El hilo fantasma
Diego Solorzano9
LO MEJOR
  • Daniel Day Lewis pletórico como siempre, es una verdadera lástima que sea su última interpretación. Vicky Krieps antológica. Las mejores actuaciones del año.
  • Paul Thomas Anderson dirige una clase cinematográfica, junto con una fotografía y guion firmados por su misma mano, compone una película impresionante. Una obra maestra para los sentidos.
  • A todos los niveles, una película de valor incalculable. De lo mejor del año.
LO MALO
  • El final causará división. Lo cual no es precisamente malo.
9Notable
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TÍTULO ORIGINAL: The phantom Thread

AÑO: 2017

DURACIÓN: 2h 10min

GÉNERO: Thriller, Drama

PAÍS: Estados Unidos

DIRECTOR: Paul Thomas Anderson

ESTRELLAS:  Vicky Krieps, Daniel Day-Lewis, Lesley Manville

 

Creo que uno de los momentos más importantes en mi vida como cinéfilo fue sin duda el primer visionado de Pozos de Ambición, una de las películas más reconocidas de Paul Thomas Anderson y probablemente la que terminó por lanzar la carrera de uno de los mejores directores de los últimos tiempos. Desde entonces dediqué un buen tiempo a seguir su trabajo con suma atención, desde la narrativa extraordinaria de Magnolia hasta las peripecias alucinógenas de un detective en Puro Vicio. Sin embargo fue en la primera mencionada y en El Maestro donde descubrí un director y guionista distinto, un hombre que plasmaba la realidad de la humanidad desde su faceta más nativa: La social.

En Pozos de Ambición seguíamos la vida de Daniel Plainview, allí Daniel Day Lewis se lucía para conseguir el tan merecido premio Oscar interpretando a un sádico y nihilista hombre de negocios, un corazón noble consumido por la avaricia y por las relaciones de poder entre aquel que tiene dinero y el resto de la sociedad. Nunca había visto una película tan abiertamente hostil como esta, desde el primer plano, Anderson aterroriza al espectador con un personaje detestable y un decálogo de psicología extraordinario.

En The Master las relaciones se traducían en un triángulo emocional impresionante donde la subyugación de la anti naturalidad de Freddie Quell (abro paréntesis para recalcar la necesaria simbología de los apellidos en las obras de Anderson: Plainview para un hombre que tenía planificada su propia vida y la de los demás, Quell para un hombre que busca calma espiritual) por medio de un sistema de creencias vertical como es la religión. Allí el díptico entre Joaquin Phoenix y Seymour Hoffman llevaban a un punto límite las relaciones entre mentor y discípulo.

No es de extrañar entonces que El Hilo fantasma sea entonces la culminación de una trilogía sociológica sobre las relaciones de poder y control.

Aquí Anderson plantea otro escenario en su mundo de juguetes fallidos, el director sitúa nuevamente a un Daniel Day Lewis en posición de dominio social como el caprichoso modista Reynolds Woodcock, un hombre obsesivo y compulsivo dado a caer en la peor adicción para su propio director: El amor, o una especie de amor hacia lo bello. Es ahí donde entra Alma, una impersonal mujer que ingresa sin querer en la boca del lobo, en el agujero negro social que representa Reynolds, el cual la convierte en su musa y obsesión sin saber que esta misma causará un terremoto en la vida llena de quietud y silencio.

 

 

Pero donde todos podrían divisar un drama romántico, Anderson sitúa a Alma en un thriller psicológico de altura, no es fácil hablar de ‘El Hilo fantasma’ sin desvelar parte del encanto del que hace gala, sin embargo no es difícil entender las relaciones desde la realidad que plasma Anderson. Desde el primer momento la cinta se desvela como una película de sutil violencia. Incluso en los detalles más mínimos, el director nos transporta a una realidad alterna donde la concepción de una sociedad conyugal se basa en la cantidad de conflictos que esta acumula. Es decir, Anderson y sus personajes exponen las relaciones como un “tire y afloje” constante, una guerra social desde el estadio más básico de las relaciones humanas. En todo momento Reynolds y Alma se ven contrapuestos como un todo. Anderson no concibe relaciones sin conflicto inherente.

Esto solo es posible lograrlo con el apoyo de un reparto ejemplar. Es imposible concebir el personaje de Reynolds sin D.D Lewis, desde el inicio este absorbe la pantalla con una actuación cimentada en las sutilezas. El papel de Lewis es de lejos el mejor del año, incluso cuando deje de lado el histrionismo de una interpretación más premiable, es en la piel de Reynolds que encuentro el actor camaleónico e impresionante que nos tiene acostumbrados. Lewis entrega el alma en un personaje complejo en matices y difuso en intenciones pero es en Vicky Krieps donde Anderson encuentra su musa. No quiero explayarme demasiado en el personaje de Alma por razones enteramente narrativas pero la interpretación de la británica se escapa de cualquier termómetro. Por momentos opaca completamente a su contraparte masculina y hacía el apoteósico final hace gala de una duplicidad fascinante y aterradora. Es verdaderamente criminal la omisión por parte de la academia.

En todos los demás aspectos El Hilo Fantasma es sin duda la película que debería arrasar la noche de Marzo, desde la impresionante fotografía que el mismo director se encarga de llevar al hombro hasta la inusitada violencia estilística de los vestidos que compone Reynolds. A estas alturas es difícil dudar del buen hacer con el que Anderson compone cada plano pues la cinta es una obra de arte de visionado necesario. También espero ver recompensa la banda sonora de Johnny Greenwood, el cual fue descalificado de manera bochornosa hace doce años por componer para Pozos de Ambición, esta vez sitúa con estilo e inherente peligro la relación toxica de los protagonistas desde el compás musical

Pero sin duda la mayor baza para ir a salas de cine es la implacable dirección de Paul Thomas Anderson. Es sin duda la mejor del año y la que termina por situarlo en un lugar del que pocos cineastas han vuelto. El Hilo Fantasma bebe de los dramas psicológicos que el mejor Hithcock recreaba en pantalla. Su composición fotográfica y la capacidad de narrar a través de la imagen acaban por abochornar al resto de los nominados del año. Una dirección escandalosa y endiablada que acaba por erizando la piel hacia el clímax de la película.

Un climax que dejará indispuesto a algún espectador. No me equivoco al decir que puede ser lo más “divisivo” de una cinta perfecta, sin embargo yo estoy de acuerdo en la poesía detrás de tal desenlace, un salto al vacío de manera argumental pero que se sustenta a la perfección en la visión violenta, toxica y romántica de las relaciones que vislumbra Anderson en su mundo de juguetes rotos que parece muy cercano.

Porque esta historia entre Alma y Reynolds respira realismo mágico por los cuatro costados, lejos de la violencia inédita de Pozos de Ambición o el dominio religioso de El Maestro, aquí visitamos un escenario más familiarizado con nuestras propias vidas pues ¿Quién no ha amado de manera camaleónica? ¿Quién no ha sido víctima y victimario en un amor?

Sobre El Autor

Diego Solorzano
Colaborador (Colombia)

Colaborador

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