el de un hombre, magistralmente interpretado por Cranston, que se decide a hacerse pasar por Musella un lavador de dinero altamente sofisticado – con todo lo que ello implica de renuncias, contrariedades y tentaciones – para tenderle una redada a la élite del narcotráfico. La historia podrá tener sus visos de déjà vu pero lo que la hace superior a los estereotipos de su especie es que la operación policiaca está permanentemente jalonada por los dilemas personales del que está jugando a ser otro y es en medio de tan riesgoso juego que se da cuenta que el blanquinegro de la justicia absoluta y de la personalidad unívoca no son más que  quimeras.

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Tan exageraría si digo que El infiltrado es todo un ejercicio de profundización sicológica, como  mentiría si afirmo que es una más de las tantas versiones sobre los vericuetos del narcotráfico colombiano.  El infiltrado es a mi juicio una película que combina bien la tensión típica del thriller, creada en este caso por la incertidumbre del resultado de la operación y la aproximación, más en tono de insinuación, a ese zarandeo emocional  e incluso existencial al que se ve sometido Robert cuando sin apenas  darse cuenta empieza a sentirse  confortable siendo aquel a  quien representa porque, presiente, que de representaciones de otros está hecho el que somos . Pero no se crea que la película descuida su vibrato emotivo por andar en disquisiciones de personalidad; el espectador espera ansioso el desenlace de la historia y quiere, por inclinación instintiva, que ganen los buenos pero eso no le impide sentirse atraído a la vez que por el sofisticado operativo de captura, también  por el   juego de desdoblamiento  que  lleva a su protagonista a percibir un tanto diluida  la frontera que separa a Mazur de Musella. Por algo será que a ambos los apodan Bob.

Punto aparte merece la actuación de  Bryan Cranston. De tan convincente, soberbia.  Con la merecida fama que le dio Breaking bad,  Cranston logra  un personaje redondo que encaja a la perfección  en esos  ochentas signados por una prosperidad que ya empezaba a revelar intensos baches de personalidad. El director Brad Furman ya había trabajado con Cranston  (El Inocente, 2011) y supo hacer buen uso de su fuerza expresiva y de su enorme temple actoral. Las falencias, quizás no pocas, de la película las diluye   el magnetismo de su protagonista. El caso de nuestro querido Leguizamo es otra cosa.  También actor conocido de Furman ( El Inocente, 2011 y The Take, 2007) , Leguizamo repite acá su rol del típico colombiano desenvuelto y desparpajado. Así como al personaje de Cranston se lo ensancha hacia otras posibilidades, al de Leguizamo vuelve a recluírselo en el manido arquetipo con el que muchos nos identifican.  Los colombianos somos, para esta mirada, una curiosa mezcla entre Sofía Vergara y Jhon Leguizamo. Que cada cual decida que tan cómodo se siente con representantes de esta talla.

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Termino por donde empecé: de cuando en cuando viene bien irse de rolling por la cartelera comercial   y meterse a una película sin haberla antes auscultado en el mundillo de la crítica y sus calificaciones. Puede uno correr con la suerte de llegar a una película como El infiltrado y constatar, una vez más, que más allá de epítetos, disquisiciones y juicios el mejor cine es, sin más, el que nos gusta.

Sobre El Autor

Andrés Quintero M.
Dirección Distinta Mirada

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