El color púrpura
Cesar Padilla Herrera8.5
LO MEJOR
  • Winfrey, Goldberg y Glover que lograron capturar el sentido de la historia en su personajes. Todos magistrales.
  • La lentitud de la historia, que permite conocer el drama de cada uno de los personajes.
  • La música de Quincy Jones
LO MALO
  • La historia de Nettie, la sentí artificialmente antagónica a la de su hermana
  • En algún punto una edición demasiado lineal.
  • Que Whoopi Goldberg solo hubiese ganado un Golden Globe.
8.5Notable

El_color_p_rpura-924981442-largeTÍTULO ORIGINAL: The Color Purple

AÑO: 1985

DURACIÓN: 147 min

GÉNERO:  Drama

PAÍS: Estados Unidos

DIRECTOR: Steven Spielberg

ESTRELLAS: Danny Glover, Whoopi Goldberg, Oprah Winfrey ,Margaret Avery

Narrar una historia mostrando el punto de vista del participante de un drama histórico, es una de las virtudes de algunas películas de Spielberg. En El color púrpura, nos muestra a una inolvidable Celie en el drama de la histórico de la esclavitud; ella sabe cómo interpelarnos con su inocencia y posteriormente su desencanto. Además, vemos el acontecer de Nettie, Shug, Sofia, Albert y Harpo, en una línea temporal en que la desesperanza es la única constante. Ahora, esta constante viene atemperada por el carácter disímil de todos ellos que a su vez explica, en buena parte,  las secuelas de la esclavitud y la raza.

Bien, imaginemos un escenario social en que los personajes principales sean los herederos de la esclavitud. Allí será difícil exigirles que sus acciones sean diferentes a la violencia, la discriminación, la humillación o los vicios. Lo será, porque la esclavitud como fenómeno de transformación de la subjetividad impactó no solo en las formas -por ejemplo las leyes de Jim Crow- sino también en la vida cotidiana de las personas que la vivieron y dejó en ellas un sistema de creencias que ha sido siempre el más difícil de transformar. La mujer libre, antes esclava, seguía funcionando como tal, el hombre libre, antes esclavo, era el amo: violento, amoral y de comportamientos execrables.

Celie tiene la creencia durante toda la película, salvo al final, de que su realidad no puede ser diferente. Al inicio, de hecho era taimada, servil y tímida; pero esto no era -nunca lo ha sido- una elección, era su única posibilidad.

Los demás la veían con la sonrisa escondida por su mano, sus hombros hacia adentro, y la llamaban “fea”. Ella no podía hacer otra cosa distinta, solo resignarse, y así lo hizo cuando la separaron de sus hijos, que también eran sus hermanos, pues su padre la violaba. Así lo hizo cuando le arrebataron a Nettie. Como los esclavos, todo lo que podía hacer, incluso no siendo formalmente una esclava, era resignarse. Agregando que la comunidad de nuevos hombres y mujeres libres, era realmente un asentamiento de negros, olvidados, y entregados a los vicios quizá producidos por una libertad de papel.

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En esa comunidad de condenados de la tierra [1]  Shug y Nettie fueron indispensables para ayudarla a romper con la tradición traumática, esto al punto de oponerse (al segundo protagonista de la violencia de su vida) Albert. El esposo, hijo de un hombre violento, su padre a su vez fue criado por otro más violento que seguramente abrió el ciclo o más bien el bucle (interminable) de la violencia inconsciente. Así, muestra la película a un Albert y una Celie que no son el malo y la buena,  son sujetos producidos por las condiciones materiales en que nacieron.

Por otra parte, probablemente esta película influyó otros dramas dentro de esa misma línea como Amistad (1997) o Doce Años de Esclavitud (2012). En todas hay rupturas violentas y reencuentros, extravíos, desahucios y capturas, los personajes viven de forma similar el dolor  y se mueven entre lo injusto y lo impensable.

Ahora, la historia de Nettie (la hermana de Celie) la sentí extraña, parece la representación de un mito. La pequeña niña negra, heredera de la abolida esclavitud, retorna cuál nativo extraviado, al lugar de sus ancentros: África. Allá, de donde de alguna manera salió,  ahora regresa y por eso vive “libre” y feliz. Me parece que esta es una idea problemática, pues sugiere una posibilidad de reencuentro y sanación inmediata, tan solo con “el regreso” al lugar de donde fueron arbitrariamente capturados sus ascendientes, (esto, sin debatir claro el tema que antes mencioné sobre las creencias o la mimesis). Lógicamente, esta no es necesariamente la visión del director si no de la Alice Walker, la escritora de la novela homónima, ganadora del Pulitzer y sobre la que se basó la película.

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A pesar de lo anterior, esta es una de esas películas que hay que ver para evidenciar una verdad hace mucho tiempo dicha y repetida. Nadie es genuinamente libre, sin oportunidades, o sea sin opciones para desarrollar sus capacidades. De nada sirvió la abolición de la esclavitud, si Sofía -interpretada magistralmente por Oprah Winfrey – no podía oponerse a ser “la ayudante” de la atroz esposa blanca de un político. A Sofía -de lejos mi preferida- la acabaron a golpes y así transformaron el personaje más sólido, avezado y admirable en esa comunidad de condenados.

Recomiendo este film, para pensar al ritmo lento de la historia, la vida de cada personaje y como se relaciona su condición de herederos de la esclavitud con su posición marginal en el presente de la película. A pesar de todo desde allí también fue posible la belleza -eso sí muy relacionada con el dolor y el drama- como la que se siente en la música de Quincy Jones, en el gospel, en Harpo y Albert aprendiendo la lección y en la conclusión, que aunque es muy convencional, era apenas lógica con la narración constantemente llena de desolación, crueldad y rutina.

Referencias

[1] Tomando prestado el título del libro de Franz Fanon.

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