El cuarto azul
Adrián López 8
Humberto Santana6
LO MEJOR
  • Excelente uso del montaje para efectos de tensión
  • No hay momentos muertos, la película aprovecha sus 76 minutos de manera intensa
LO MALO
  • Aunque lo piense una y otra vez, no le encuentro algo negativo a esta gran película
7Buena

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TÍTULO ORIGINAL: La chambre bleue

OTROS TÍTULOS: La habitación azul / The Blue Room

AÑO: 2014

DURACIÓN: 76 min

GÉNERO: Misterio, Drama, Romance

PAÍS: Francia 

DIRECTOR: Mathieu Amalric

ESTRELLAS: Mathieu Amalric, Léa Drucker, Laurent Poitrenaux 

 

Son los gemidos de placer de Esther (Stéphanie Cléau) los que se cuelan por la puerta de la habitación azul, son estos los que, acompañados de una melodía dramática y soñadora, atestiguan el florecimiento de un relación intensa, adúltera, y dan inicio a este metraje que desde un principio presupone la coexistencia de un antes y un ahora. En un juego temporal, la narración salta del pasado al presente sin mayor explicación, viene y va, haciendo un paralelo emocional en donde se da rienda suelta a la pasión por un lado, y por el otro, a la fría y parca realidad de los tribunales. Es así cómo lentamente se da respuesta a un por qué y a un quién; es así cómo se trata de revelar un misterio que vive latente en el corazón de ambos protagonistas.

De esta manera, se hace posible un recorrido fiel por la causa y el efecto. Es Julien (Mathieu Amalric) quien en un primer momento se sumerge en el placer; las tardes de sol son el escenario perfecto para satisfacer todos sus deseos junto a Esther, una mujer también casada que cobra una obsesión profunda por él, y que presenta una psicología dudosa, fragmentada, e incluso a veces delirante. Este ambiente de seducción, de afinidades discordantes, de encuentros fortuitos, se verá opacado por la desesperación. El estado emocional del protagonista se fractura para dar paso a un estupor de zozobra permanente. Numerosas veces es citado Julien para que comparezca ante el juez, quien por medio del interrogatorio, se inmiscuye en su cabeza para sacar a la luz la información necesaria para la resolución del caso.

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Pero es solo hasta la mitad de la película que es posible entender el punto sensible de la narración, pues en este vaivén de encuentros amorosos y citas con la justicia, las pistas son mínimas, son difusas, y requieren de una lectura cuidadosa para seguir el hilo. La estructura cambiante y no lineal de la historia corresponde a la mente de Julien, quien relata la historia desde un inicio, casi sin obviar detalle. Todo el trabajo minucioso propio de la investigación se concentra en él; se excava en lo más íntimo de sus recuerdos, para desenmarañar el nudo insoportable en el que se halla este personaje.

Julien, un poco pasivo, abrumado, inexpresivo, contrasta con las figura de Esther, quien no importa en qué circunstancias se encuentre, es orgullosa del amor que existe entre ambos, o mejor del que ella siente por él. Una sonrisa cómplice es la marca recurrente de sus encuentros después de que el caso ha sido abierto, un sonrisa que definitivamente no es correspondida por Julien. Incluso la mujer sostiene actitudes que parecen rayar con la locura, con una obsesión enfermiza, de esas que llegan a ser dañinas.

Después de un tiempo sin verse, los protagonistas se encuentran nuevamente en el juzgado. Ellos son los principales sospechosos de la muerte de Delphine (Léa Drucker), la esposa de Julien, y es aquí donde las dos líneas narrativas se encuentran para dar respuesta a este misterio, y aunque el caso es sentenciado; como en un final abierto, es difícil señalar a un verdadero culpable.

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Sobre El Autor

Adrián López B.
Colaborador (Colombia)

Colaborador desde Bogotá, Colombia

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