El Cliente
Diego Montejo8
Humberto Santana8
LO MEJOR
  • Shahab Hosseini con una interpretación que pasará a la posteridad. Sublime.
  • La dirección naturista y sencilla de Asghard Farhadi
  • Un guión sólido y bien desarrollado
LO MALO
  • Cierta repetición en el tramo final de la pelicula, podria contenerse más.
8Muy buena

TÍTULO ORIGINAL: Forushande

OTROS TÍTULOS: El viajante / The Salesman

AÑO: 2016

DURACIÓN: 125 min

GÉNERO: Drama

PAÍS: Irán

DIRECTOR: Asghar Farhadi

ESTRELLAS: Shahab Hosseini, Taraneh Alidoosti

 

“My hands are of your colour; but I shame

to wear a heart so white.”

(Macbeth, II, 2)

 

La venganza es un sentimiento salvaje que desvivió en el cine a miles de directores, una emoción intensa y desgarradora que es capaz de evocar tragedias griegas atemporales ante nuestros ojos, una sensación abrasiva que consume al emisor de la venganza en un vendaval histérico de elucubraciones y desastres. La venganza es un móvil poderoso que a día de hoy se presenta en todas las escalas de la vida y como tal ha sido transportado al cine, usualmente con consecuencias nefastas para el implicado en la venganza. Incluso Shakespeare veia la venganza como un ente opresor de la individualidad del protagonista que acaba descarrilando los designios de un aciago destino.

La venganza también ha sido idealizada como un móvil romántico y predestinado al fracaso, usualmente transportada al escenario con drama intenso y una vanagloriada epicidad exagerada. No obstante el director iraní Asghard Farhadi reniega de estos tropos y conoce la facilidad con la que la venganza transgrede todos los tópicos y barreras de la vida diaria del ser humano. Este entendimiento de la humanidad y su naturaleza intrínseca ya le valió un premio Oscar con la obra maestra ‘Una separación’ donde la venganza se teñía con un tinte social cimentado bajo una férrea base costumbrista en la sociedad iraní. En su nuevo trabajo Farhadi retrocede y plasma la venganza como un acto destructivo, se quita las dimensiones de su anterior largometraje en pos de una historia más simple pero no por eso menos contundente en su mensaje final.

Como Shakespeare, Farhadi emula a la humanidad en la obra de teatro que llevan a cabo los dos principales protagonistas: Amed y Rana, una pareja que huye de su apartamento en pleno colapso estructural hacía el de un amigo común. Como la construcción inicial, sus vidas acaban de entrar casi por azar en una vorágine de destrucción que se verá agravada con cada decisión que tome uno de los dos. De fondo Farhadi imbuye con inteligencia la situación con un juego de poderes machista icónico de una sociedad que no ha entendido (¿Como todas?) el valor de la humanidad en el cuerpo de la mujer. El Cliente escenifica la deshumanización de una mujer en todas sus facetas: de víctima de un ataque pasa a victimar a otros,  no solo mediante actos de  violencia sino tambien a partir de la venganza avivada en ella por la violencia que ha padecido.

Como Shakespeare, Farhadi convierte con inteligencia un personaje gentil como Amed en un móvil de la venganza, un croquis de ser humano que se desvanece por la necesidad de venganza derivado del desagravio causado a Rana, un intenso sentimiento que arrasa todo por su camino y consume la humanidad que le rodea. Amed es inconsciente de las consecuencias de sus actos y continúa con una obsesiva búsqueda de respuestas y como tal, destruye  su propia humanidad hasta la idealización de una emoción de la venganza que un pletórico, fantástico y sensible Shahab Hosseini traslada al personaje con facilidad terrorífica. Es quizás una de las interpretaciones del año y merece toda la atención del público. Hosseini no solo es capaz de capturar las frustraciones de un hombre dolido por lo sucedido sino por alguien con inequívocos deseos de venganza, una emoción tan cruda e inconsciente que es fácil caer en histrionismo; el iraní sabe preparar los momentos y como en la obra de su papel, es capaz de saltar de un registro a otro con la naturalidad que el cine de Farhadi requiere. Un magistral ejercicio de actuación que no debe pasar inadvertido.

Salesman

Pero donde el huracán de Amed arrasa, Rana coexiste como el centro de la tragedia, un objeto más que una persona que pierde progresivamente su humanidad como ente pasivo de la violencia. Donde Amed es furia contenida, Rana es desazón porque el mundo a su alrededor no responde a su accionar. Incluso desde el comienzo de la película se denota la frustración ante la inacción que ella destila con un actuar diametralmente distinto al de su marido. Taraneh Alidoosti pasará un poco más desapercibida que su contraparte masculina pero su papel es crucial para dar otra cara a la venganza: la cara de la consciencia y empatia, artes todavía más difíciles de interpretar ante la desbocada fuerza de la naturaleza que comprende la venganza de su marido pero que es un eje donde pivota Farhadi, un hombre convencido de que el hombre es íntegramente bueno a pesar de actuar de forma errada y que se aprovecha de Rana para plantear su base moral desde la humanidad aún tras perderla por una mentalidad común en nuestros tiempos.

Con sus personajes, Farhadi completa un palíndromo sobre la humanidad en situaciones que, generadas por un destino funesto y completamente indiscriminado, olvida su función como sociedad en búsqueda de una inenarrable venganza y como esta erosiona completamente los demás ideales del ser humano. Farhadi escribe personajes que no son inherentemente malvados pero que caen en la perversidad por la búsqueda de agravios. Todo lo anterior sin abandonar nunca el aspecto terrenal de la obra, el iraní pasa gran parte de la película sin exagerar el vendaval de emociones que deriva de un crimen sin resolver y las contrasta con la ironía de la obra de teatro en la que sus personajes funcionan, aunque de manera irregular, como catalizadores que contaminan el libreto final. Tanto Amed como Rana ven que, aún fungiendo como seres ficticios, les es imposible huir del dolor de ser humano. Farhadi casi parece deformar a Shakespeare de un modo inverso a sus obras y aunque resulta algo alargado y sin objeto claro, plasma en pantalla un poderoso subtexto.

El Cliente es una obra excepcional que a pesar de sus fallos (y notorios en la parte central de la película) plantea un mensaje poderoso y humanista sin caer en la exageración o el drama fácil. Farhadi rueda con naturalismo inherente y sus actores responden a la perfección un libreto complicado pero sólido y vivo en la diatriba que expone al espectador. En El Cliente todo funciona como un reloj y aunque hay valores que objetar, se presenta como una sólida obra del director iraní, quizá no tan afinado y algo repetitivo tras su maravillosa anterior obra pero tan sensible y humano como era de esperar.

Sobre El Autor

Diego Solorzano
Colaborador (Colombia)

Colaborador

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