El Escritor Oculto
Autor7
H. Santana (Dirección Distinta Mirada)7
7Nota Final
Puntuación de los lectores: (1 Voto)
7.0

TÍTULO ORIGINAL: The Ghost Writer

OTROS TÍTULOS: Ghost Writer, El escritor, El escritor fantasma

Para su bien, Polanski siempre ha estado asociado al mal.  Lo ha estado porque en todas sus películas el mal es siempre una presencia sutil pero a la vez determinante. Lo ha estado porque su propia vida, tergiversada por el amarillismo de las noticias faranduleras,  siempre ha estado  emparejada con comportamientos que ofenden los cánones morales de su entorno.

En el Escritor Oculto Polanski alcanza muchos aciertos pero la película no es, toda ella, el acierto que uno espera. El ritmo de la trama envuelve sin estremecer y la historia atrae pero no  cautiva. Un escritor (Ewan McGregor) es contratado para reemplazar a un colega a quien la muerte sorprendió misteriosamente cuando escribía la biografía contratada de un ex primer ministro británico (Pierce Brosnan). Tan pronto inicia su tarea el sofisticado amanuense, se va viendo envuelto en una red de turbulencias y misterios. Como la cebolla, la realidad va despojándose de sus capas tras una verdad esquiva que al aparecer pone en evidencia el triunfo soterrado de una maldad tan discreta como efectiva.

El Escritor Oculto tiene una tensión narrativa que le impide  caer en la zona grisácea de la mediocridad.  Tiene también unas actuaciones destacadas, no memorables, que hacen que se la vea con interés y tiene, especialmente tiene, una soberbia ambientación. La casa en la que el escritor se recluye es una desconcertante mezcla de lujo, distinción, soledad, arte y encierro. Tras sus enormes  ventanales hay un viento y un mar de nadie que parece capaz de devorarse la verdad más honda y tras ellos, dentro de la casa, se recoge una vida postiza donde la verdad hallada es siempre el anuncio de una posible mentira.

Con la impresión que nos deja la última película de Polanski vuelve el inacabable debate sobre  el qué esperar de una película. Personalmente creo que  sobrecargarse de expectativas es un mal pasaporte para el viaje que siempre se emprende al sentarnos a ver una película. Utilizar el rasero de la excelencia como criterio de apreciación cinematográfica puede parecer señal de sofisticación y conocimiento pero también puede implicar el inevitable deslucimiento de casi todo cuanto pueda verse. En el cine, como en tantas otras cosas de la vida,  el distanciamiento de la excelencia puede verse de dos formas: una primera, despreciativa,  que considera que tal distancia demerita al objeto que se aparta de la excelencia y otra que ve en ese distanciamiento una condición  condigna de valoración y estima. Lo que se distancia puede estar aproximándose y ese intento de aproximación es, a su manera,  una discreta forma de excelencia. No pretendo decir que lo malo o lo mediocre sean buenos por la potencialidad  que lo uno y lo otro tuvieron en algún momento de ser lo bueno. A lo que quiero apelar y lo que a la vez quiero rescatar y valorar es el esfuerzo creativo que pudo no haber alcanzado la cumbre pero que en su intento logró un trabajo que debe ser degustado por el trayecto recorrido y no lamentado por el trayecto que no logró recorrer.

Es por lo que acabo de decir que me incomodan esas pretenciosas notas críticas que  no son  más que un precario ejercicio de auto alabanza; notas en las que su autor valora más lo que no se alcanzó que lo alcanzado;  quien  así valora una película  lo que quiere dejar en claro es que él si sabe qué es lo perfecto y como alcanzarlo y por saberlo puede erigirse en el juez ácido de lo imperfecto. Lo lamentable de una actitud tan común como esta es que se convierte en un espiral absorbente donde el gran sacrificado es el placer, elemental y primario, que nos depara el cine. Cuando ver el cine se convierte en un malabarismo intelectual del que se pretenden réditos de respeto y reconocimiento, es al cine mismo al que estamos despojando de su más íntima y valiosa esencia: la indefinible  capacidad de un estremecimiento.

Yo creo que el Escritor Oculto es, sin más, la película que es y por sus méritos narrativos, actorales y de ambientación alcanza, en los estantes cinematográficos, un lugar privilegiado. Lo que pudo faltarle no la hace incompleta. Lo que pudo faltarle de alguna forma la completa en esa suerte de inevitable imperfección que siempre habrá de rodear la creación humana sugiriéndole, vaya uno a saber a qué distancia, la proximidad deseable de la indeseable perfección.

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